LSD, arma secreta de la Guerra Fría

El periodista estadounidense Hank Albarelli, que investigó los experimentos de control mental realizados por la CIA durante la Guerra Fría, ha descubierto una serie de documentos sobre un hecho inexplicado que se produjo en Francia. Según este periodista-investigador, en 1951 la CIA ensayó en Francia el uso de un arma secreta: la propagación de LSD por aerosol. Afirma que el experimento se desarrolló en una localidad del departamento de Gard, a espaldas de sus habitantes y de las autoridades. Pero el asunto se complicó y el experimento provocó siete muertes. Aquí ofrece un resumen de sus investigaciones.

Por Diario La Primera | 04 abr 2010 |    
LSD, arma secreta de la Guerra Fría
El doctor Albert Hofmann, primer científico que había logrado sintetizar el LSD.

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Entre las personas afectadas, los delirios iban en aumento: los afectados se retorcían frenéticamente en sus camas, gritando que flores rojas les brotaban del cuerpo.

El canal de televisión estatal (francés) France 3 transmitió el 13 de febrero de 2010 (el documental investigativo) “Le Pain du diable” (En español, El Pan del diablo), telefilm de Bertrand Arthuys que reconstruye el caso de (de experimentación química) en el pueblo de Pont-Saint-Esprit, en Francia. Este telefilm describe la locura que se apoderó de esa pequeña localidad francesa, las sospechas que recayeron sobre el panadero del pueblo y la voluntad de ciertas autoridades de esconder algo. Pero termina con una interrogante. Casi sesenta años después, todavía se ignora el origen de lo sucedido.

Dos misterios que parecen no tener nada en común despiertan desde hace décadas el interés de los más serios investigadores. Se trata del extraño y aparente “suicidio” del doctor Frank Olson, ocurrido en Nueva York en 1953, y de la misteriosa ola de delirios alucinatorios ocurrida en 1951 en un pequeño pueblo francés.

Como vienen explicándolo desde hace 35 años numerosos recuentos difundidos a través de boletines informativos de televisión y sitios de Internet, existen sospechas de que la muerte de Olson fue resultado de una operación criminal instigada por el gobierno (estadounidense), aunque no ha sido posible definir hasta hoy ningún asesino ni móvil plausible. La crisis de locura que se apoderó de la localidad de Pont-Saint-Esprit, en el sur de Francia, ha desconcertado a los científicos durante décadas y muchos de ellos descartan de un manotazo las fuertes sospechas que apuntan hacia una especie de ataque con LSD, simplemente porque los medios y móviles de ese tipo de crimen escapaban entonces a la atención del público.

En 1995 comencé a investigar seriamente la muerte del doctor Frank Olson, un bacteriólogo estadounidense que trabajaba en el ultrasecreto centro de guerra biológica del US Army en Fort Detrick, estado de Maryland. En aquel entonces estaba muy lejos de imaginar que mi descubrimiento sobre la existencia de un crimen detrás de la muerte de Olson coincidiría hasta tal punto con los horribles acontecimientos que se produjo en Pont-Saint-Esprit en agosto de 1951.

Ola de locura
Mi libro de 900 páginas Un terrible error: el asesinato de Frank Olson y los experimentos secretos de la CIA durante la Guerra Fría, recoge detalladamente la coincidencia entre ambos hechos. Recientes informes que hablan de un “importante escándalo diplomático y político en ciernes y potencialmente perjudicial para las relaciones franco-estadounidenses”, al referirse a la explicación y la documentación de mi libro sobre la intoxicación colectiva de Pont-Saint-Esprit, me han impulsado a redactar este artículo.

La extraña ola de locura ocurrida en Pont-Saint-Esprit afectó a más de 500 personas, provocando directamente la muerte de al menos 5 de ellas y 2 suicidios. Durante los más de 50 años transcurridos desde entonces, el incidente fue atribuido sucesivamente a un envenenamiento debido al cornezuelo (Claviceps purpurea, hongo parásito del centeno. Nota del Traductor), o sea por ingestión de un pan infectado por ese hongo alucinógeno, o a un envenenamiento con mercurio. Una gran mayoría de los científicos creíbles que han estudiado el asunto estimaban hasta hace poco que la causa seguía siendo desconocida.

