¿Héroes o asesinos?

Quince dirigentes nativos aún tienen orden de captura por participar en el baguazo. La policía los busca intensamente, ellos se ocultan en la selva. LA PRIMERA conversó con cinco de los perseguidos en la comunidad nativa de Urakusa donde participaron en el último Consejo Awajún Wampis.

| 26 noviembre 2009 12:11 AM | Informe Especial | 2k Lecturas
¿Héroes o asesinos?
(1) Cuando habla “Indio Washurú”, el pueblo escucha. (2) La selva es un escondite hermoso, pero también demasiado pobre y, paradójicamente, muy costoso. (3) La ira de los awajunes se desbordó cuando supieron que habían matado a Manuín, explica Alberto Tiwi. (4) No hay rendición, reunimos fuerzas para seguir la defensa de la Amazonía, dice Valentín Shimpukat (5) Hernán Kinin, junto con su hermano Arturo, son perseguidos.
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El apu Merino Trigoso ha pasado la mayor parte de su vida en lucha para evitar el ingreso de petroleras a la selva, por eso ahora resulta extraño verlo usar una gorrita con el logo de Petroperú, cual agente publicitario de la empresa estatal. Trigoso, quien en las cuencas de cinco ríos del departamento de Amazonas es conocido como “Indio Washurú”, es buscado intensamente por la Policía. Sobre él pesan dos órdenes de captura. Una por haber participado en el bloqueo de la Curva del Diablo, en Bagua, y otra por la muerte de policías en la Estación Nº 6, en Imacita.

Indio Washurú no logra explicarse cómo es que la Fiscalía lo denuncia por haber estado en Bagua y en Imacita al mismo tiempo, si entre ambos lugares existe una distancia que se recorre en siete horas.

-Por si acaso, llevar esta gorra de Petroperú no significa que me he vendido, es un disfraz para pasar desapercibido. Es que los policías no desconfían de un nativo que apoya a las petroleras. Jamás se van a imaginar que soy yo- me dice Washurú mientras se toma un café bien cargado en el preámbulo de la reunión de 300 apus y dirigentes nativos.

Es la primera vez que se reúnen después del sangriento desenlace del 5 de junio. Muchos no se han visto desde ese día, cuando la policía arremetió contra ellos en la Curva del Diablo, en la carretera entre Bagua Grande y Bagua. La cumbre awajún – wampis, sirve también para el reencuentro de compañeros de lucha, muchos de ellos con requisitoria judicial y orden de captura. Algunos muestran sus heridas, otros comentan sobre la confusión y el caos que hubo ese día en la estación de bombeo número 6 de la estatal Petroperu –donde murió la mayoría de policías–, otros cuentan que tuvieron que escapar de los policías nadando por el río con sus hijos y regresar caminando a sus comunidades. No faltan quienes alardean de haber quemado un patrullero y hecho correr al fiscal.

-Y usted, Indio ¿donde se ocultó después del 5 de junio?
-Ese día, en la Curva del Diablo había un escuadrón que venía directamente a eliminarme, querían hacerme subir a un helicóptero, justo cuando los policías iban a cogerme llega el personal de la Defensoría del Pueblo y me rescata. Con siete de mis guardaespaldas subimos la montaña. Maltrecho caminé durante cinco días hasta que llegué a la casita de un hermano awajún, allí me escondí unos días porque ya sabía que estaba pedido por la Policía.

Indio Washurú, quien se reclama familiar lejano de los indios Navajos de Estados Unidos y que de ellos heredó su raza guerrera, ha sido alcalde de la provincia de Condorcanqui, por eso dice que cuando él habla, el pueblo escucha. Es un secreto a voces que Indio Washurú está escondido en una casita en Santa María de Nieva, pero nadie se atrevería a traicionarlo.

-¿Qué pasaría si te capturan indio?
-Habría otro 5 de junio, no lo dudes- finaliza, saca una hamaca de su mochila y la cuelga entre dos árboles, es hora de descansar.


La cárcel verde
La selva norte del departamento de Amazonas es un escondite hermoso, pero también demasiado pobre y, paradójicamente, muy costosa. Para trasladarse en auto, menos de 50 kilómetros, una persona debe pagar 100 soles; un viaje en chalupa (embarcación de metal) por el río Marañón llega a costar 200 soles, una botella de gaseosa de menos de medio litro cuesta 2 soles. El agua potable escasea, la población come carne sólo en ocasiones especiales, hay que conformarse con plátanos y yuca sancochados. En toda esta zona los niños tienen el cabello castaño, señal que sufren de desnutrición crónica. Aquí el desarrollo no existe y el gobierno pretende venderles la idea que este llegará con la extracción de petróleo y la tala de árboles.

