Hambre Cero, la clave de Lula

Guariba es una municipalidad en el Estado de São Paulo, donde se habla el Tupi Guaraní, una de las setenta lenguas nativas de Sudamérica. Sus cuarenta mil habitantes encuentran en Esperanza, la radio comunitaria, un medio informativo de confianza. A los pocos meses que se inició el Programa Hambre Cero, por iniciativa del Comité Popular, se inauguró un salón de belleza, un buen inicio para el autoestima de las mujeres, que con el pago de un real, pueden recibir atención para sentirse bonitas.

| 22 octubre 2009 12:10 AM | Informe Especial | 2.1k Lecturas
Hambre Cero, la clave de Lula
(1) El programa Hambre Cero ha aliviado una situación social que era explosiva (2) Lula tiene excelentes relaciones con gobiernos como los de Bolivia y Paraguay.

Más datos

El neoliberalismo en los años 80 y 90, con la práctica irresponsable de privatizaciones, destruyó la estructura del Estado. Superar el desorden no es tarea fácil.
2132

Los gestores de Hambre Cero, programa social clave de la administración Lula Da Silva, recuerdan a un genio llamado Manuel, campesino semianalfabeto, creyente de San Pedro protector de la lluvia en Brasil, porque hace veinte años descubrió que en el amazónico país la sequía no se combate sino se aprende a convivir con ella y con tecnología barata y eficaz se puede conservar el agua de aquellas lluvias que caen del cielo.

La dinámica del Programa Hambre Cero es intensa, provoca una gran movilización nacional, en un territorio de 190 millones de habitantes, de los cuales 12 millones de familias sufren de subnutrición crónica. Ahora hay una creciente participación de iglesias, de sindicatos y ONG y también dificultades para concertar con todos los alcaldes, gobernadores. Las políticas públicas no funcionan aún, porque la privatización de la economía de décadas pasadas destruyó o debilitó las instituciones del Estado.

La gente es consciente que no va a salir de su pobreza, pero si se va a reducir drásticamente la miseria en Brasil. Venezuela, Nicaragua, El Salvador empiezan a seguir la experiencia.

Antes, el tema social del Estado era una ocupación de la primera dama. Las mujeres de Brasil que tienen derecho a votar desde 1920 –diez años antes que las de Francia– vivían aisladas de las decisiones políticas y poco podían hacer frente su nación continente, privilegiada por ser uno de los cinco mayores productores de alimentos del mundo, sin mayores catástrofes naturales, ni nieve, ni desiertos, ni temblores, ni huracanes.

En América Latina, casi la mitad de 400 mil niños de 0 a 5 años de edad que mueren por hambre, son del Brasil. El hambre en este país es gordo, a diferencia del África, que convierte a la persona en esquelética. Las investigaciones explican que por razones genéticas y el consumo de agua contaminada, el mayor índice de obesidad está entre los más pobres y en los niños.

La lucha contra el hambre en el Brasil tiene otras razones de fuerza. Además de haber sido el país con 358 años de esclavitud, la más larga esclavitud de las Tres Américas, el problema social ha llegado a la agenda política.

El presidente Lula viene de una numerosa familia que vivía en la miseria. Nilo Pecanha, otro presidente en 1909, vino de la pobreza. La diferencia es que el pobre tiene lo indispensable, el miserable no.

Lula en la Asamblea General de la ONU propuso la creación de un Fondo Mundial contra la Pobreza, propuesta que la FAO se hizo eco. Hambre Cero, que también se denomina Hurto Cero, porque el dinero del programa no pasa por la administración de los municipios, está haciendo de Brasil un país menos desigual.

Tarjeta de alimentación
Un paso medular en la política interna es el proyecto de unir los programas sociales, que facilitará bajar el nivel de la indigencia, con la recepción de más recursos por las familias con hijos en edad escolar. El dinero lo recibe directamente cada familia, en su mayoría las madres, eliminándose el mecanismo corruptor que utilizan los regímenes asistencialistas.

Hambre Cero se inspira en las bondades de la microeconomía. Combina las políticas locales con las políticas específicas, como el caso de la tarjeta de alimentación, los microcréditos con tasas de 2% al mes, mientras que en la red privada de bancos sigue siendo 8% ó más. Ese proceso ha pasado por las comunidades eclesiales de base, por los movimientos populares, por la creación de la Central Única de los Trabajadores, del Movimiento de los Sin Tierra, de los movimientos populares, de partidos progresistas.

La economía presenta un gran potencial de crecimiento y cuenta con un interesante mercado consumidor, que fue duramente afectado por la inestabilidad a mediados de los años ochenta. En la década pasada las inversiones aumentaron a buen ritmo, en la producción de automóviles, aparatos electrónicos, televisión, bebidas, cemento y otros productos. A pesar de ese pasado con gran inestabilidad política y crítica situación social, ahora, después de la crisis 1997-99, el país atraviesa por grandes transformaciones, y su economía se ubica entre las diez más grandes del mundo.

