Jorge Chávez, siempre arriba

Jorge Chávez Dartnell inscribió su nombre junto a los intrépidos hombres que dieron inicio a la aviación moderna. Hoy 23 de setiembre se cumple el centenario de la hazaña por la que se inmoló y con la que legó a los pilotos peruanos el lema inmortal de “Arriba, siempre arriba”.

| 23 setiembre 2010 12:09 AM | Informe Especial | 8.8k Lecturas
Jorge Chávez, siempre arriba
(1) Réplica del avión Bleriot XI pilotado por Jorge Chávez para cruzar los Alpes en 1910. (2) Los restos del avión de Jorge Chávez en el museo exhibidos en su honor. (3) En 1957, los restos de Jorge Chávez regresaron al Perú para descansar en el Panteón de los Héroes.
8822

La aviación todavía estaba en pañales cuando Jorge Chávez Dartnell elevó su frágil Bleriot XI sobre los nevados alpinos en su ruta a la inmortalidad. Habían transcurrido sólo 7 años desde que Orville Wright había volado, por primera vez en la historia, en una aeronave prototipo de los aviones modernos, cuando Jorge Chávez culminó su hazaña e inscribió su nombre junto al de los intrépidos hombres que desafiaron la ley de la gravedad y enrumbaron hacia los cielos.

Recién graduado como ingeniero, Jorge Chávez mostró su interés por la innovación en aeroplanos, lo que lo llevó a relacionarse con los impulsores de esta actividad. Durante la “Gran Semana de la Aviación de la Champagne” realizada en Reims entre el 19 y el 22 de agosto de 1909, estableció amistad con el reconocido aviador francés Louis Paulhan, veterano participante de competencias aéreas, con quien trabajó por un tiempo.

Chávez ingresó a la Escuela de vuelos Farman, en Mourmelon Le Grand, y participó en algunas competencias aéreas con un avión diseñado por la Compañía Farman. El 5 de febrero de 1910, Jorge Chávez alzó vuelo por primera vez. El viaje y la altura que alcanzó fueron cortos, pero Chávez había dado el primer paso en el cumplimiento de su sueño, volar alto, cada vez más alto. Arriba, siempre arriba.

Su primera gran competencia fue en Biarritz, al suroeste de Francia. Luego siguió en Niza, en la región de Provenza de Francia, en la Semana de Tours y la Gran Semana Lyonnaise, en Lyon. Traspasó la frontera y participó en certámenes al norte de Italia, en Hungría, en Inglaterra y en Escocia. Su mayor interés estaba puesto en las competencias de altura.

En la competencia de Verona, en el norte de Italia, ocurrió un hecho que pinta sus cualidades humanas. Mientras el piloto Arthur Duray realizaba una maniobra en su avión, perdió el control del mismo y terminó arrojado de su asiento. La máquina, sin piloto, comenzó a girar sin control, convirtiéndose en una seria amenaza al público que siempre asistía a estos eventos. De repente Chávez subió al avión en pleno movimiento y apagó el aparato.

Por las lesiones sufridas, Duray dejó de pilotar aviones y pasó a ser manager, consejero, asistente y mecánico de Jorge Chávez en todas las competencias en que participó, inclusive en la que debía cruzar los Alpes.

Ascensor al cielo
A mediados de julio de 1910, Jorge Chávez deja los aviones Farman y compra uno de marca Bleriot, que pasó la prueba de fuego de la competencia en Champagne, y obtuvo el primer puesto en altura con una marca de 1,150 metros. “Por fin he encontrado el ascensor para escalar al cielo como quiero hacerlo”, dijo el piloto peruano al final del certamen en referencia a su nuevo avión.

Chávez siguió elevándose en los cielos. El 3 de agosto de 1910 llegó a los 1,647 metros de altura y obtuvo el primer premio de la competencia aérea de Blackpool, en Inglaterra. De allí, Chávez fue a Lanark, en donde el 8 de agosto llegó hasta los 1,575 metros de altura y obtuvo el segundo lugar de la competencia.

Chávez sabía que estaba en plena organización una competencia para cruzar los Alpes, desde Briga en Suiza a Milán en Italia. El auspiciador de este evento era Arturo Mercanti en representación del Aéro Club de Milán.

A inicios de 1910 todavía no había aviones capaces de llevar adelante esta riesgosa competencia. Tampoco los pilotos, incluido Jorge Chávez –quien como hemos visto recién cosechaba triunfos– tenían el suficiente adiestramiento para cruzar los altos Alpes.

Las máquinas voladoras debían por lo menos remontar los 2,100 metros de altura por un tiempo prolongado. Y, por lo menos Jorge Chávez, solo había llegado hasta poco más de 1,500 metros. En medio de los Alpes, los pilotos iban a enfrentarse a fuertes vientos. Era todo un reto.

Los organizadores establecieron la ruta. Los aviones partirían desde Briga, Suiza (a 870 metros de altura), y llegarían a Milán, pasando por altitudes superiores a los 2 mil metros en la cumbre del Simplón. El recorrido total aproximado por aire sería de 150 kilómetros.

El riesgo era máximo, y los organizadores tomaron todas las precauciones para proteger a los atrevidos pilotos que iban a arriesgar su vida en esta empresa.

Jorge Chávez seguía su plan de preparación para participar en esa competencia. No creía imposible la empresa de remontar los Alpes.

En Lanark, Escocia, J. Armstrong Drexel había alcanzado, a bordo de un Bleriot, 2,052 metros de altura y rompió el mito que el límite para los humanos eran los dos mil metros.