El día que llegamos a Imaza, en la plaza del pueblo había muchas mujeres. Luego, cuando navegamos el río Marañón hacia el norte, nos cruzamos con varios botes que transportaban mujeres al lugar de donde habíamos partido. ¿Por qué tantas mujeres se reunían en un solo lugar? Era el día de pago del programa Juntos, un paliativo de 100 soles (menos de 35 dólares mensuales) para cada madre de familia, como símbolo de lucha contra la pobreza extrema. Esa es casi la única presencia del Estado en la zona.

En medio de esta situación y con la persecución judicial en ciernes contra dirigentes nativos, aparecen más héroes del Baguazo, como los hermanos Hernán y Arturo Kinin, periodista y profesor, quienes también tienen orden de captura. Según Hernán el proceso judicial abierto en su contra es una injusticia. Él asegura que su labor en la protesta amazónica consistió en tareas de prensa, por su profesión de maestro y su oficio de corresponsal de un semanario selvático.

-Tres días antes que ocurra la muerte de los policías en la Estación Nº 6 de Petroperu, me prohibieron el ingreso. Yo tenía el encargo de transmitir las decisiones que tomaban los apus a los demás y acreditar a los medios de comunicación que llegaban a la zona. Pero cuando los nativos de zonas altas llegaron ya no querían que yo participe. Entonces regresé a mi casa, en la comunidad de Chiriaco- argumenta Kinin en su defensa.

Con la conciencia tranquila de no haber participado en los hechos sangrientos de la Estación 6, Kinin no tenía idea que estaba perseguido por la policía y la fiscalía. A finales de junio viajó a Bagua, fue al Banco de la Nación a cobrar su sueldo de maestro y en la ventanilla se dio con la sorpresa que tenía orden de captura. Antes que un policía lo capture logró huir y desde ese día es un primo suyo quien acude a un cajero automático y cobra por él. De acuerdo a su testimonio la situación de su hermano Arturo es similar, no estuvo en el lugar de los hechos pero tiene una orden de captura emitida por el juzgado penal de Bagua por supuestamente haber cometido secuestro, extorsión, arrebato de armas y homicidio.

Alberto Tiwi es un dirigente indígena que también participó en la toma de la Estación Nº 6.

-Estábamos tranquilos en ese lugar y tratábamos de manejar las cosas conforme a los acuerdos que teníamos con la Policía. Cuando se supo que hubo muertos en la Curva del Diablo las cosas fueron difíciles de controlar, tratamos de calmar a la gente para que no suceda nada, pero todo fue inútil. Los hermanos no creyeron en nada cuando escucharon en Radioprogramas del Perú que Santiago Manuín había sido asesinado.

Por otro lado, Tiwi manifiesta su desazón porque no puede tener una vida normal ante el temor de ser detenido en cualquier momento.

-Para los que estamos denunciados y con orden de captura, es difícil salir a Bagua. Sabemos que el servicio de inteligencia policial se encuentra en las localidades de Chiriaco, Nieva, Mesones Muro e Imacita. Esta es nuestra tierra, aquí nosotros hemos vivido y nacido. Por eso, aunque tenemos un poco de temor, estamos acá en Urakusa, conversando con nuestros hermanos para ver qué haremos- explica.


Sólo un repliegue
Cuando vimos al apu Valentín Shimpukat pensé que sería muy difícil conversar con él. Tenía entendido que sólo hablaba la lengua awajún. Sin embargo, al acercarnos nos respondió el saludo con una claro y perfecto castellano. Él es acusado también por secuestro, extorsión, arrebato de armas y disturbios por los luctuosos hechos de la Curva del Diablo, pero sostiene también que nunca ha secuestrado a nadie, ni ha empuñado un arma para utilizarla contra un policía.

-El gobierno pide diálogo pero no detiene la persecución contra los dirigentes nativos. De todas maneras vamos a continuar en las mesas de diálogo. Y que quede bien claro que no nos hemos rendido, vamos a seguir en la lucha por defender la amazonía. Sólo nos hemos replegado para reunir fuerzas.

Al terminar de conversar con Shimpukat emprendí el regreso a Lima, sorprendido por estas historias de personas consideradas asesinos por el gobierno y héroes por sus hermanos nativos.

En pleno viaje de retorno, a bordo de una chalupa, no dejaba de pensar que también la lucha es interna, entre ellos, porque mientras la mayoría de nativos defienden la Amazonía de la contaminación de las grandes mineras y petroleras, hay otros nativos que también contaminan las aguas y las tierras cuando extraen oro con mercurio, como lamentablemente ví en las riberas del río Marañón.

Marcelo Puelles
Redacción


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