La estrofa maldita

Deslucido por casi 200 años, el Himno Nacional puede recobrar su brillo y exaltarnos a la realización de metas que nos hagan abandonar las sempiternas cadenas, si el gobierno acepta la propuesta de Santiago Agurto Calvo para que los estudiantes reivindiquen su letra original.

| 27 noviembre 2009 12:11 AM | Informe Especial |  3.1k 
La estrofa maldita
(1) Un reclamo atendible que tal vez cambie la historia de nuestro país. (2) El historiador Pons Muzzo batalló hasta su muerte por la pureza del Himno. (3) Jamás tuvimos humillada la cerviz.

Más datos

Himno nacional
(el auténtico)

Letra de: Don Juan José Latorre
Música del maestro: José Bernardo Alzedo

Donado del Convento de Santo Domingo de Lima

Coro
¡Somos Libres! ¡Seámoslo siempre!
Y antes niegue sus luces el sol,
que faltemos al voto solemne
que la patria al Eterno elevó.

Estrofa I
Ya el estruendo de broncas cadenas
que escucharon tres siglos de horror,
de los libres al grito sagrado
que oyó atónito el mundo cesó.
Por doquier San Martín inflamado
¡Libertad! ¡Libertad! pronunció;
y meciendo su base los Andes,
la enunciaron también a una voz

Estrofa II
Con su influjo los pueblos despiertan
y, cual rayo corrió la opinión
desde el istmo a las tierras del fuego
desde el fuego a la helada región.
Todos juran romper el enlace
que Natura a ambos mundos negó,
y quebrar ese cetro que España
reclinaba orgullosa en los dos.

Estrofa III
Lima cumple ese voto solemne,
y severa su enojo mostró,
al tirano impotente lanzando
que intentaba alargar su opresión.
A su esfuerzo saltaron los fierros
y los surcos que en si reparó,
le atizaron, el odio y venganza
que heredó de su Inca y Señor.

Estrofa IV
Compatriotas, no más verla esclava
si humillada tres siglos gimió,
para siempre jurámosla libre,
manteniendo su propio esplendor.
Nuestros brazos hasta hoy desarmados,
estén siempre cebando el cañón
que algún día las playas de Hesperia
sentirán de su estruendo el terror.

Estrofa V
Excitemos los celos de España,
pues presiente con mengua y furor,
que en concurso de grandes naciones
nuestra patria entrará en parangón.
En la lista que de estas se forme,
llenaremos primero el renglón,
que el tirano ambicioso iberino
que la América toda asoló.

Estrofa VI
En su cima los Andes sostengan
la bandera o pendón bicolor,
que a los siglos anuncie el esfuerzo
que ser libres por siempre nos dio.
A su sombra posemos tranquilos,
y al nacer por sus cumbres el sol
renovemos el gran juramento
que rendimos al Dios de Jacob.
3117  

El alma quejosa, bucólica, de derrota antes de emprender alguna empresa –en el sentido de labor, de quehacer y no simplemente de negocio–, dicen los entendidos que está ligada indisolublemente, como el destino a los dioses, a esa “estrofa maldita” y a la vez apócrifa de nuestra canción nacional, que nos pinta como indolentes, oprimidos, condenados a una cruel servidumbre y a gemir en silencio. ¡Qué paradoja más triste!

Esto es lo que arrebata al ex rector de la Universidad Federico Villarreal y conocido urbanista, ahora convertido en el último defensor de la pureza de nuestro Himno Nacional, el arquitecto Santiago Agurto Calvo, que hace un aparte en su ahora sedentaria vida de justo retiro para reemprender la noble cruzada y darle el puntillazo final a la “estrofa maldita”.

Es que en uno de los pocos aciertos que tiene este gobierno que preside Alan García, llamó la atención de la población que los integrantes de las Fuerzas Armadas en las ceremonias oficiales canten, después del coro del Himno Nacional ya no “Largo tiempo el peruano oprimido ….”, sino “En su cima los Andes sostengan la bandera o pendón bicolor, que a los siglos anuncie el esfuerzo, que ser libres por siempre nos dio”. ¡Qué diferencia!

El ministro Rafael Rey declaró entonces que por una resolución ministerial terminó con casi dos siglos de error y mandó al tacho la estrofa apócrifa. Agrega entonces Santiago Agurto que ahora falta instituir este acierto (aproveche presidente García, ministro Chang oído a la música) en todos las instituciones educativas nacionales. Es decir, que en cada ceremonia de estudiantes primarios, secundarios y en las universidades (y vaya que hay bastante en el calendario cívico-escolar) cantar con unción patriótica luego del coro, la última estrofa del Himno Nacional, que ojalá ayude a dejar atrás nuestro historial de derrotas, por lo menos en el fútbol peruano y logremos nuestra clasificación al Mundial de Fútbol de Brasil 2014, estamos a tiempo.

