Los niños trabajadores no son mendigos

Casi el 10% de la población peruana reportada por el último censo son menores que necesitan trabajar, representando el 1% del PBI. La solución no es “erradicarlos” como plagas.

| 12 junio 2008 12:06 AM | Informe Especial | 8.1k Lecturas
Los niños trabajadores no son mendigos
(1) Más que batidas policiales, lo que se necesita son alternativas para que los menores tengan una vida digna. (2) Lo ideal es que se dediquen a estudiar. Pero hay que ser realistas con la pobreza que el gobierno no puede vencer. (3) Existe mendicidad, pero tambien un gran sector laboral generado por la crisis.

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Así como hoy, 12 de junio, se celebra el Día Mundial Contra  el Trabajo Infantil, distintas organizaciones en el Perú y en el extranjero celebran cada 9 de diciembre el Día del Niño Trabajador. Dicha fecha busca poner en evidencia una realidad que el gobierno pretende no atender, y solo quiere eliminar sin plantear soluciones concretas.
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Uno de los principales problemas en el Perú es la alta tasa de desempleo. En muchos casos los hijos ayudan a la canasta familiar. Sin embargo cuando estos hijos son menores parece que se habla de un pecado, cuando es una realidad, lamentable pero tan real como la pobreza. De acuerdo a las instituciones que defienden los derechos de los “niños y adolescentes trabajadores” (Nats) lo que se debe hacer es regular y defender los derechos de los pequeños que se ven en la obligación de laborar. En el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, hoy, LA PRIMERA abordó el tema, porque el asunto no es ser utópico pidiendo “erradicar” a estos niños con batidas policiales, cuando no les dan alternativas a las familias pobres. El problema va más allá…

En el Perú existen más de 2.5 millones de Nats, quienes anualmente aportan el 1% del Producto Bruto Interno (PBI). Si el gobierno continúa con su simple política abolicionista del trabajo infantil estaría perjudicando directamente a cerca de 2 millones de familias cuyos ingresos dependen de lo que los hijos menores aporten. Para los representantes del Movimiento de Niños y Adolescentes Hijos de Obreros Cristianos (MANTHOC) la solución va por el camino de la regulación y crear condiciones en que el niño se pueda dedicar a estudiar, pero si es necesario que trabaje, pues que lo haga en condiciones dignas.

Fabiola Segura, joven de 15 años de edad y delegada nacional del movimiento explicó que ellos se han reunido en reiteradas ocasiones con los funcionarios del ministerio de la Mujer y Desarrollo Social para plantearles soluciones distintas al problema social que se produce. “No pueden ir recogiendo a los chicos que encuentren en la calle y llevarlos a un albergue y obligar luego a sus padres a que se comprometan a no hacerlos trabajar. No todos los niños que trabajan o están en la calle son mendigos. Muchas veces son los propios niños quienes deciden buscar trabajo. Están tratando de resolver la consecuencia de un problema que el gobierno debe solucionar: la pobreza”.

Lilian Zamora, coordinadora del Plan Laboral del Manthoc, aclaró que al hablar de ‘trabajo infantil’ se comete un error pues no existe tal figura, sino que debemos referirnos a niños que trabajan. “Las funciones que realizan no son hechas solo para niños, para llamarlo trabajo infantil, pues cumplen con labores que realiza cualquier adulto (comercio, producción, servicios, etc), entonces tenemos que hablar de quienes realizan la actividad (niños trabajadores). Este es un error de la ministra de Trabajo cuando habla del tema. Manejan el tema de manera abstracta”.

Diferentes ópticas
De acuerdo a las definiciones que hace la Organización Internacional del Trabajo (OIT) la prostitución infantil (explotación sexual infantil) está catalogada como una forma de trabajo. Si bien le ponen la etiqueta de “peor forma de trabajo”, dicha actividad a la que son obligados los menores a ejercer –muchas veces bajo amenaza de muerte a ellos o a sus familias, o secuestros– no debe ser considerada como un oficio. “Nosotros rechazamos toda explotación sexual a menores, o a cualquier persona. No pueden catalogar como trabajo a una acción que debe ser llamada esclavitud. Buscamos un mundo donde el trabajo que realizan los niños los dignifique, y la prostitución no es opción”, expresó Loly Estela, coordinadora nacional del MANTHOC.

Pese a ser un ejemplo que puede incluso ser considerado como extremista o radical, las definiciones que hace la OIT parecerían estar diseñadas para países donde no existe la pobreza o donde el estado puede proteger a todos los menores. Y es que de acuerdo al organismo internacional, los gobiernos de cada país están obligados a regular y proteger las actividades que realizan los menores, solo desde los 16 años. Es decir que los niños de cinco o diez años que a diario vemos en los micros y calles vendiendo golosinas no están amparados bajo ninguna legislación.

Ser o no ser
Cuando el gobierno se dispuso a firmar el TLC con Estados Unidos, una de las cláusulas para llevar el convenio fue la erradicación total de los Nats, o de toda forma de trabajo que sea realizado por niños y adolescentes. Es por ello que el gobierno adoptó una postura abolicionista en torno a los niños trabajadores. “Hablan de erradicar el ‘trabajo infantil’, pero lo que se erradican son las plagas, las pestes. Que los niños trabajen no es algo malo. Es producto de la pobreza. Desde la forma en que conciben esa política están llevándola mal. Quieren criminalizar a los niños que trabajan”, acotó Zamora.

Trabajo infantil aleja a menores de escuelas
Para organizaciones como las Naciones Unidas, el “trabajo infantil” es tratado como una actividad que pone en peligro la vida e integridad de los menores. Si bien esta situación se da en formas laborales como son la explotación minera, la militarización de los menores o la explotación sexual, la mayoría de niños y adolescentes que se ven en la necesidad de trabajar continúan sus estudios, e incluso en muchos casos tienen que trabajar para poder solventar los gastos que demanda su propia educación.

Sin embargo es el mismo gobierno quien dificulta que los Nats puedan trabajar y a la vez estudiar. Y es que los horarios de una escuela normal difícilmente podrán ser seguidos por alguien que trabaja.

Panorama adverso
En la mayoría de países donde se presentan casos de niños que deben trabajar, las características son similares: la población que labora es principalmente rural (en el Perú el 70% de menores que trabajan están en el campo), sufren de jornadas de trabajo superiores a las que la ley permite en un adulto, el sueldo que perciben es muy por debajo de la paga regular, entre otras más.

El panorama que describe la OIT y la ONU es sumamente adverso: se estima que la pérdida de uno o dos años de la educación básica significarán un reducción del 20% en el salario que se recibirá como adulto de manera permanente.

Omar Olivares
Redacción


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