Guerra sin fronteras y muchos intereses

“La violencia en Colombia es tan antigua como Colombia misma”. La frase, etnográfica y desoladora a la vez, que es una suerte de mantra andino para explicar lo que tal vez no tiene explicación, quiere dar cuenta de ese estado de guerra civil permanente o intermitente que asuela a Colombia desde hace ya más de medio siglo. Los orígenes más antiguos del conflicto se remontan a la resistencia de la sociedad rural contra varios intentos prácticamente salvajes de modernización que se suceden a lo largo de la primera mitad del siglo XX.

| 09 marzo 2008 12:03 AM | Informe Especial | 535 Lecturas
Guerra sin fronteras y muchos intereses
Las FARC: un estado dentro de otro estado.
Un punto de vista mexicano sobre el conflicto, pone en evidencia aspectos de las FARC poco conocidos.

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¿Y AHORA QUÉ?

La pregunta es: ¿qué sigue? Si Uribe no logra, ya sea por vía militar o política, bloquear el paso de las FARC a través de territorio venezolano y ecuatoriano, la guerra civil en Colombia se inclina de alguna manera en favor de los guerrilleros. ¿Qué tanto? Imposible saberlo. Pero si eso sucede, Estados Unidos puede levantar las cejas. Colombia ha estado en la agenda de las posibles intervenciones de Washington desde los años 60. La pesadilla sería entonces la iraquización de Colombia.
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En los años 60, ya articulada por el imaginario de la Revolución Cubana y el auge de las rebeliones guerrilleras, la guerra civil cobró el giro que cobraron la mayor parte de las rebeliones armadas de la época: una lucha por reformas relativamente moderadas (políticas sociales, sobre todo en el campo; Estado constitucional y régimen de garantías políticas) envuelta en la retórica de la utopía revolucionaria.

Con la caída de la Unión Soviética llegó el desamparo ideológico, pero también el pragmatismo político y militar. En un mundo global, vertebrado por presiones, comercio y tráficos extraterritoriales, las FARC se revelaron como una fuerza con una eficacia asombrosa de adaptación. Prácticamente, se transformaron en un Estado en el Estado. O si se quiere: en otro Estado.

Creer que se trata de un grupo guerrillero más es creer demasiado en lo que dicen las televisoras. Las FARC controlan un vasto territorio. Recaudan impuestos, designan autoridades y cuentan con un sistema judicial propio. Administran un sistema escolar y un sistema provisional de salud, proveen dividendos económicos a quienes las siguen y garantizan equilibrios sociales en sus zonas de influencia. Como todos los estados de la región, tienen pactos con el narcotráfico. Representan –obviamente– un régimen militar y militarizado. Colombia es hoy un país dividido en dos estados. Sólo así se explica la antigüedad y la permanencia de esa guerra.

Ilán Semo
La Jornada


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