La explosión de la amargura

*Una adolescente de 16 años yace en un hospital tras recibir un impacto de bala que comprometió su útero y colon, en una trifulca entre hinchas de Universitario y Alianza Lima, en Ate Vitarte.

| 11 noviembre 2009 12:11 AM | Informe Especial | 2.8k Lecturas
La explosión de la amargura
Barras bravas:

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“Si los llamamos salvajes, resentidos o locos estamos exorcizándolos y no entendiéndolos. Para hacerlo, debemos de abstraer nuestros propios prejuicios y verlos como sujetos sociales, no como seres desadaptados sino como personas que tratan de adaptarse a la sociedad de otra manera”, precisa el antropólogo Erik Pozo

DATOS

En el Perú el 68% de los adolescentes que cometen una infracción leve contra la ley penal, son privados de su libertad por un tiempo no mayor de tres años, según datos oficiales. Esto pese a que el Código de Niños y Adolescentes recomienda utilizar la internación como último recurso, por el menor tiempo posible, y contempla una serie de alternativas como la remisión y el trabajo en beneficio de la comunidad. Según el economista de Desco (Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo), Raúl Mauro, la carrera delictiva de un joven iniciada a los 14 años y que culmina a los 28. como promedio, genera un costo que se acerca al medio millón de dólares. Esto representa, tomando en cuenta el total de adolescentes y jóvenes que se encuentran encarcelados, un costo aproximado de 2.5% del Producto Bruto Interno nacional.

DETALLE

El último estudio de Violencia Juvenil de Lima y Callao de la Policía Nacional, ha identificado a 410 pandillas integradas por 12,128 jóvenes.

Aproximadamente mil menores se unieron a pandillas en el último año, es decir han incursionado niños de 8 a 12 años. Es notoria también la presencia de mujeres.

Entre los distritos con mayor incidencia de esos grupos juveniles violentos están La Victoria, San Juan de Miraflores, Rímac, Villa El Salvador y Comas. Muchos de los pandilleros integran barras bravas.

En El Agustino, existen tres barras bravas que desatan el terror: “Invasión Grone”, “Agustinorte” y “Comando Grone”.
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*La mañana del 31 de octubre, en el distrito de San Miguel, David Pampa de 21 años colocaba en la puerta de su casa las cadenetas para la procesión del Señor de los Milagros, cuando de pronto una turba de 40 barristas pasó por su lado, lo tumbó al suelo y lo golpeó salvajemente con ladrillos en la cabeza, hasta dejarlo moribundo.

*En Villa María del Triunfo, un grupo de hinchas de la Trinchera Norte acuchillaron en el tórax y espalda a un menor de 15 años, a quien confundieron como hincha aliancista.

Estos tres crímenes, cada uno más brutal que otro, sucedieron menos de dos semanas después de la muerte de Paola Vargas. ¿Por qué actúan así? ¿Acaso no escarmientan? ¿La cárcel es la solución? son algunas de las interrogantes que todos nos hacemos mientras ponemos bajo nuestra mirada inquisidora a estos adolescentes a quienes llamamos salvajes.

¡Auxilio!
Nuestra sociedad, con sus reglas y sus normas, puede convertirse en algo inaccesible y excluyente para muchos, como estos jóvenes, en su mayoría adolescentes, según reflexiona el antropólogo y catedrático de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Erik Pozo, quien explica que un pandillero no es lo mismo que barrist. “El barrista integra una barra brava para alentar a su equipo, mientras que el pandillero lo usa para cometer actos dilectivos pero el primero integra, generalmente, una barra brava y ambos son seres que pretenden diariamente insertarse, a la sociedad pero de manera radical. Sociedad que les cerró las puertas a una vida con igualdad de oportunidades. Con sus incursiones violentas en las calles y los estadios buscan hacer sentir su presencia, pues si no quisieran mostrarse a los demás se encerrarían en sus casas y matarían a todos los de su propio barrio”, sostuvo.

Para Pozo Buleje, no es casual que la bella Paola vargas, probablemente bien vestida, y vecina de uno de los llamados distritos pitucos, haya sido víctima de los barristas. “La Molina es un espacio que representa el éxito social, donde viven familias establecidas, que disfrutan de educación, limpieza, orden, etc.” Entonces que, al ver a una persona con esas características, el inconciente de los hinchas violentos les advierte que se encuentran ante alguien distinto, con códigos y símbolos diferentes y con ventajas obvias sobre ellos. “Por ende revientan las lunas de la casa y el carro que saben que no pueden tener. Toman, en este caso, a la chica portadora de estos elementos y la destruyen. Es así como la violencia se convierte en una manera brutal de comunicarnos que existen y que buscan igualdad”, advierte el antropólogo, y aclara que nada justifica el crimen pero que por lo menos debemos tratar de entender el por qué de esas actitudes para poder trabajar en soluciones adecuadas.

“Si los llamamos salvajes, resentidos o locos, estamos exorcizándolos y no entendiéndolos. Para hacerlo, debemos de abstraer nuestros propios prejuicios y verlos como sujetos sociales. No como seres desadaptados sino como personas que se adaptan a la sociedad de otra manera”, precisó Pozo.

Violencia e igualdad
Los medios de comunicación, los políticos y los entendidos de la problemática del fútbol dicen que la solución la tienen los clubes, los cuales no repartirán entradas gratuitas a los barristas que no estén empadronados. Además, habrá cámaras en los estadios para identificar a los hinchas violentos. A todo ello se suma la recomendación de nuestro presidente, que dijo que es bueno de que la policía dispare “un perdigoneo de vez en cuando a esos vándalos para hacerles sentir su propia medicina”.

“Nada ganamos con la represión. Nosotros debemos de facilitar la participación de los jóvenes y adolescentes en acciones de prestación de servicios a la comunidad, en programas de tratamiento especializado en casos de consumo de drogas o violencia familiar, y capacitarlos para que puedan encontrar trabajo”, indicó Jean Schmitz, representante de la Fundación Tierra de hombres y director del proyecto de Justicia Juvenil Restaurativa, el cual defiende la teoría de que la solución a estos problemas no se encuentra en las cárceles.

Al respecto, Rolando Salazar, representante de CEDRO y promotor del proyecto de Coaliciones Comunitarias, agrega que las cárceles muchas veces sólo logran capacitar al delincuente para que una vez libre cometa peores delitos. “La clave está en hacer que estos muchachos ocupen de manera útil su tiempo libre con actividades deportivas, recreativas y modalidades culturales tales como el baile, el teatro, las manualidades, la música”, aseveró.

Nada justifica el atentar contra la vida o la propiedad privada de alguien, señala Pozo Buleje, pero si se pretende contrarrestar la violencia tenemos que empezar por mejorar el sistema educativo y ofrecer las herramientas necesarias para que estos jóvenes puedan insertarse a la sociedad con las mismas posibilidades que cualquier otro sujeto. “Lamentablemente esto no ocurre en nuestro país. Por ejemplo, la diferencia educativa es enorme entre un colegio nacional y uno privado, a pesar de tener ambos una misma currícula establecida”, remarcó.

Politizar las barriadas
En los años 60 y 70 en las barriadas, como se llamaban entonces los asentamientos humanos, no se caracterizaban por la presencia de delincuentes sino por la de jóvenes que luchaban por sus derechos y se sentían parte de algo distinto al extremo de estar dispuestos a dar su vida por ello, lo que fue aprovechado por sus ideales políticos. Actualmente, según el antropólogo, la juventud de esas zonas urbanas está despolitizada a tal punto que no tienen un ideal por el cual luchar y canaliza su ímpetus en la formación de pandillas. “La esperanza de un cambio está en la politización de la barriadas, que además nos permitirá superar los problemas de otras formas de violencia porque integrará a los jóvenes marginados a la sociedad y les otorgará una funcionalidad política que les hará saberse y sentirse ciudadanos”, indica Pozo.

En Venezuela, la masa social que hizo posible que Hugo Chávez permaneciera en el poder fueron las barriadas. En Brasil, las favelas fueron politizadas y ello benefició a Lula. En Bolivia, el soporte de Evo fue la masa de aimaras y quechuas. Pero en nuestro país, Fujimori se encargó de despolitizar nuestra sociedad. Nuestros jóvenes perdieron el horizonte y con ello sus ideales, concluye el especialista.

Confesión de un barrista
“Me dicen “el pibe”. Tengo 17 años y me quedé en segundo de secundaria. En mi casa no hay billete para costear los estudios; es mucho lujo. Tengo cuatro hermanos y cada quien se las ingenia para subsistir. Mi viejo sólo chupa y gilea a las vecinas mientras que mi madre trabaja en un puesto de abarrotes en el mercado. A veces él llega cruzado a casa y le pega a mi mamá. Ya le he dicho que la próxima vez lo voy a matar.

Soy hincha de Alianza Lima y adoro la blanquiazul. Antes de los partidos, mis amigos y yo nos juntamos para armar una banderola gigante. Son momentos chéveres, estamos unidos. Cuando uno de nosotros cae enfermo o tiene problemas, entre todos lo ayudamos, organizamos polladas, vendemos nuestras cosas. Lo importante es apoyar al que está mal porque somos barrio. Somos hermanos. Somos Comando Sur.

“Me llega la gente sobrada de otros lados, esos que pasean con su caña a todo volumen. Esos que tienen una casota donde sólo viven tres gatos. A esos se les revienta la luna, pe. Lo justo.”

Angie Lineth Villarroel
Redacción


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