La corrupción contamina la cultura

La corrupción, que es la acción de dañar, deteriorar, enfermar, pervertir y echar a perder a alguien con propósitos malsanos, alterando y trastocando su identidad, elimina los valores creativos de la ética y contamina la cultura, afirmó el Dr. Saul Peña, durante su disertación “Corrupción, patología mental, social, política y ética” desarrollada en la reciente conmemoración del Día de la Medicina Peruana.

| 09 octubre 2011 12:10 AM | Informe Especial | 4.3k Lecturas
La corrupción contamina la cultura
(1) “La educación es fundamental para derrotar a la corrupción” expresa Saul Peña. (2) El psicoanalista señala la importancia de inculcar valores éticos a los niños desde su primera infancia.
PSICOANALISTA SAÚL PEÑA

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“En el Perú la pobreza y la miseria, incompatibles con la dignidad humana, no solo material sino espiritual, generan una abismal diferencia entre el que tiene todos los beneficios y el que no los tiene.”

“Darle un predominio cultural a la televisión y a los medios de comunicación masivos, contra un deterioro fraudulento y utilitario. Restituir valores como la libertad, la independencia, la responsabilidad, la autonomía, la otredad, la autenticidad, el amor, el coraje y la integridad.”
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“Al reflexionar sobre la corrupción me interesa develar lo oculto en ella, la interioridad penosa y lamentable de la falta de ética y la pérdida de valores. Todos los seres humanos tenemos potencialidades de corrupción: somos factibles de corromper o de que nos corrompan, aunque esto no necesariamente tiene que hacerse realidad”, dijo.

Según el psicoanalista recientemente homenajeado por la Universidad Cayetano Heredia, en la sociedad corrupta se impone lo material a lo espiritual, se sobredimensiona lo económico, “en una filosofía nociva de considerar el dinero y la política de los fines justifican los medios como los valores primordiales de la vida. Los corruptos viven en una pobreza ética, afectiva y emocional, apropiándose de todo lo posible, incluyendo personas”.

Peña afirma que la corrupción tiene que ver con nuestra historia temprana como personas. “Las experiencias traumáticas van a estimular nuestras potencialidades destructivas y, solo por contraidentificación, las creativas o una mixtura de ellas. El resultado va a ser diferente si se ha vivido con polaridades dirigidas hacia lo positivo o lo negativo”.

“El que se ha educado en la verdad hacia sí mismo está protegido contra el peligro de la inmoralidad que se basa en la falta de verdad hacia uno mismo y en la dificultad de soportar el verdadero conocimiento. Conocimiento, salud y virtud son diversas facetas de un solo proceso. El hombre no solo es más inmoral de lo que cree sino más moral de lo que sabe (Freud)”.

Para el psiquiatra la ideología inconsciente se va desarrollando en nuestra interioridad desde nuestras primeras experiencias vitales en relación con nosotros mismos, con nuestros padres, con la otredad y con la sociedad.

“Primordialmente, esta ideología se sustenta, real y simbólicamente en la vida, en los valores superiores, en los derechos humanos, en la integridad y en la dignidad o en una ideología de muerte, una psicopatía de valores que debilita el sentido de identidad y de otredad, representa una amenaza a la moral, la ética, la calidad de vida y la supervivencia del ser humano”.

Peña precisa que la ética implica responsabilizarse por el destino de sí mismo y de los otros. “Los valores proponen una ética del mundo interno que conduce a la salud mental. Reconocer errores es señal de que el individuo posee principios”.

PERVERSIDAD DE LOS GOBIERNOS
El especialista relaciona parte de la política con la corrupción al afirmar que “la política marca significativamente la realidad psíquica de quienes sufren colectiva e individualmente las lesiones emocionales que ha dejado la perversidad de gobiernos dictatoriales, seudo democráticos y la instalación de una violencia generalizada”.

Continúa señalando que “el poder y la política mal concebidos y aplicados pueden conducir a una sociedad a extremos nunca imaginados de deterioro en todos los planos de la vida y originar un alto grado de sufrimiento para la mayoría de los ciudadanos. La política debería ser por el contrario un mundo de valores y tradiciones compartidas al servicio del bien común y con exigencias éticas para los líderes que deberían estar profundamente comprometidos con el destino de la colectividad. Se debe construir ideologías pero nunca de falsa conciencia”.

También se manifiesta por reformar el sistema judicial acusado continuamente de corrupto “contrariamente a la esencia de la justicia, en el sistema judicial se evidencia, sin generalizar, la fuerza de trastocar la ley”.

“En el Perú la pobreza y la miseria, incompatibles con la dignidad humana, no solo material sino espiritual, generan una abismal diferencia entre el que tiene todos los beneficios y el que no los tiene. Es muy grande el porcentaje de analfabetos y desnutridos afectiva y culturalmente. Podemos considerar en gran medida en la población menos favorecida una sociedad sin padre y un medio familiar lleno de conflictos y abusos que se incorporan al inconsciente individual y colectivo de gran número de peruanos. Con madres que no pueden cumplir su función materna, desprovistas de la protección del cariño del hombre y del padre, expuestas a la imposibilidad de proteger a sus hijos de la corrupción temprana, prostitución, robo, narcotráfico, etcétera.”

