Ex guerrillera favorita en Brasil

Cuando falta menos de un mes para las elecciones presidenciales en Brasil, la candidata creada y auspiciada por Lula, Dilma Rousseff, lleva una ventaja suficiente como para ganar incluso en la primera vuelta del 3 de octubre.

Por Diario La Primera | 04 set 2010 |    
Ex guerrillera favorita en Brasil
(1) Lula ha llevado literalmente de la mano a Dilma a la victoria. (2) Palacio de Planalto, sede de la presidencia de Brasil. (3) Lula avanzó, pero queda mucho por hacer contra la pobreza en Brasil

La encuesta de Datafolha difundida el pasado fin de semana concede a Rousseff 47 por ciento frente a 30 por ciento del socialdemócrata José Serra y 9 por ciento de la ecologista Marina Silva. Esa diferencia parece imposible de descontar en menos de un mes, sobre todo porque su candidatura viene creciendo sin parar desde hace ya más de un año.

El ascenso de Rousseff es asombroso: tres meses atrás estaba empatada con Serra; un año atrás tenía apenas 16 por ciento de las intenciones de voto mientras Serra ostentaba más de 40 por ciento; a principios de 2009 tenía apenas 8 por ciento del electorado. En poco más de un año pasó de la marginalidad política a convertirse en la más firme candidata a suceder a Lula.

Rousseff fue presa política durante la dictadura militar por integrar el grupo armado VAR-Palmares, luego militó en el Partido Democrático Trabalhista de Leonel Brizola, se graduó en economía y desde 2001 integra el PT. Cuando el escándalo de corrupción que forzó la renuncia de José Dirceu, Lula la nombró al frente de la Casa Civil, un cargo similar al de jefe de gabinete.

Lula ganador
A todas luces, se trata de un triunfo más del actual presidente, que luego de ocho años de gobierno se retira con casi 80 por ciento de aprobación. El apoyo popular a Lula es sólido, sostenido en el tiempo, y atraviesa todos los sectores sociales. Oponerse a Lula, dicen amigos brasileños, es como poner en cuestión la ley de la gravedad. Su hegemonía es tan fuerte que un anuncio publicitario de su adversario Serra incluye la imagen de Lula. Desde una mirada de larga duración, habrá un antes y un después de sus ocho años al frente de Brasil.

Un balance de la gestión de Lula implicaría recorrer muchos aspectos, desde el carisma personal del hombre nacido en una humilde vivienda del noreste, que sintoniza con los sentimientos de la inmensa mayoría de los brasileños, hasta su exitosa gestión estatal luego de la pesadilla neoliberal y privatizadora de los ocho años de Fernando Henrique Cardoso, cuando cerca de 30 por ciento del PIB cambió de manos, provocando un terremoto en el país.

Desde el punto de vista económico, las dos presidencias de Lula supusieron un crecimiento de 37 por ciento, que contrasta con el escaso 20 por ciento de los años 1994-2002 de la presidencia de Cardoso. Aunque no fue espectacular, permitió que casi 30 millones de brasileños (en un país de 190 millones) hayan migrado de la pobreza a las clases medias, algo inédito en la historia del país y una de las claves del masivo apoyo a Lula.

Frutos económicos
Los frutos de este crecimiento no se repartieron de forma pareja. Las ganancias de la gran banca aumentaron 420 por ciento bajo Lula. Sólo tres bancos (Banco do Brasil, Itaú-Unibanco y Bradesco), que controlan 80 por ciento del mercado, ganaron en ocho años 95 mil millones de dólares, frente a 18 mil millones que habían ganado bajo el mandato de Cardoso. El capitalismo brasileño vive una profunda reorganización mediante un proceso de centralización y concentración lubricado por el Estado por conducto del BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social), el mayor banco de fomento del mundo.

El apoyo a las grandes empresas brasileñas les está permitiendo competir en buenas condiciones en el mercado internacional, al fusionarse y convertirse en multinacionales exitosas con financiación estatal y de los fondos de pensiones. Brasil Foods, fruto de la fusión entre Sadia y Perdigao, se convirtió en la mayor exportadora de carne procesada del mundo.

La semiestatal Petrobras figura entre las cuatro mayores petroleras, la privatizada Vale do Rio Doce es la segunda minera del planeta y Embraer la tercer aeronáutica detrás de Boeing y Airbus. La fusión de Votorantim y Aracurz creó la cuarta procesadora de celulosa del mundo y la fusión de Itaú y Unibanco lo coloca entre los 10 mayores bancos. Las multinacionales forman parte del nuevo papel de Brasil en el mundo.

En segundo lugar, el amplio apoyo a Lula no podría explicarse sin políticas sociales como Bolsa Familia, que supone transferencias monetarias muy bajas (entre 12 y 114 dólares) pero que llegan a 50 millones de personas, uno de cada tres brasileños. Sobre todo en el noreste este tipo de programas consiguieron modificar el escenario político electoral construyendo un sólido apoyo a Lula. Todos los estudios aseguran que se produjo una fuerte disminución de la pobreza, aunque Brasil sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo.

Potencia global
La tercera cuestión, quizá la determinante, es que bajo Lula Brasil se ha convertido en potencia global. No sólo forma parte del cuarteto de países emergentes conocido como BRIC (Brasil, India, China y Rusia), sino que se ha ganado un lugar en el mundo que se evidenció en el acuerdo entre Turquía, Brasil e Irán para solucionar el conflicto a raíz del enriquecimiento de uranio. En Sudamérica, la UNASUR creada bajo impulso de Brasilia ha conseguido desplazar a la OEA en la resolución de conflictos regionales.

Bajo el gobierno Lula se aprobó la Estrategia Nacional de Defensa, que establece como prioridades la protección de la Amazonia y de los hidrocarburos de la plataforma marítima, la reorganización y modernización de las fuerzas armadas, con capacidad de fabricar desde submarinos hasta cazas de quinta generación, mientras el país ya domina todo el proceso que le permitirá construir armas atómicas.

Por último, los movimientos sociales están en su peor momento desde la década de 1980. La profundización del neoliberalismo y la expansión de las políticas sociales están en la base de la creciente debilidad de los movimientos. Los ocho años de Lula lanzaron a Brasil como potencia global y regional en desmedro de Estados Unidos, instalaron una nueva élite en la administración del Estado y debilitaron la lucha anticapitalista. Los tres hechos son parte inseparable de un mismo proceso.

Analistas: La suerte está echada
La candidata presidencial brasileña Dilma Rousseff puede superar el número de votos obtenidos por Luiz Lula da Silva en 2006, según encuestas difundidas el miércoles último que prevén su victoria en la primera vuelta ante José Serra, quien la acusó de corrupcion electoral y aseguró que revertirá su desventaja.

El comando de campaña de Rousseff, instalado en Brasilia, se propone asegurar la ventaja que, según un último sondeo tiene 51 por ciento de la intención de voto, frente a 25 de Serra.

El estudio de Vox Populi, con una muestra de 2,000 personas, evidencia que la representante del Partido de los Trabajadores avanzó 5 puntos desde el 17 agosto, día en que comenzó la propaganda televisiva que la muestra junto a Lula da Silva.

Marcos Coimbra, director de Vox Populi, al igual que otros encuestadores, atribuyen el avance de Rousseff a la transferencia de popularidad que le proporciona Lula, cuya aprobación ronda 80%.

Según Ricardo Guedes, director de la consultora Sensus, “la suerte de la campaña ya está echada”, y salvo algún hecho “imponderable”, es “poco probable” que se altere la tendencia a victoria oficialista en el primer turno, el 3 de octubre.

Comenzó rezagada y ahora es imparable
Impulsada por la gestión y la imagen de Lula, la candidata del Partido de los Trabajadores ve cada vez más cerca su llegada al Planalto, el palacio de gobierno de Brasilia, lo que garantizaría la continuidad de las exitosas políticas que se llevan a cabo en Brasil desde el año 2003.

La tendencia de apoyo a Roussef se ha consolidado desde comienzos de este año, cuando había empezado muy rezagada con respecto al candidato derechista y era muy poco conocida por el pueblo brasileño.

Si se cuenta solo los votos válidos (sin blancos ni nulos) obtendría un 55 por ciento de apoyo, lo que le permitiría llegar al Palacio Planalto en primera vuelta. En tercer lugar con el 9 por ciento se posiciona Marina Silva, del Partido Verde.

La razón principal de este crecimiento es que el presidente Lula, que hoy obtiene casi un 80 por ciento de imagen positiva, la puso a su lado en todos sus actos oficiales y recorre todo el Brasil haciendo campaña junto a la ex ministra de energía.

Inclusive en el estratégico estado de San Pablo, que constituye el casi un cuarto del padrón electoral con 30 millones de votantes, la candidata del PT supera por cinco puntos a Serra, en un territorio que históricamente ha constituido el bastión de la socialdemocracia.

En tanto la ventaja de la abanderada oficialista en el estado de Minas Gerais saltó a un 19 por ciento, desde 6 puntos en el último sondeo. Serra también perdió apoyo en Rio Grande do Sul, considerado un bastión de la oposición en el sur.

Desesperación
Ante este negro panorama para la oposición, Serra cambió de táctica y pasó de una convivencia pacífica con el oficialismo, a atacarlo frontalmente, lo que constituye un desesperado intento de remontar en las encuestas que hace un año atrás los daba como seguro ganador.

Sólo como un intento de desestabilizar la candidatura de Roussef deben interpretarse las declaraciones hechas en las últimas semanas por figuras del PSDB, partido de Serra, que han preconizado una “mexicanización” de Brasil si el partido de gobierno sigue en el poder, aludiendo a la permanencia del PRI por siete décadas en el poder del país azteca (1929-2000).

Sin embargo, salvo una jugada fuerte de último momento, resultaría muy sorpresivo que la tendencia se revirtiera. La exitosa gestión de Lula, ocho años de crecimiento y la excelente opinión que tienen los brasileños de de su figura ha convencido a muchos a ratificar el rumbo.

Para el pueblo brasileño, que gane la ex guerrillera significará que sigan las políticas sociales que impulsó Lula, el afianzamiento del rol del Estado en la economía y el mejoramiento de los niveles de vida de los sectores más populares.

Para América Latina, la continuidad de las relaciones exteriores que cultivó Lula representaría la consolidación de Brasil en como líder indiscutido en el cono sur y sería una reafirmación de la integración regional que impulsa justo a Venezuela, Argentina, Uruguay, Bolivia y Ecuador y que ha puesto a organismos como la Unasur, en el centro de la escena a la hora de resolver diferencias entre naciones, sin requerir de ayudas externas a la región.

Raúl Zibechi
Visiones Alternativas

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