Junín: Cortina de humo frena el crecimiento

Entre la sierra y la selva peruana, a sólo ocho horas de Lima, se ubica la región Junín, escenario de una de las últimas batallas que se produjeron por la independencia del país, y también frente de batalla contra el terrorismo que azotó al Perú hasta la década pasada. Actualmente enfrenta otro problema, igual de mortal, aunque silencioso: la peligrosa contaminación que día a día destruye a La Oroya y a toda su población.

Por Diario La Primera | 12 jul 2008 |    
Junín: Cortina de humo frena el crecimiento
(1) La bella Plaza de Årmas es escenario, cada fin de semana, de una gran actividad económica y de intercambio comercial. (2) Refinería de La Oroya día a día acaba con la vida de pobladores. (3) Laguna de Junín. Paraje actualmente luce desolada por causa de relaves mineros.
Región demanda acción inmediata del Ministerio de Ambiente ante eterno y mortal problema de la contaminación en La Oroya por la minería.

Más datos

PROBLEMÁTICA 

Con una población de 1’232,611 habitantes, según el censo de 2007, Junín se ubica entre las ciudades con mayor crecimiento demográfico del país.

La región Junín se divide políticamente en 9 provincias: Chanchamayo, Chupaca, Concepción, Huancayo, Jauja, Junín, Satipo, Tarma y Yauli.

Lastimosamente una de las imágenes que viene primero a la mente de los peruanos al hablar de esta zona es la situación de los llamados “Niños del plomo”, peruanos que nacen ya contaminados en La Oroya y alrededores. Problemática eterna. Pero, de otro lado, otro de los aspectos peculiares que llaman la atención a quien visita otras ciudades de Junín es la existencia de ranas gigantes, batracios que viven en las lagunas de la ciudad. Sin embargo, en los últimos años la población de estos anfibios se ha visto disminuida drásticamente, hasta el punto de que algunos ecologistas alertan sobre el peligro de su extinción. La causa simplemente es la contaminación por relaves mineros.

Esta lamentable consecuencia de la actividad minera día a día aumenta las condiciones desfavorables para la vida, pues el grado de contaminación en las reservas hídricas presenta niveles elevados de minerales pesados, como el plomo.

Por ejemplo, el lago que lleva el nombre de la región, y que se encuentra dentro de la Reserva Nacional de Junín, registra altos índices de metales como hierro, arsénico, cadmio, mercurio, zinc, plomo, manganeso y cobre, provenientes del Complejo Metalúrgico de La Oroya, los cuales ocasionan la muerte de la mayoría de la flora y fauna que ahí habitan.

Lo peor de lo que sucede en la región Junín a consecuencia de la contaminación, ya sea por las minerías o la fundición de La Oroya –considerada como la más grande del país– es que sus efectos son irreversibles, pues ya cerca de 80 hectáreas ubicadas alrededor del referido lago están inutilizadas de forma permanente. Algunos estudios señalan que para que estos problemas se reduzcan tendría que pasar 500 años sin que las mineras de la zona derramaran sus relaves en la laguna.

Más enemigos
Otro de los problemas que debe enfrentar la población de la región Junín, como la mayoría que habita en la zona de selva y montaña, es la producción ilegal de hoja de coca. Zonas como Satipo, Chanchamayo, son centros de producción y abastecimiento para las organizaciones dedicadas a la producción de clorhidrato de cocaína. Entonces la ausencia de una agricultura desarrollada obliga a los pobladores a dejar la siembra tradicional y optan por cultivar coca, pues no deja los mismos dividendos.

El gobierno central implementa planes de erradicación, pero en la mayoría de zonas donde se han desarrollado lo único que han conseguido es hacer que aquellos que se dedican a esta ilegal pero milenaria siembra, dejen el lugar donde son detectados por programas como Devida y simplemente se mudan adentrándose en la espesura de la selva.

Cifras adversas
El crecimiento no le llega a todos. Contrario a lo que suelen decir los representantes del actual gobierno central, las cifras de pobreza y analfabetismo en Junín se han mantenido a lo largo de los últimos años. Y es que la incidencia de que más del 50% de la población tenga que vivir con un promedio de diez soles diarios los pone en un marco de carencias elementales, pues no pueden acceder a los servicios básicos como agua y salud, y en muchos casos no pueden enviar a sus hijos al colegio.

Omar Olivares Yzarra
Redacción


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