Al referirse a otras clases sociales, afirma que “la clase media y la económicamente alta -de poderes indiscutibles- no están excluidas en absoluto, a pesar de sus privilegios, de caer en la corrupción. Algunos siguen perpetuando e incrementando su bonanza en desmedro de otros; tienen vinculación con miembros de la cúpula de las fuerzas armadas y con personajes de un clero de apariencia cristiana, que sin embargo pareciera identificarse con una ideología fascista. Felizmente no todos los miembros de estas instituciones se ven seducidos por la corrupción”.

En otra parte de su alocución se refiere a la historia “que es muy importante pero más aún lo que hacemos con nuestra historia. Somos un país, como decía un amigo mío, no subdesarrollado, sino regresionado. Sin idealizar, la civilización inca floreció en forma artística y cultural sorprendente, enfrentándose a situaciones inevitables como son las rivalidades y las competencias en búsqueda del poder. Pero frente a la conquista genocida y a la inquisición, que iba en contra de la propia ideología cristiana, ya que la cruz y la espada eran símbolos paralelos, se vivieron situaciones de humillación, sometimiento, esclavitud, que generaron un cúmulo de agresión destructiva y de identificación con el agresor”.

Precisa que “en la república se percibe un predominio del militarismo, autoritarismo, prepotencia, abuso y el mayor porcentaje de gobiernos militares. Algunas veces cogobernando implícita o explícitamente, directa o indirectamente. Ante cualquier situación que alterara estas potencialidades, y las riquezas que iban obteniendo, existía siempre la amenaza de golpes de estado contra los gobernantes elegidos por el pueblo. Muchas veces con intentos de fraude en las elecciones. Felizmente hay excepciones relevantes. Es indispensable que las fuerzas armadas restituyan una ética genuina y patriótica como también tratar de restituir el principio de justicia y el buen nombre del Perú en una cultura de libertad y responsabilidad”.

“La violencia política de la ley perversa y corrupta hiere no solamente el cuerpo y el alma sino el sentimiento de pertenencia a la especie humana. Estos gobiernos son generadores de desconfianza, ilegitimidad y desvergüenza. Su debilidad, minusvalía e inferioridad explican su necesidad de aferrarse a un poder destructivo porque se sienten minúsculos sin él.”

DEFENSA DE LA SALUD
El destacado médico reflexiona seguidamente en que no se puede caer en generalizaciones ni sectarismos. “Es indispensable para fundar el respeto de los otros sentar las bases de una sociedad en la que los mayores valores sean la libertad y el respeto por el otro. La corrupción, el desorden y la perturbación mental no conocen límites de continente o color; es importante que cada país brinde su contribución para prevenir y abordar esta clase de trastornos. Lo primordial es defender la salud.”

Peña expresa que es lamentable que tengan vigencia todavía movimientos neonazis y fascistas ante los cuales hay que estar muy alertas para prevenir desenlaces funestos contra la humanidad. “Este peligro va en incremento dados los desarrollos tecnológicos y científicos que en poder de mentes trastocadas pueden convertirse en potencialidades destructivas contra el ser humano, contra nuestra identidad y la vida misma”.

Como tantos otros intelectuales, el psicoanalista considera imperativo para el cambio una mejora en la educación desde la mas tierna infancia y que llegue a todos los estratos “de tal forma que no existan analfabetos en el Perú y se dé una educación creativa al mayor número de personas, no solamente de niños sino de adultos, con valores éticos consistentes inquebrantables”.

“También es ver cómo se protege a la familia en términos de su salud mental y brindar la posibilidad de trabajo, tratando de eliminar el desempleo y subempleo. Darle un predominio cultural a la televisión y a los medios de comunicación masivos, contra un deterioro fraudulento y utilitario. Restituir valores como la libertad, la independencia, la responsabilidad, la autonomía, la otredad, la autenticidad, el amor, el coraje y la integridad”.

Peña, que se considera un psicoanalista freudiano, dialéctico, existencial, heterodoxo y antidogmático y en lo político independiente humanista, se muestra contrario a los que hablan de impunidad y olvido “bajo el pretexto de una unión de los peruanos y que en el fondo sea una perpetuación de arreglos y acomodos vergonzosos ya que esta no sería tal sino más bien un acomodo hipócrita y falso para seguir perpetuando lo previo. Hay que utilizar todos los antibióticos psíquicos y cívicos potentes para curar esta complicidad con la corruptela y el peligro de su adicción”.

“La argucia de que todos somos responsables de la corrupción intenta cambiar un problema penal en seudo sociológico y cultural, exculpando éticamente a los depredadores del país y de los pobres. Es indispensable, y no por razones utilitarias, demagógicas ni electorales, ocuparse de verdad, comprometida, consistente y continuamente, de superar la miseria en nuestro país y de esta manera brindar los requerimientos económicos, nutritivos, afectivos, educativos, culturales y éticos para su desarrollo creativo y de trabajo digno. Profundicemos en el compromiso con nosotros mismos y con los otros en procura de una humanidad creativa, ética y responsable”.


Denis Merino
Redacción


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