La Cumbre de la Túpac Amaru y la Cumbre de Javier Prado

Un breve balance de las Cumbres que se miraron desde lejos. Y el gobierno que si hubiera podido habría vaciado la ciudad de sus habitantes para lograr la “paz de los negocios”.

| 18 mayo 2008 12:05 AM | Informe Especial | 847 Lecturas
La Cumbre de la Túpac Amaru y la Cumbre de Javier Prado
(1) Cumbre de los Pueblos rompió la idea del discurso único. (2) La Cumbre del Museo de la Nación fue encerrada tras las rejas. (3) Mitin popular fue punto culminante de cuatro días de trabajos.

Más datos

DATO

La Cumbre de los Pueblos ha contado con la participación de unos diez mil participantes de diversos países de América Latina, el Caribe y Europa, así como observadores de otras partes del mundo. Se desarrolló a través de dos grandes plenarias, una de apertura y otra de clausura, 6 paneles temáticos, 90 actividades autogestionadas, 6 actividades de organizaciones de mujeres, una sesión de cuatro días del Tribunal Permanente de los Pueblos, numerosos actos culturales y políticos, y una gran concentración de cierre del evento con la participación del presidente Evo Morales.
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El único municipio con que cuenta el actual partido de gobierno en la ciudad de Lima colocó carteles de bienvenida que cruzaban sus calles que decían: Una sola cumbre, un solo Perú; de donde se concluía que dos o más cumbres dividían a los peruanos, tal vez peor que Bolivia. O si se quiere, también, que todos debíamos subordinarnos a la cita oficial, a pesar de la confusión de propósitos que han mostrado sus organizadores y participantes, y de que había sido diseñada anulando todo mecanismo de participación social, como que está rodeada de rejas y policías, y oculta el contenido de sus debates.

Pero ocurría, además, que el distrito de Breña está en la ruta casi obligada para llegar a la Universidad Nacional de Ingeniería, en esta época de vías cerradas y obras inconclusas, y era muchísimo más probable que el referido mensaje fuese leído por los que iban a la “otra cumbre” (Cumbre de los Pueblos o Cumbre Social) en la avenida Túpac Amaru en San Martín de Porres, que los que se dirigían a la de la avenida Javier Prado en San Borja, precedidos por motos y sirenas.

El detalle no es banal. El alcalde interpretó en unas pocas palabras la idea que García, del Castillo y otros estuvieron difundiendo desde varios meses atrás. Y no porque fueran muy entusiastas del encuentro entre latinoamericanos y europeos, porque es evidente que sus ojos estaban detrás de los “grandes” de la APEC, sino porque efectivamente no creen que exista más que una sola manera de ser parte de este mundo que es colocarse a la zaga de los gobiernos y las empresas de las principales potencias del mundo (por eso cuando la gente vota por los llamados “populistas”, es por “ignorancia” y no porque hayan planteamientos diferentes).

Visto bien, al otro lado de la ciudad, en el recinto del Museo de la Nación, habían también dos cumbres: una presidencial y otra empresarial, pero para la prensa en general y también para el alcalde aprista, no había necesidad de diferenciarlas, porque en el fondo se trataba de la misma cosa. Al final la Cumbre de los presidentes y jefes de Estado se realiza para arreglar asuntos de empresarios, bajo el supuesto neoliberal de que eso va en interés de todos. Y los tipos del billete vienen aquí, pagan su entrada y hacen los lobbys respectivos con los gobiernos que les interesan.

Dos miradas
La Cumbre de los Pueblos expresa, con sus altas y sus bajas, con su variedad ideológica, cultural, social, que algunos medios convierten en broma trillada, sobre indígenas cuyas costumbres no comprenden, religiosos comprometidos que hacen declaraciones de sus credos, radicales y moderados, que a veces coinciden y otras discrepan duramente, la opción exactamente opuesta a la de la homogeneidad de proyecto y pensamiento, a la de la economía de minorías, y a la de la democracia donde sólo algunos hablan. Tal vez no sea aún la “alternativa” que se proclama, pero por lo menos es la respuesta a los que exigen subordinación y que nadie discrepe.

Los debates de esta Cumbre fueron francos y abiertos. Y nadie llegó allí habiendo lanzado previamente una bomba a los medios como hizo Uribe con su famosa y siempre oportuna computadora decomisada a los de las FARC luego del ataque nocturno a un campamento sobre territorio ecuatoriano, o como el gobierno peruano que quiso meter su propia FARC a la agenda con el nombre de MRTA; todo en plan de provocar a Hugo Chávez y jugar el papel que Bush les ha pedido que jueguen, en clara coordinación con algunos gobernantes europeos, como la alemana Merkel.

En la Cumbre de los Pueblos la conclusión es inequívoca: lo que Europa quiere de nuestros países es lo mismo que parcialmente ha conseguido Estados Unidos a través de los TLC con algunos países (entre ellos el Perú): mercados abiertos, protección de inversiones e influencia política. No hay diferencias sustantivas, capaz algunas de forma. La UE busca ampliar la participación de sus transnacionales en el sector servicios y en recursos naturales. Y estos intereses conllevan mayor desigualdad social y pobreza para los pueblos, daños ambientales y un mundo con más agudos conflictos.

Que la Declaración de Lima diga que le preocupa la pobreza, el cambio climático y la cohesión social, es la lírica propia de estas reuniones. Y que García proponga un impuesto a los hidrocarburos a favor del ambiente es la prueba de que los anfitriones siempre deben tener alguna idea original, que todos aplauden. Y hasta ahí nomás. Las Cumbres de Javier Parado bullen en dinero y dispositivos de seguridad, pero no ofrecen ninguna idea nueva. La Cumbre de los Pueblos queda plenamente justificada en el hecho de que sirve para hacer notar que no todos somos lo mismo en este mundo globalizado.

Raúl Wiener
Unidad de Investigación


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