Un diario francés de aquella época describe aquel extraño drama: “No es un drama de Shakespeare ni un cuento de Edgar Allan Poe. Se trata, por desgracia, de la triste realidad de todo Pont-Saint-Esprit y sus alrededores, donde se desarrollan actualmente aterradoras escenas de delirios alucinatorios. Escenas que parecen surgidas directamente de la Edad Media, saturadas de horror y de sufrimiento, preñadas de sombras siniestras.”

Un breve artículo de “Time Magazine”, y más tarde un importante diario estadounidense que mantiene estrechos vínculos con la CIA, hacían la siguiente descripción: “Entre las personas afectadas, los delirios iban en aumento: los afectados se retorcían frenéticamente en sus camas, gritando que flores rojas les brotaban del cuerpo.” Otros comentaristas enviados al lugar describían escenas de personas que se arrojaban por las ventanas, hombres y mujeres que se arrancaban las ropas y corrían desnudos por las calles, niños que decían tener el estómago lleno de serpientes.

Poco después del incidente, en setiembre de 1951, científicos que escribían en el muy respetado “British Medical Journal” declararon que la “ola de envenenamientos” era resultado de una intoxicación provocada por el cornezuelo del centeno. Pero aquella explicación se basaba únicamente en las conclusiones de los especialistas en bioquímica enviados al lugar por los laboratorios Sandoz, situados cerca de allí, en Basilea (Suiza). Entre los miembros de aquel contingente se encontraba el doctor Albert Hofmann, primer científico que había logrado sintetizar el LSD, el 16 de noviembre de 1938.

Sandoz-CIA
En el momento de la visita del grupo de Sandoz a la localidad de Pont-Saint-Esprit, no más de 8 ó 10 científicos del mundo conocían la existencia del LSD. Además, otro hecho más importante aun, es que absolutamente nadie en la Francia de 1951, fuera de algunos responsables de Sandoz, sabían que esa firma estaba realizando actividades secretas con la CIA.

Sandoz no sólo proporcionaba a la CIA importantes cantidades de LSD sino que también le daba consejos sobre sus posibles usos, con fines defensivos u ofensivos, específicamente con vistas a la realización de experimentos en Estados Unidos y Europa. Resumiendo la larga explicación que desarrollo en mi libro: la intoxicación de Pont-Saint-Esprit era resultado de un experimento realizado de forma conjunta por el US Army “El Ejército de Estados Unidos) y la CIA en el marco del Proyecto MK/ULTRA. El experimento realizado en Francia se hallaba bajo la supervisión de la División de Operaciones Especiales de Fort Detrick, que dirigía por entonces el doctor Frank Olson.

La intriga general que rodea el misterio de Pont-Saint-Esprit me pareció especialmente clara y coherente. Después de una investigación más profunda, todo el escenario resultó ser todavía más interesante en sus más sutiles detalles y su naturaleza manifiesta.

Incluso hoy en día un sitio del Departamento de Justicia en Internet destinado a prevenir sobre los peligros del LSD afirma que a principios de los años 1950, “la Sandoz Chemical Company llegó incluso a promover el LSD como arma química secreta potencial ante el gobierno estadounidense. Su principal argumento era que una pequeña cantidad de esa droga vertida en el sistema de aprovisionamiento de agua o pulverizada en el aire puede desorientar y poner en estado sicótico a toda una división militar, volviéndola inofensiva e incapaz de combatir.”

De hecho, al profundizar en el asunto, descubrí un día una serie de documentos secretos del FBI que demuestran que, un año antes del experimento de Pont-Saint-Esprit, la División de Operaciones Especiales de Fort Detrick había realizado un experimento similar en la red subterránea del Metro de Nueva York.

Varios ex bioquímicos de Fort Detrick me informaron confidencialmente que los experimentos en Nueva York “estaban pospuestos hasta que terminara el experimento que debía hacerse en Francia”. Un ex científico de la División de Operaciones Especiales agregó: “Los resultados globales del experimento en el sur de Francia fueron positivos, pero también comprobamos un efecto indeseable, o que convendría llamar ahora una reacción del ‘cisne negro’. No habíamos previsto en lo absoluto que morirían varias personas. El experimento no debía llevar a eso, así que fue reenviado a la oficina de estudio.”