Camino a la gloria
Entonces, Jorge Chávez, acompañado de su asesor y manager, Arthur Duray, y en coordinación con los organizadores del certamen, revisó detalladamente la ruta propuesta. Llegó a Suiza y recorrió el camino en automóvil. Observó las montañas, ubicó llanos y lugares que podría utilizar como campo de aterrizaje o una ruta alternativa, en caso de necesitarlo.

Luego de este estudio de la ruta, Jorge Chávez le dijo a Arturo Mercanti, el organizador del cruce de los Alpes: “Estoy decidido”. Y quedó oficialmente inscrito en este importante torneo.

En tono seguro, Chávez agregó “el 8 de septiembre, de día, si el tiempo lo permite, lo probaré (el Bleriot XI) batiendo el récord mundial de altura. Ustedes verán el récord de altura del mundo sobre París. “

Su preparación
Tal como le anunció a Mercanti, el 8 de setiembre, Jorge Chávez vuela en Issy-Les-Moulineaux, cerca de Paris, su nuevo monoplano Bleriot XI y bate el récord mundial de altura al alcanzar los 2,652 metros, marca que fue reconocida oficialmente. Cinco días antes, León Morane había registrado una marca de 2,582 metros de altura.

Según la página web de conmemoración del centenario de la hazaña de Chávez, los periódicos de la época registraron la emoción de Chávez al casi tocar el cielo con la punta de sus dedos. “Después de haber estudiado el desarrollo de la travesía de los Alpes, para la que me he comprometido, he juzgado indispensable prepararme para la ascensión a grandes alturas, porque el punto culminante de la travesía que voy a realizar es de 2,100 metros y hasta hoy sólo he subido 1,764 (se refería al cruce de los Alpes), por eso he pensado que la mejor preparación era batir el récord de altura que Morane había alcanzado en Deauville.”

“El domingo ensayé mi nuevo Bleriot, y como ayer el tiempo se pusiera al fin bueno, hallé la ocasión propicia para llevar mis vestidos acolchados y mi barómetro registrador más allá del ápice de las aves. A las cuatro y media soplaba el viento con violencia extraordinaria, pero entre dos grandes masas de nubes se divisaba una hermosa extensión azul y más allá la inmensidad del cielo.”

“Doy dos o tres grandes vueltas por encima de Issy; después, como la hermosa mancha azul va a merced del viento, en dirección a Versalles, me pongo a perseguirla. Llego pronto a su altura; me elevo más aún.”

“El frío es intensísimo. Estoy a 2,500 metros. Unos golpes de motor más y venceré el récord de Morane. Siento un punto húmedo en la punta de mi nariz; me asusto un momento, porque no he subido nunca en globo e ignoro cuales son las sensaciones que se experimentan en las altas regiones. ¿Habría sido conveniente que llevase un balón de oxígeno? Acordándome que cuando Morane subió hasta 2,500 metros arrojó un poco de sangre por la nariz, llevé a ella mi mano. ¡No era sangre! Era ligeramente un catarro, agravado durante el ascenso. Sin duda, una corriente de aire, recibida al pasar por la hermosa mancha azulada ¡Uf! Al fin, me siento seguro.”

“Me siento feliz también, porque mi barómetro indica que he subido a más de 2,600 metros. ¡He batido el récord! Treintiseis minutos exactos han pasado desde que dejé la superficie de la tierra y por la gran mancha azul, que es ya amiga mía, diviso, ¡oh, muy poco, desgraciadamente! El palacio del Rey Sol. Creo encontrarme a la altura de Ville d’Avray. Desciendo rápidamente; por encima de Naudon veo un dirigible del ejército, que en ese momento partía. Veo a los soldados que levantan los brazos en signo de alegría; y, seis minutos después de haber batido el récord, cuarentidos minutos después de mi partida, alcanzo tierra en Issy, envuelto en fuertes remolinos, después de haber flotado allá arriba en medio de la más absoluta calma.”

La hazaña y el fin
Un numeroso grupo de pilotos inscribieron su participación en la competencia aérea para remontar los Alpes, pero los organizadores consideraron sólo la participación de cinco de ellos.

• Jorge Chávez, peruano, en su monoplano Bleriot XI modificado con motor Gnome 50HP;

• Bartolomé Cattaneo, italiano, en su monoplano Bleriot XI con motor Gnome 50 HP;

• Charles Weymann, norteamericano, en su biplano Farman con motor Gnome 50HP;

• Eugen Wiencziers, alemán, en su monoplano Antoinette con motor Antoinette 60HP;

• Marcelo Paillette, francés, en su monoplano Bleriot XI con motor Gnome 50 HP.

En esos días, Chávez estaba muy motivado y le confió a su amigo Joseph Christiaens lo siguiente: “Dar la vida para no lograr nada sería estúpido. Darla para vencer, esto es hermoso”.

La historia siguiente es harto conocida. El 23 de setiembre de 1910, Jorge Chávez logró la hazaña primera de remontar los Alpes y cuando estaba por aterrizar, el Bleriot se precipitó a tierra en Domodossola. Días después falleció.

Peruano emigrado muy pequeño con sus padres –como millones hoy en día-, Jorge Chávez había comunicado a su familia el deseo de volver e impulsar la aviación en el Perú, proyecto frustrado por su vuelo a la eternidad, aunque sus restos, su nombre y su gloria volvieron para siempre.

Susana Grados Díaz
Redacción

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


En este artículo: | | | | | | | | | |


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD