Machismo, padre del feminicidio

Las parejas tienen que reinventar sus relaciones y dejar de lado sus patrones y modelos de conducta, porque el feminicidio acecha a la vuelta de la esquina. La superación de las tendencias feminicidas es un trabajo arduo, de varias generaciones, porque se trata de un cambio de mentalidad. El hogar es nuestra principal fuente de aprendizaje, pero hay otros entes socializadores como la escuela, las leyes, la opinión pública y la comunidad en general, y los medios de comunicación entre otros.

| 25 agosto 2009 12:08 AM | Informe Especial | 3.5k Lecturas
Machismo, padre del feminicidio
(1) Gina Yáñez de la Borda, presidenta de “Manuela Ramos”. (2) La feminista mexicana Marcela Lagarde.
El feminicidio tiene sus raíces en el machismo, conducta de poder fuertemente arraigada en nuestras familias e institucionalizada en el país.

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DETALLE

El feminicidio es el crimen directamente ejercido contra la vida de las mujeres por su condición de mujer. No son crímenes aislados sino producto de una estructura de desigualdad, opresión y control hacia un determinado género. Puede entenderse como la forma más extrema e irreparable de violencia sexista. Se desarrolla en un clima que tolera la discriminación y comportamientos que violentan los derechos de las mujeres.

En el Perú estos crímenes se desarrollan dentro de un entorno de las relaciones de pareja. Esto confirma que la violencia familiar sigue siendo uno de los problemas medulares de nuestra sociedad.
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¿Qué hay que hacer?
Existen en el país las comisarías de la mujer o las fiscalías, que son las encargadas de canalizar las denuncias. El Ministerio de la Mujer también tiene centros especializados. Estos tienen que responder de manera oportuna a los requerimientos de las usuarias. “Flora Tristán” y “Manuela Ramos”, dan asesoría especializada en este sentido.

“Muchas de las víctimas, en un principio, han acudido para quejarse, pero no les han hecho caso porque, aparentemente no era una denuncia de peso; los familiares y amigos cuentan que después han regresado, pero para denunciar el homicidio, cuando ya era demasiado tarde”, advierte Gina Yáñez de la Borda, presidenta de “Manuela Ramos”.

“Las propias mujeres, incluso, no tienen conciencia, porque ellas mismas se acusan de haber provocado un incidente feminicida. Llegan a decir: ‘Voy a cambiar para que ya no me agreda’; nos culpamos, craso error”, remarca Yáñez de la Borda.

“Una no debe responder por la violencia del otro; yo respondo por la mía. Para que la mujer cambie, no sólo ella debe cambiar; es necesario que el gobierno trabaje políticas; es más: todos debemos estar involucrados en este cambio crucial”, dijo.

Se pronunció también por “una buena respuesta estatal y de todas las personas que estamos involucradas, una eficiente respuesta policial, un buen apoyo del Ministerio de la Mujer; también es muy importante el concurso de los medios de comunicación, que entiendan el significado del feminicidio, con cierto sentido educativo, y que no lo tomen como un mero incidente policial”.

Una mujer debe estar muy atenta al comportamiento de su pareja. No debe permitir que la agreda. El hombre también debe cambiar de mentalidad, porque no hay agresor feliz cien por ciento.

Todo empieza con una cachetada o un puñete. Después vienen las patadas y la masacre. Hay que remarcar que las agresiones son también psicológicas, no necesariamente físicas. La mayoría de las veces la psicológicas dejan huellas más profundas.

La mujer debe hablar de que es víctima de maltratos, debe visibilizar esta situación y denunciar en los lugares destinados para ello. Hay mucho trabajo por hacer, en este sentido.

Discriminación y misoginia
“En el Código Penal no hay una tipificación del homicidio de mujeres, sino simplemente se considera al asesinato de forma neutral”, remarca la socióloga Liz Ivett Meléndez López, del Programa de Derechos Humanos de “Flora Tristán”.

“Tenemos una estadística bastante alarmante. Entre 2004 y 2008 hay, más o menos, 547 de mujeres víctimas del feminicidio. Es decir: 9 mujeres, aproximadamente, estarían siendo asesinadas cada mes, no por la delincuencia común, sino por un entorno de discriminación y misoginia (odio hacia las mujeres)”, dice Liz Meléndez.

“El machismo es una expresión del patriarcado. En ‘Flora Tristán’ venimos recogiendo los casos de feminicidio. En lo que va del año, hasta julio de 2009, el Ministerio de la Mujer junto con el Ministerio Público han informado sobre la ocurrencia de aproximadamente de 67 casos de feminicidio”, precisó la socióloga. El Ministerio informó esta semana que el promedio de mujeres víctimas de ese crimen es de diez por mes.

“Actualmente hay una mayor preocupación por sacar a la luz pública los casos de feminicidio, porque es un problema público y político también. Los feminicidios se desarrollan en un clima específico de discriminación, que no obedecen a ningún tipo de violencia paralela, sino que es específico a la violencia contra las mujeres, en el marco de una situación de desigualdad entre los géneros, de desigualdad de poder entre los hombres y las mujeres”, afirma la socióloga.

Intención de controlar
Detrás de todo feminicidio hay una intención de controlar, de dominar, de opacar la autonomía de las mujeres. La acción criminal se desencadena junto a un desajuste en la estructura de poder. No estamos hablando de psicopatías o enfermedades mentales.

En el Perú estos crímenes se desarrollan dentro de un entorno de las relaciones de pareja. Esto confirma que la violencia familiar sigue siendo uno de los problemas medulares de nuestra sociedad.

“Entre 2004 y 2008, 362 mujeres fueron víctimas de lo que el Ministerio Público llama tentativa de homicidio. Se trata de mujeres que fueron víctimas de un intento homicida, pero que por razones X no murieron y quedaron con daños físicos o psicológicos”, informa Liz Ivett.

“El 56% de las mujeres asesinadas está entre los 16 y 35 años de edad. El feminicidio ocurre en todos los estratos sociales sin distinción, en las condiciones de desigualdad y subordinación de la mujer, pesan más que el factor económico. La precariedad es un factor de riesgo, pero no es una causa”, sentencia.

No denuncian
La mayoría de lo casos de la violencia contra la mujer no se denuncian. Lamentablemente, el aparato institucional en materia de protección a la mujer no está lo suficientemente fuerte, porque hay una falta de comprensión de la complejidad del problema.

Si no denuncian al agresor, no es porque no quieran, si no porque la mujer entra el círculo vicioso de echarse la culpa, de asumir la responsabilidad de la violencia contra ella. Esto parte de la educación que recibe la mujer en su casa y que la escuela refuerza, como divulgan los medios de comunicación.

La mujer es sometida al círculo de poder del hombre y se le impide que fortalezca sus facultades y capacidades. Hay que realizar un trabajo enorme para desarraigar esta situación de nuestra cultura. Se sabe que muchas mujeres, antes de ser asesinadas acudieron a pedir ayuda, pero no les hicieron caso. En el 82% de casos, se sabe que las mujeres fueron asesinadas en sus entornos sociales y afectivos, es decir: en sus casas, por sus esposos, convivientes, enamorados, novios, los amigos o un “ex”.

El 12% fueron asesinadas por sus familiares: padres, padrastros, hermanos... El 5% por compañeros de trabajo… Y el 12% fueron asesinadas por personas desconocidas por la víctima, de un total de 614 muertes de mujeres víctimas del feminicidio. O sea, mayormente las matan personas que las conocen.

Cuando el hogar es terreno hostil
El hogar es un espacio de inseguridad de las propias víctimas, lo cual es alarmante. El 99% de las mujeres fueron asesinadas en sus propias casas. El 2% por ciento en la casa de un familiar, el 6% por ciento en su lugar de trabajo, el 9% en la casa del agresor.

El enemigo real de la mujer es la cultura patriarcal que está muy interiorizada por hombres y por mujeres.

Previamente al asesinato hay un ensañamiento. Por ejemplo, el 21% fueron baleadas, pero el resto de mujeres (80%) fueron asesinadas con armas blancas, como cuchillos, hachas…; también fueron asesinadas con piedras o bien envenenadas, estranguladas, quemadas, desbarrancadas, decapitadas, etc. Son situaciones que evidentemente hablan de crímenes de odio.

Por ello es importante que el feminicidio se visibilice como crímen específico, que se tipifique en el Código Penal y que el Estado haga su trabajo de proteger efectivamente a las mujeres, porque así lo dicta la Constitución, que dice que la persona es el bien jurídico más preciado de la nación.

En nuestro Código Penal tenemos especificados los temas del homicidio y del asesinato, pero no tenemos la figura del feminicidio. Es muy importante considerar a esta figura, por los casos concretos que ocurren en el país. Necesitamos, pues, una ley específica.

Ojo: el problema de las mujeres se circunscribe al ámbito de la familia, cuando el feminicidio va mucho más allá, porque la mujer tiene derechos autónomos, ya que es sujeto de derecho.

Móviles de los crímenes
Los agresores dicen que cometieron feminicidio en una crisis de celos (34%), ante la negación de parte de la mujer de reiniciar o continuar una relación amorosa (10%), ante la negativa de la mujer de tener relaciones sexuales (2%) y la mujer utilizada como objeto de venganza (14%).

El pretexto de la venganza es una causal que se ha ido incrementando. Hay un 12% por ciento que se da por reclamos económicos y otro 20% en un marco de discusiones y desacuerdos de variada índole, como el desacuerdo por la interrupción voluntaria del embarazo.

“Saludamos los esfuerzos que se hacen para reconocer y tipificar este problema. La ley 22360 es un dispositivo contra la violencia familiar del año 1993 y que ha sido mejorada en los últimos años”, dice Liz Yvett.

“Pero para que esta ley sea aplicada tiene que haber la figura de la convivencia y esto tiene que probarse -puntualiza-. Además, el Estado ha firmado la ‘Convención para Eliminar Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer’ y la ‘Convención para Erradicar la Violencia Contra las Mujeres’. Son instrumentos internacionales para proteger a las mujeres”.

En Costa Rica y Guatemala, ya se tipifica este delito: el feminicidio. Ese es un avance tremendo. “Lo que queremos nosotras, como movimiento feminista, es que se visibilice el feminicidio y se tipifique”, dice Liz Ivett.

Orígenes del vocablo
El feminicidio parte del bagaje teórico feminista y el concepto comenzó a cobrar forma hace más de veinte años. Lo utilizaron originalmente las autoras Diana Russell y Jill Radford en su obra Femicide. The politics of woman killing, como Mary Anne Warren en 1985 en su libro Gendercide: The Implications of Sex Selection.

Ambos conceptos fueron castellanizados por la feminista mexicana Marcela Lagarde, como “feminicidio”, neologismo que fue adoptado, tras un largo debate, frente al término “genericidio”, por ser más específico y referirse a los casos de la ciudad de Juárez que conmovieron al mundo.

“En el Perú el tema lo venimos trabajando desde el año 2004. Es un término que se ha recuperado y que intenta evitar la neutralidad de lo que se entiende como homicidio o asesinato”, dice la socióloga Liz Ivett Meléndez López, del Programa de Derechos Humanos de “Flora Tristán”.

El “Plan Nacional Contra la Violencia Hacia la Mujer” (2229-2015) tiene como objetivos estratégicos, garantizar el manejo de la información para el conocimiento de la violencia de género.

Este es un paso importante. Se menciona con nombre propio el problema del feminicidio. Es una primera preocupación del Estado que “Flora Tristán” y otras instituciones saludan, pero falta mucho por hacer, como es la tipificación de este tipo de crímenes.

Félix Grijalba Sato
Redacción

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