En el Metro
Los mismos científicos confirmaron que, después del experimento de Pont-Saint-Esprit, la División de Operaciones Especiales de Fort Detrick volvió a Nueva York en 1956 para realizar los experimentos designados como operaciones Big City y Mad Hatter. Se trataba de proyectos secretos que implicaban la pulverización de productos químicos, en forma de aerosol, a través del tubo de escape de un automóvil conducido alrededor de Nueva York, por la CIA y científicos del Ejército de Estados Unidos. Anteriormente, en 1952 y 1953, varios experimentos más limitados ya habían sido realizados en vagones del Metro de Nueva York por George Hunter White, un agente del Buró Federal de Narcóticos que trabajaba en secreto como agente de la CIA. Al menos en dos ocasiones White hizo estallar artefactos de aerosol especialmente concebidos para ello y llenos de LSD.

En 1973, la CIA destruyó los informes escritos de White vinculados a aquellos experimentos. Retrocediendo en el tiempo descubrí la verdadera causa de la intoxicación registrada en el sur de Francia. Una nota de un informante confidencial de la CIA que me fue entregada en 1999 constituyó la primera prueba sólida que tuve en mis manos. Aquel informe, fechado en diciembre de 1953, relataba un encuentro entre un informante no identificado y un responsable de Sandoz Chemical Company en Nueva York. El informante escribía que, “después de varias copas”, el responsable de Sandoz dejó escapar que “El ‘secreto’ de Pont-Saint-Esprit era que el pan no era para nada la causa”, antes de proseguir diciendo que “Durante varias semanas los franceses confiaron a nuestros laboratorios (la realización de) análisis de pan. No era cornezuelo del centeno sino un compuesto del tipo dietilamida”.

“Experimento”
El responsable (de Sandoz) quería decir con eso que una droga sintética era la causa de la ola de locura registrada en Pont-Saint-Esprit. Según su propia deducción, el informante de la CIA preguntó entonces: “Si la sustancia no estaba en el pan, ¿cómo llegó entonces al organismo de la gente?”.

A lo que el hombre de Sandoz contestó: “Un experimento.”

Ya preocupado, el informante inquirió: “¿Un experimento?”.

Y el responsable de Sandoz responde entonces con una evasiva:

“Quizás, el gobierno francés”, sabiendo que el informante estadounidense conocía probablemente la identidad de los verdaderos autores del experimento. Fue, en definitiva, una gran escena de comedia política y subterfugio que terminó con las siguientes palabras del responsable de Sandoz: “Una razón secundaria que explica mi presencia aquí en Estados Unidos es que tengo que deshacerme de nuestro LSD. Si estalla la guerra, nuestro LSD desaparecerá.”

El indicio que descubrí después en la cadena de pruebas era un documento de la Casa Blanca, sin fecha, que parece haber sido parte de un expediente más amplio que fue entregado a los miembros de la Comisión Rockefeller, conformada en 1975 por el presidente Gerald Ford para investigar sobre las prácticas abusivas de la CIA. Este documento contenía los nombres de dos franceses secretamente pagados por la CIA y se refería de forma directa al “incidente de Pont-Saint-Esprit”, vinculando además a un ex experto de la CIA en guerra biológica y al jefe de la División de Operaciones Especiales en Fort Detrick. Este último documento, junto al anterior, representaba para mí la prueba irrefutable.

En 2005, un reportero del diario “Baltimore Sun”, Scott Shane, quien trabaja actualmente en el “New York Times”, escribía: “El (US) Army no tiene ningún documento sobre MK/NAOMI ni sobre la División de Operaciones Especiales (de Fort Detrick).” Cuando Scott, y posteriormente yo mismo, pedimos los expedientes sobre ambos, el Ejército respondió que “no lograba encontrar ninguno”.

En 1973 la CIA destruyó todos sus archivos sobre MK/NAOMI y su trabajo con la División de Operaciones Especiales de Fort Detrick. Una de las razones mencionadas para justificar su destrucción, según explicó la CIA, era que “la gente no entendería o malinterpretaría las razones que llevaron a la agencia a emprender muchos de sus proyectos”.


Hank P. Albarelli Jr.
Colaborador


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