Preservan su pureza
Santiago Agurto, junto con historiadores de la talla de Gustavo Pons Muzzo y Juan José Vega, lamentablemente desaparecidos, emprendieron desde hace varios años una cruzada para abolir la estrofa apócrifa y mantener los verdaderos versos de José De La Torre Ugarte, quien junto con el maestro José Bernardo Alzedo ganaron el concurso convocado por el Libertador San Martín.

Pero, según explica Agurto, a la llegada del Libertador Simón Bolívar para consolidar la independencia de América en Junín y Ayacucho, la canción ganadora quedó archivada por la alusión en la primera estrofa a la obra del otro libertador, José de San Martín. Dice Agurto, que conociendo la personalidad de Bolívar, no habría permitido la difusión oficial del Himno.

Para agravar el asunto, como sostiene el arquitecto, en el poco tiempo que gobernó San Martín no oficializó que Alzedo y De La Torre ganaron el concurso que convocó. Tan sólo hay una noticia en el diario oficial “La Gaceta” que dio cuenta de la entrega de la condecoración La Orden del Sol a varios ciudadanos mientras “se repitieron las marchas nacionales de Perú, Chile y Buenos Aires”, según recoge Agurto en su libro “Levantando la Humillada Cerviz”.

Recién al año siguiente, el Supremo Delegado José Bernardo Tagle promulgó un decreto para que la “marcha nacional que por ahora se ha adoptado”, en referencia a la canción de Alzedo y de De La Torre, “se cante por los niños de las escuelas de Lima, y de los otros departamentos, todos los domingos en la Plaza de Armas”, apunta también en el libro citado.

Así las cosas, el camino para su alteración y tergiversación estaba allanado.

La confusión persiste
En 1822, la población vivía en un contexto político de efervescencia independentista, y para darse ánimos componía canciones y marchas populares, con las que infundía ánimos a la tropa para dar la vida por la patria que nacía a su vida propia. Así, la tropa, la montonera, iba cantando a la batalla contra los godos (españoles), y todo sugiere que la estrofa que inicia con el lamento “largo tiempo el peruano oprimido” fue creado por algún esclavo negro que obtuvo su libertad con el decreto de San Martín, de allí la alusión a la “indolencia de esclavo sacude”, que terminó finalmente insertada en los versos de De La Torre Ugarte, tal como hasta ahora la cantamos.

Esta confusa situación persistió, a pesar que en el primer gobierno del Mariscal Ramón Castilla, recién se denominó “Himno Nacional” a la composición de Alzedo y De La Torre y además dispuso su uso en todas las ceremonias oficiales.

Tanto así que en 1901, el presidente Eduardo López de la Romaña, quien convalidó la restauración musical del Himno por el profesor Claudio Rebagliati (con anuencia de Alzedo), convocó a un concurso literario “para variar la parte escrita del himno”.

Quizá, señala Agurto, sobre el presidente pesó mucho la opinión de Ricardo Palma –presidente del jurado del concurso– quien apreció que “mejores versos que los de José De La Torre Ugarte merecía el magistral y solemne himno de Alzedo”. El triunfo fue para el laureado poeta José Santos Chocano “El Cantor de América”, pero el gobierno de López de la Romaña tampoco lo validó mediante resolución o decreto alguno. La confusión persistía.

Recién en 1910, el Congreso quiere zanjar el asunto con una norma, para declarar “intangibles y oficiales la letra y música compuestas por José De La Torre Ugarte y José Bernardo Alzedo para el himno ‘adoptado como tal en 1821 por el Supremo Gobierno”.

Sin embargo, para horror de muchos, el texto oficial de la ley Nº 1801 del 26 de febrero de 1913, “legalizó” la estrofa maldita, como le llama Agurto, hasta la actualidad.

Desde ese entonces muy poco se ha hecho. Sólo durante algunos años en el gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado, en los colegios nacionales se incentivó que los escolares dejaran de cantar la estrofa apócrifa, pero luego Fernando Belaunde, borró el decreto de un plumazo. Otra vez, la mezquindad política nos mantuvo en el error. Es tiempo de voltear la página y subsanar el error, reclamó Agurto.

Susana Grados Díaz
Redacción

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