La verdad de los perseguidos

Desde el distrito de Imaza, provincia de Bagua (Amazonas), algunos de los dirigentes indígenas que participaron en la toma de la Estación 6 de Petroperú, declaran por primera vez, y dicen su versión sobre lo que ocurrió realmente el 5 de junio, cuando nueve efectivos de la Dinoes fueron ejecutados cruelmente.

| 08 setiembre 2009 12:09 AM | Informe Especial | 1.8k Lecturas
La verdad de los perseguidos
(1) Dirigentes indígenas Pedro y Alberto Tiwi hablan de los sucesos del 5 de junio. Dicen que no hubo ninguna orden para atacar a los policías. (2) La matanza fue producto del descontrol de los nativos. (3) Tras despedirnos de Pedro Tiwi, recorremos la calle principal de Chipe, llamada 28 de Julio. El hecho de que los awajún tengan presente aún su nacionalidad peruana, pese al abandono histórico que sufre, es verdaderamente notable. Sin embargo, un poblador de Chipe nos revela algo perturbador: el pueblo proyecta cambiar de nombre a la calle y bautizarla como “5 de junio”.

Más datos

Pedro Tiwi no se recupera aún de la golpiza que le propinaron sus compañeros nativos por haber intentado impedir el ataque a los policías, el 5 de junio pasado.
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Lograr ubicar y entrevistar a algunos de los dirigentes awajún y wampis que encabezaron la toma de la Estación 6 del Oleoducto Nor Peruano no es una tarea fácil en estos días, porque la mayoría de ellas se encuentra en la clandestinidad. Muchas de ellas tienen órdenes de captura acusados de ser responsables del secuestro y la matanza de 13 efectivos policiales de la Dirección Nacional de Operaciones Especiales (Dinoes) de la Policía Nacional, el 5 de junio pasado. No están dispuestos, por tanto, a dejarse notar demasiado, y –mucho menos- a declarar a los medios de comunicación.

Las cosas han cambiado notoriamente desde los sucesos del 5 de junio. El tránsito de vehículos entre la ciudad de Bagua e Imacita ya no está sujeto a puestos de control indígenas y piquetes de nativos armados con lanzas, como en casi dos meses previos a esa fecha, sino que la carretera está despejada como nunca la vimos antes. Lo extraño es que uno llega a sentir un vacío inexplicable, como si a esa carretera sombría le faltase algo esencial. Pareciera que la trocha extraña a aquellos centinelas indígenas que ya no están. Sin embargo, el puesto de control de la comunidad de Wawas, puerta de entrada al territorio awajún, continúa vigente, a pesar de que las rondas campesinas son las encargadas, ahora, de resguardarlo, en reemplazo de los nativos. Tras una inspección fugaz de los vehículos con una linterna, los ronderos nos dejan pasar.

Los nativos saben bien que hay agentes encubiertos de la Policía que están rondando en los caseríos de los distritos de Imaza (Bagua), Santiago, Nieva y El Cenepa (Condorcanqui), con el objetivo de capturar y encarcelar a los dirigentes acusados por el gobierno. Por lo tanto, no nos sorprende que, al llegar al centro poblado de Imacita, distrito de Imaza, y preguntar por los nombres de algunos de estos dirigentes, la respuesta usual sea una retahíla de pistas falsas, acompañadas de miradas de desconfianza. Parece que la consigna tácita es desinformar a todo foráneo que haga averiguaciones sobre el paradero de los dirigentes nativos.

Imacita no parece haber cambiado demasiado desde que llegamos en mayo de este año. Pero la aparición de dos bares-discotecas con jovencitas que acompañan a parroquianos ebrios, indica que la “ley seca awajún” ha quedado atrás. Las patrullas indígenas que se encargaban de “peluquear” (rapar cabezas) u “ortiguear” (azotar con la ortiga) a todo aquel que osaba beber alcohol pese a la prohibición, no han vuelto a transitar en las calles sin asfalto de Imacita.

Nuestra paciencia es recompensada y, finalmente, somos sorprendidos con la aparición de Alberto Tiwi, el presidente del Consejo Indígena Amazónico del Perú (CIAP) del distrito de Imaza, acompañado de otro dirigente, Alberto Luis Kunchikui Akuis. Lo primero que hacen es increparnos por nuestro atrevimiento de llegar a Imacita sin haber coordinado con ellos previamente. Nuestras excusas parecen no ser convincentes, pero acceden a dialogar con nosotros luego de realizar unas llamadas para confirmar nuestras identidades.

“Si el Ejército los mata o dispara, nos pueden echar la culpa a nosotros. Deben avisarnos antes para saber que vendrán. Las cosas están feas por aquí”; nos advierte Kunchikui.

No ordenaron matanza
Tiwi es un dirigente que participó en la toma de la Estación 6, que duró cerca de dos meses, pero asegura que sufrió un accidente que lo obligó a dejar el lugar, por lo que no pudo estar presente en el momento de la matanza. Sin embargo, descarta que la dirigencia indígena haya emitido alguna orden de ejecución, pues mantenía un diálogo permanente con la policía.

