Los indígenas que García niega

Para demostrar la presencia de comunidades indígenas de la selva que viven en total aislamiento, lo que contradice las palabras del presidente García quien aseguró que no existen, el Instituto del Bien Común (IBC) presenta en el pasaje Santa Rosa del centro limeño, hasta el 17 de abril, la exposición “Expulsados del Paraíso. Indígenas en aislamiento en la frontera Brasil-Perú”.

| 10 abril 2011 12:04 AM | Informe Especial | 2.6k Lecturas
Los indígenas que García niega
(1) Asombro causa la existencia de los otros peruanos, de los que han decidido vivir en total aislamiento. Las fotos se exhiben a un costado de la Municipalidad de Lima. (2) Richard Cheese Smith. dedicado 40 años al estudio de los pueblos amazónicos.
Una exposición fotográfica demuestra en estos días en Lima, en forma contundente, la existencia de los no contactados, puesta en duda por el presidente Alan García.
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A la mayoría de los limeños que transitan por esta céntrica arteria les resulta una sorpresa comprobar que los peruanos no solo somos los citadinos o los andinos sino que hay otros, muy diferentes e ignorados, pero que también pertenecen a este país de “todas las sangres”.

Aparte de las fotos colocadas en grandes paneles y que fueron tomadas desde el aire en las proximidades de la frontera Perú-Brasil, los asistentes pueden informarse sobre la situación de estas comunidades y de los que decidieron salir de su aislamiento. En ambos casos, lamentablemente, siguen en proceso de extinción por el avance incontenible de actividades extractivas en los territorios que habitan desde hace milenios.

“Nuestra intención es que la gente tome conciencia que existe otra clase de peruanos que por voluntad propia han optado por vivir en total aislamiento, lo que tenemos que respetar. Sería bueno que el presidente García camine un poquito, mire las fotos y lea los testimonios”, expresa Richard Cheese Smith director del IBC.

Hay que protegerlos
El especialista, quien es antropólogo, etnohistoriador y lingüista, y que llegó al Perú hace mas de 40 años dedicándose al estudio de los pueblos selváticos, considera de suma importancia que se conozca su problemática, principalmente su extrema vulnerabilidad y la urgente necesidad de protegerlos de las actividades de agricultores, madereros, mineros, petroleros y narcotraficantes.

Según grupos de trabajo del IBC y de otras instituciones, en territorio peruano hay 15 Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario (Piav) que viven en grupos que cada uno tiene entre 20 y 30 integrantes y que hacen un aproximado de cinco mil a 10 mil personas, los que se encuentran en las regiones de Cusco, Madre de Dios, Apurímac, Ucayali, Huánuco y Loreto.

El IBC tiene 145 testimonios grabados de avistamientos de no contactados, testimonios de gente que los ha visto de lejos cazando en el monte o bien huellas que dejan a su paso. Los indígenas de la selva los llaman Camanos, palabra que significa calatos.

En el lado brasileño hay cerca de 100 de estos grupos los que sí cuentan con el apoyo estatal, aunque según Cheese Smith se hace cada vez más urgente la acción concertada de los gobiernos de Brasil y Perú, con la participación del Gobierno del Estado de Acre, a través de políticas que aseguren la sobrevivencia de los pueblos aislados y la integridad de sus territorios, favoreciendo el uso sostenible y la conservación de la inmensa biodiversidad de esa región fronteriza.

Ley negativa
Precisamente para proteger a estos peruanos, en mayo del 2006 se dio la ley 28736 que garantiza a los indígenas en aislamiento los derechos a la vida, a la libre determinación, a la identidad, al territorio y a los recursos naturales, pero contradictoriamente se precisa que en caso de resultar de necesidad pública para el Estado, se privilegia la explotación de recursos naturales por encima de los derechos de los pueblos en aislamiento. “Es lo que ocurre actualmente, de esa forma se les acorrala y extingue” explica María Rosa Montes del IBC.

Explica la comunicadora que existe una superposición de lotes de petróleo, gas y minería sobre reservas territoriales y territorios titulados y reinvindicados de comunidades nativas, los que fueron entregados sin una consulta previa a sus organizaciones, obligatoria según lo establecido por el Convenio 169 del Organización Internacional de Trabajo y la Declaración de las Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas.

Cheese Smith recuerda el caso, en 1912, de Ishi, el último indígena norteamericano no contactado. “Al morir su familia y no quedar otros de su comunidad no le quedó más que entregarse a un ranchero quien lo llevó a la Universidad de California donde lo protegieron y estudiaron. Y es que todos estos pueblos tienen su propia cultura, historia, ritos. Por ejemplo de los Cacataibos en la Amazonia se han encontrado árboles marcados con diferentes motivos, utensilios de madera, fibras vegetales y otros”.

Actualmente hay cinco reservas establecidas para los no contactados que se encuentran bajo el cuidado del Instituto Nacional de Desarrollo de Pueblos Andinos, amazónicos y afroperuano (Indepa) que, según el estudioso, no asume su responsabilidad con seriedad.

“Hay además solicitudes para el establecimiento de cinco reservas más, tres pedidas por la Asociación Interétnica de desarrollo de la selva peruana (Aidesep) en Loreto y dos solicitadas por la Federación Nativa de Comunidades Kakataibo en Huánuco y Ucayali. Hace años que esperan respuesta pero hasta ahora nada, al cabo de una década continúan pendientes de aprobación, como las Reservas Kakataibo”.

“Los indígenas en aislamiento son un grupo humano muy vulnerable a enfermedades comunes como la gripe y por ello el contacto con foráneos puede causar epidemias mortales que acaben rápidamente con su población, aparte que con las experiencias de la época del caucho, cuando los esclavizaron, lo que diezmó a miles de indígenas, prefieren vivir aislados”.

Su felicidad acabó
Para los indigenas antes de la llegada del “hombre blanco”, un gran número de pueblos pertenecientes a distintos grupos linguísticos, como Pano, Arawak y Arawá, habitaban las cabeceras de los ríos Acre, Iaco, Chandless, Purús, Envira y Jurúa. Las aldeas y las viviendas comunales eran construidas en tierra firme, en las cabeceras de arroyos, lejos del curso de los ríos mayores. La agricultura en tierra era combinada con la caza y la recolección de productos del bosque, actividades realizadas en grandes extensiones territoriales.

La fertilidad de las tierras permitía a los pueblos aislados realizar una agricultura diversificada, principalmente de yuca, plátano, maíz y camote. Además de papaya, achiote, algodón y otras especies domesticadas y mejoradas por el cultivo selectivo. Las legumbres, la pesca y los recursos del bosque proporcionaban a estos pueblos condiciones óptimas para mantener una densidad poblacional relativamente alta. Durante los meses más secos, descendían hasta las márgenes de los grandes ríos para recolectar huevos de taricaya y cazar caimanes, pero todo eso terminó para ellos y empezó su extinción.

Entre los no contactados se ha identificado entre otros al pueblo itinerante de Mashco, que habitan una extensa área del territorio fronterizo peruano, en el Parque Nacional Alto Purús y en la Reserva Territorial Mashco-Piro.

“Su territorio tradicional ha sido reducido a causa de la expansión de la extracción ilegal de madera, Esto ha provocado migraciones cada vez más frecuentes hacia territorios de indígenas del Estado brasileño de Acre. Pertenecen a la familia lingüística Arawak, que habita las cabeceras de los ríos Madre de Dios, Las Piedras, Tahuamanu, Iaco, Chandless, Purús, Envira y Yurúa en el territorio peruano. Son un grupo de cazadores y recolectores que no permanecen mucho tiempo en su solo lugar. En la época de verano, cuando los ríos están secos, descienden en búsqueda de caza, llegando hasta territorio brasileño. Evitan el contacto y huyen a la primera señal de la presencia de los blancos u otros indios. Cuando son amenazados, reaccionan violentamente”.

Los Yaminahua es otro de los pueblos que llegó a tener una población de millares que fueron reducidos a menos de 300 personas. Un grupo trabajó muchos años para caucheros peruanos hasta que, cansados de ser explotados, se mudaron al río Laco, en territorio brasileño, para trabajar con los patrones del siringal Petrópolis. Un reducido número no se entregó, y vive hasta el día de hoy aislado entre las cabeceras de los río Purús y Jurúa, ocupando parte de su antiguo territorio, entre Perú y Brasil.

Su vida en el bosque
“Para sobrevivir en el bosque los no contactados usan tecnologías limpias perfectamente adaptadas a la realidad del bosque tropical húmedo. Utilizan fuego frotando rápidamente una varilla de madera dura contra una más suave,una vez que consiguen encenderlo y que no se apague porque el proceso de prender fuego toma tiempo y es trabajoso, tambien con instrumentos cortantes como hachas de piedra o pedazos de madera dura provenientes de dientes de animales como ronsoco, paca, coatí, huangana, sajino y pacarana, con los que quiebran arbustos y talan la vegetación, fabrican arcos y flechas, tejidos, cerámica, y cocinan alimentos”, explica Cheese Smith..

Ademas producen arte a través de la confección de collares, tiaras, tocados y pintura corporal. En algunos grupos, las mujeres hilan y tejen el algodón, confeccionando redes, cintos y tiaras. En otros, hacen faldas, redes y cuerdas usando la fibra vegetal chambira.

“Para construir viviendas y casas comunales, llamadas malocas, cortan la madera con fuego. Usan hachas de piedra para quitar la corteza de los árboles y permitir que la madera se seque. Obtienen paja de los pajares y utilizan lianas para amarrar las vigas y accesorios. El techo de las vivendas es de paja, y ésta llega hasta el piso. En las construcciones destinadas al servicio, como la cocina, la paja no llega hasta el piso. Las malocas son siempre construidas en terrenos altos y arenosos, evitando la formación de barro en tiempo de lluvias.”

Las mujeres cuidan a los niños y hacen funcionar la maloca: realizan tareas domésticas como cocinar, hilar, hacer cerámica, tejer abanicos, bolsos y cestos. También consiguen leña y la cargan. La conservación de la vivienda, limpieza de claros y el transporte de alimentos son también su responsabilidad.


Denis Merino
Redacción

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