La tragedia continúa

Forsur nunca funcionó y fue totalmente inoperante en la tarea de reconstrucción. Población continúa esperando.

Nunca como ahora parece cobrar vigencia la frase “parece que fue ayer”. Aunque sin la desgarradora imagen de la inmensa hilera de muertos, todo el sur chico, y sobre todo ciudades como Pisco, lucen como si el tiempo se hubiera detenido, con el dolor marcado aún en el rostro de los sobrevivientes. Hoy se cumple un año del terremoto de 7.9 grados que marcó la historia del Perú. Y esta triste conmemoración es más dolorosa cuando es obvia la inacción del gobierno. Los sufridos damnificados no dudan en enrostrar a los gobernantes el fracaso de Forsur y la desorganización que los mantiene postrados en medio de una campaña publicitaria de cifras que nadie cree.

Por Diario La Primera | 15 ago 2008 |    
La tragedia continúa
Parece que fue ayer

Rememorando lo sufrido. El terrible sismo ocurrió el 15 de agosto del 2007 a las 6:41 p.m. a 60 kilómetros al oeste de Pisco. El epicentro fue localizado en el mar, a una profundidad de 47 kilómetros. Tuvo una intensidad en la escala modificada de Mercalli de nivel VI en Lima y Pisco. Todo el país lo sintió, pero su poder destructivo fue mayor en el sur de Lima. Se sintió con fuerza además en Huánuco, Junín, Huancavelica, San Martín, Ayacucho, Áncash y Moquegua.

Casi a la hora de ocurrido el terremoto, el presidente Alan García apareció en las pantallas de televisión, lamentando la tragedia pero desinformado. A pesar que el Estado cuenta con sistemas paralelos de comunicación, ya que las líneas telefónicas colapsaron, habló apresuradamente de que no era una catástrofe y de pocas pérdidas humanas. Pocos minutos después la realidad lo desmintió al descubrirse la magnitud del desastre. El sur chico había sido devastado.

Ica, Chincha y Pisco fueron los más golpeados, pero hubo muertos además en las poblaciones aledañas. La iglesia de Pisco estaba repleta de gente que escuchaba misa. Más de 100 creyentes fallecieron allí al desplomarse el templo de San Clemente.

La destrucción de un sector de la Panamericana Sur hizo que la ayuda demorara aún más. A pesar de ello, fueron los vehículos de los canales de TV y la prensa, así como de algunas instituciones sociales, los que se anticiparon a la llegada de Defensa Civil. Las imágenes permanecen grabadas en la memoria de todos los peruanos: restos de pobladores bajo los escombros y largas filas de cadáveres. Hasta hoy hay decenas de desaparecidos bajo los escombros en lugares donde la ayuda jamás llegó y en gigantescos montículos que fueron retirados sin ser revisados.

En Tambo de Mora, la cárcel cayó y los presos tuvieron que escapar para salvar sus vidas. Un total de 680 reos fugaron, aunque luego la mayoría fueron recapturados, y otros volvieron por su cuenta, ya que preferían cumplir su condena. Desde que se produjo la tragedia, la ayuda llegó procedente de todo el mundo, pero la desorganización y el caos hicieron que ésta no se distribuyera con eficiencia. Entre esa ayuda destacan las 200 “petrocasas” donadas por el gobierno venezolano a las familias chinchanas damnificadas. Con ese aporte, se construyó en sólo tres meses la urbanización Simón Bolívar.

Es cierto que la zona más afectada fue el sur chico del país, sin embargo, el movimiento de la tierra se sintió en todo el litoral. Ese trágico día, la Dirección de Hidrografía y Navegación de la Marina de Guerra del Perú dispuso la evacuación de la población que reside en La Punta ante el peligro de que ocurra un tsunami en el Callao. Debido al terremoto, muchos distritos sufrieron apagones. Calles invadidas por desesperados transeúntes, vidrios rotos y familias que se negaban a dormir fue el panorama que se vivió. El miedo se apoderó de la ciudadanía. La tierra siguió temblando, sintiéndose decenas de réplicas.

Colapso telefónico aumentó el pánico 
Durante horas el pánico se apoderó del país tras el movimiento telúrico. En especial de quienes se encontraban alejados de sus seres queridos, pues la telefonía pública y los celulares colapsaron totalmente, incomunicando a la población luego del terremoto.

Las millonarias campañas de publicidad de las compañías de telefonía móvil de nada sirvieron el día de la tragedia. En algunas ciudades el servicio recién fue restablecido dos días después, mientras los familiares

de los damnificados acudían desesperados a los canales de televisión para enviar mensajes a sus seres queridos.


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