“Quiero ser bien claro y preciso. Ningún dirigente estaba dispuesto a ordenar que se haga algo de ese tipo. Estábamos tranquilos en ese lugar y tratábamos de manejar las cosas conforme a los acuerdos que teníamos. Cuando se supo que hubo muertos en la Curva del Diablo, las cosas no fueron fáciles de controlar, eran más de 3,500 hermanos. Entonces, tratamos de calmar a la gente para que no suceda nada. Trabajamos duro conversando con el Ejército, con el comandante de la base. Cuando estábamos dialogando con ellos, más o menos, no puedo dar la hora exacta, entre las 2 y las 3 y media de la tarde, sucedieron los hechos. Ningún dirigente estaba presente”, revela.

Según Tiwi, el diálogo terminó sólo cuando los nativos se enteraron de las muertes de la Curva del Diablo, y decidieron invadir las instalaciones del sector de dormitorios de los operarios de Petroperú, donde los policías se encontraban rodeados.

Por otro lado, el dirigente manifiesta su desazón por el estado de alerta que debe mantener durante todos los días para evitar ser detenido. “Para los que están denunciados y con orden de captura, es difícil salir a la ciudad de Bagua. Sabemos que el servicio de inteligencia policial se encuentra en las localidades de Chiriaco, Nieva, Mesones Muro e Imacita. Esta es nuestra tierra, aquí nosotros hemos vivido y nacido. Por eso, aunque tenemos un poco de temor, estamos acá, tratando de reunirnos con nuestros hermanos para conversar sobre qué haremos”, explica.

Tiwi desmiente las versiones de algunos pobladores de Imacita que aseguraron a LA PRIMERA que los awajún habían decidido desalojar a los “hispanos” o mestizos (personas no indígenas) que viven en sus territorios ancestrales. “Se escuchó por ahí que algunos hispanos no estaban a favor de nosotros y miraron más a los apristas. Entonces, allí hubo pronunciamientos, pero poco a poco hemos ido controlando las cosas. Al final, hubo una reunión en Chiriaco, y allí decidimos que no debíamos pelearnos con los buenos hispanos que contribuyen y apoyan al movimiento indígena. No necesitaremos decir a los traidores que se vayan, deben irse por su propia conciencia”, aclara.

Finalmente, sobre Alexander Teets, presidente del la Aidesep apócrifa, afirma que siempre ha sido una persona ambiciosa y acostumbrada a provocar conflictos internos para obtener beneficios. Es más, relata un episodio en el que Teets propagó intrigas contra un ex presidente del consejo aguaruna-huambisa con la intención de cesarlo del cargo.

“Él quería echar la culpa a los wampis. Decía que ellos despreciaban al pueblo awajún. Eso llevó a que los dirigentes queden disgustados con los wampis. Desde ahí yo nunca he tenido confianza en él. Ambos fuimos dirigentes en el consejo aguaruna-huambisa en el 2003. A mí, personalmente, me presionó para que fuera elegido como secretario de Orpian (Organización de Pueblos Indígenas de la Amazonía Nororiental). De allí pasó a ser el presidente. Siempre fue ambicioso.”, dice.

Intentó impedir la matanza
Encontrar al ex presidente del Comité de Lucha de los Pueblos Jíbaros, Pedro Tiwi, quien lideró la toma de la Estación 6, fue una tarea más complicada aún. Ante todo, debimos navegar durante más de dos horas en un peque-peque (lancha a motor) desde Imacita para llegar al centro poblado de Chipe. Tiwi es alcalde de este caserío y labora como profesor de la escuela primaria.

Tiwi no se recupera aún de la golpiza que le propinaron sus propios compañeros nativos por haber intentado impedir el ataque a los policías, aquel fatídico 5 de junio. “No solo me atacaron a mí sino a varios hermanos. Esa reacción no se pudo controlar. Inclusive, cuando dije que estábamos avanzando en el diálogo, empezaron a reclamarme. Me dijeron si quieres tú quédate solito, nosotros queremos esto. Tanto tiempo hemos permanecido aquí, ahora por las muertes quién nos va a pagar. Por culpa de ustedes, hemos permanecido aquí, sacrificándonos. Después de eso, me pegaron. Eran hermanos de la altura, que no conocen la ciudad, del Alto Santiago y Alto Nieva. Por eso, no puedo identificar quiénes eran”, asegura.

Sin haber podido impedir la matanza de los efectivos Tiwi fue trasladado después del ataque al centro de salud de Imacita, donde lo atendieron de las heridas sufridas en el ataque. Hasta ahora está postrado en cama, sin poder caminar. La orden de captura dictada en su contra le impide internarse en algún hospital, pues teme ser detenido. Por lo tanto, Tiwi debe conformarse con pastillas, ampolletas y plantas medicinales de su comunidad para intentar mitigar el dolor, sin poder buscar el tratamiento médico que necesita.

“Luego de ser herido, me desplazaron al centro de salud de Imacita y permanecí hasta las 2 de la tarde. Después, me enteré que ya estaban en la planta principal, en la zona industrial. Entonces, desde luego, decidí quedarme en Imacita para que me atiendan. No puedo dar razón de cómo quedó todo”, refiere.


Leonardo Caballero
Textos

Jhonny Flores
Fotos

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