Los pronósticos fatalistas no se cumplieron y al finalizar el siglo, el producto interno bruto se estabilizó desde la implantación del Plan Real. La balanza comercial mejoró sus resultados al comenzar el 2000, con un saldo favorable frente al déficit del año anterior.

Lula en su primer gobierno se opuso a mantener un modelo económico similar al de su predecesor Fernando Henrique Cardoso. Su gestión se caracterizó por resultados económicos como la baja inflación, alta tasa de crecimiento de PIB, reducción del desempleo, mayor división de ingresos y aumentos de la balanza comercial.

Rechazo al FMI
La medida económica más notoria ha sido la de liquidar anticipadamente el pago de las deudas con el FMI y el Banco Mundial, paso criticado por los grupos más radicales que le recuerdan a Lula la promesa de cuando estaba en la oposición: el Partido de los Trabajadores (PT) exigía una “auditoría” de la deuda externa y un referéndum para rechazar los dictados del FMI. Respecto a la corrupción, Lula pudo deshacerse rápido de la mafia de funcionaros que medraba con los aumentos de la planilla pública.

El neoliberalismo en los años 80 y 90, con la práctica irresponsable de privatizaciones, destruyó la estructura del Estado. Superar el desorden no es tarea fácil. Es satisfactorio el anuncio oficial que la economía está volviendo a crecer y que en el 2009 tendrá una “situación virtuosa”, debido a sus reservas y un mercado interno con gran potencial, según informa el presidente Lula al presentar la candidatura de Rio de Janeiro para los próximos juegos olímpicos.

La política exterior de Brasil se está traduciendo en un endurecimiento de las posiciones con la Unión Europea, no obstante la simpatía que Lula contaba de los líderes europeos, tanto de los socialdemócratas como de los liberales. Durante el gobierno de Henrique Cardoso (1995-2002) Brasil prometía negociar acuerdos comerciales con la UE y menos con los EEUU. En la fase Lula (2003-2006) se predicó las bondades de un acuerdo comercial entre UE y Mercosur, debido al mayor potencial de beneficios del que sería posible alcanzar con los EEUU.

Un balance provisional de la política exterior de Brasil hacia Europa, en el período Lula, arroja una preocupación para los intereses brasileños en el Viejo Continente, respecto a las negociaciones comerciales y en las propias relaciones euro-brasileñas, porque estaría prevaleciendo un fuerte sesgo a favor de las alianzas Sur-Sur.

Críticas y proyecciones
Diversos observadores critican algunos trazos de continuidad entre la política liberal del presidente Cardoso y las orientaciones económicas de Lula. La política económica del Brasil está subordinada a los criterios del FMI, especialmente a partir de la aceptación del pago de la deuda externa.

La oposición de los propietarios de tierra y las restricciones presupuestarias gubernamentales no permiten el desarrollo de una verdadera reforma agraria, que incluya no solo la distribución de tierras, sino también la instalación de electricidad, agua, máquinas, técnicas, entre otros servicios.

Para la administración Lula la educación sigue siendo un tema vital, objetivo que se traduce en la propuesta de canjear deuda por educación. El proyecto cuenta con apoyo de Brasil, Uruguay y Venezuela y es considerado viable por la Unesco.

Se aspira que este mecanismo de canje sea monitoreado por una institución civil. El ministro brasileño Cristovam Buarque considera que esta iniciativa permitiría desarrollar programas de alfabetización, acceso de familias pobres a la escuela y mejorar la formación de los maestros, entre otros objetivos. España ya llegó a un acuerdo de canje de deuda con Perú y Bolivia para planes de desarrollo social, y con Costa Rica, para la preservación del medio ambiente, mediante “canje de deuda por oxígeno”.

El peso del modelo brasileño
El desarrollo socioeconómico de Brasil, revela que la bifurcación del mundo se polariza. Si desde hace unos 500 años, los capitalistas reubican sus centros de producción cada cuarto de siglo, Brasil es un nuevo eje. El modelo brasileño en marcha, revela un viraje para encontrar respuestas salvadoras al despoblamiento rural, a la crisis ecológica y la densificación de las ciudades.

Y esta presión agudiza los dilemas fiscales de los estados, y la democratización se convierte en clave para detener las perturbaciones que aumentarán en diferentes direcciones. El éxito del Brasil a largo plazo, dependerá de las reformas, entre ellas la de reforma agraria y las condiciones internacionales. Lula buscará rescatar el Mercosur, apoyar al Alba promovido por el gobierno venezolano de Chávez y mantener presencia en foros como el G20. Brasil tiene un peso específico en América. Forma parte del BRICM formado por las potencias emergentes de Brasil, Rusia, India, China y México.

En la reciente cita de Pittsburgh, la vieja ciudad del acero, hoy sede de una de las mejores universidades norteamericanas, los presidentes Obama y Lula coincidieron en la necesidad de fortalecer los controles públicos para evitar la repetición de la catástrofe financiera que explotó el año pasado en el Wall Street. Lula, elegido para un segundo gobierno hasta el 2011, con el mayor voto de la historia democrática brasileña, se ha convertido en un líder carismático y la comunidad latinoamericana considera hoy que no será defraudada.

Jorge Zavaleta
Colaborador


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD