Evo se fortalece pero no le dan tregua

Una conspiración internacional manejada por el ex embajador de Estados Unidos en Bolivia, Philip Goldberg, y cuya mano local es la camarilla oligárquica, neoliberal y fascista de los departamentos de la “media luna” que no se resignan a perder, después de sufrir una aplastante derrota en el referéndum revocatorio generaron una severa crisis política destinada a ‘tumbarse’ al presidente Evo Morales. No lo consiguieron. Pero la guerra aún no ha acabado.

Por Diario La Primera | 23 set 2008 |    
Evo se fortalece pero no le dan tregua
(1) Evo Morales ha dejado sus dudas ahora que el pueblo le ha dado su total apoyo. (2) La masacre contra el pueblo es la única arma de los fascistas. (3) Los simpatizantes de Evo bloquearán Santa Cruz hasta el término de las negociaciones. (4) El rechazo a los prefectos de la ‘media luna’ es cada vez mayor.

¿Qué está en juego realmente en Bolivia? ¿El gobierno de Evo Morales? ¿El proyecto de un nuevo socialismo que recoja las aspiraciones de las mayorías de fundar un Estado plurinacional e inclusivo, distinto al Estado oligárquico proveniente de la Colonia y maquillado en la República? ¿Quizá la transformación de la estructura latifundista de propiedad de la tierra? Todo eso y mucho más.

Para entender la actual lucha es necesario observar la historia y acompañar los combates de los pueblos originarios contra la estructura social y económica que fue impuesta mediante la violencia y la masacre.

Desde Túpac Katari
Las sublevaciones indígenas iniciadas en la época colonial tuvieron su culminación en 1780 con el alzamiento de Túpac Katari. Estas insurrecciones produjeron una memoria libertaria transmitida de padres a hijos.

En el siglo XX, sucesivas rebeliones como la de Jesús de Machaca en 1921 o la de Chayanta en 1928 terminarían en nuevas masacres. Y a ello se agregaría otras: marchas por tierra y territorio, las guerras del agua y las del gas. Sin dejar de hablar de la resistencia contra los golpes militares apadrinados por Estados Unidos y los grupos en el poder.

Todas estas batallas llevaron siempre un sello democrático y popular, pero no se quedaron solamente en la lucha por las libertades políticas.

Como señala Ramiro Lizondo Díaz, de la agencia ALAI, “la República se sostuvo hasta hoy sobre la explotación de la fuerza de trabajo indígena y la base de recursos naturales. El expolio y explotación consolidó una estructura social e institucional vinculada a la producción y exportación de materias primas, consolidando en el largo plazo, una condición de dependencia que lo convirtió en uno de los países más pobres del hemisferio occidental”. Es contra ello que se sublevó el pueblo.

Fue una guerra larga que consolidó una cultura revolucionaria y de resistencia anticolonial, destinada a cambiar las bases mismas de la actual organización política y económica. Ello implicó una visión contraria al Estado criollo, actualmente obsoleto, para construir una verdadera modernidad en que la democracia tenga contenido social.

Aymaras al poder
Encarnando la historia centenaria por el cambio, el “indio” Evo Morales se unió a los sectores populares y asumió su representación. Los sucesivos levantamientos contra el neoliberal Sánchez de Lozada y el reformista criollo Carlos Mesa, lo catapultaron al poder.

La recuperación del Estado para las mayorías bolivianas, especialmente para los aymaras o ‘collas’, la transformación del campo acabando con el latifundio, la construcción de autonomías regionales en que los indígenas mantengan sus derechos y costumbres milenarias; todo ello recogido en una nueva Constitución, es gran parte de su programa político.

Como es obvio, la minoría que gobernó el país está desesperada pues siente que su poder se desvanece. No puede recuperar el gobierno central y está aislada internacionalmente. Su única arma es hacer que Bolivia se torne ingobernable.

Sostenida únicamente por el imperio estadounidense, su extremismo de derecha –fascista y racista– crece. Desde el referendo revocatorio de agosto, la ilegalidad de la oposición prefectural muestra su abandono total de la democracia representativa y su apuesta por la violencia extremista.

Evo cobra fuerza
Sin embargo, Evo Morales tiene a su favor el apoyo de las urnas y del pueblo organizado, dispuesto a defender una reforma radical frente a la plaga oligopólica y latifundista, contraria a los intereses nacionales. A lo que hay que agregar el tremendo error de este grupo, que agitó la bandera del separatismo y, con ello, descartó el posible apoyo de los militares a un golpe de Estado.

Todo esto le da a Evo una tremenda fuerza en esta nueva etapa, distinta a las vacilaciones que lo caracterizaron previamente. Hoy debe asumir el reto de interpretar a su pueblo y su historia. Pero sólo podrá lograrlo si lo incorpora a las luchas como parte esencial y no se cree un adalid. Felizmente nada muestra que su camino sea ése.

La masacre de Pando
“Los indígenas y campesinos se dirigían por la vía principal de El Porvenir (una población cercana a Cobija, la capital de Pando), iban a realizar un ampliado y la caravana venía precedida por un tractor rojo, una volqueta blanca y una camioneta roja. Los sicarios del prefecto Leopoldo Fernández paran a la caravana. “Indios de mierda, váyanse de aquí o los mataremos”, los amenazan. Los campesinos casi no gritan ni piden nada, simplemente aceleran sus vehículos para romper el bloqueo, pero las descargas de fusilería los vencen, los detienen. Unos rompen una cerca y huyen hacia el río. Los sicarios los persiguen y les plantan el tiro en la espalda… La masacre de Pando tiene un solo culpable: Leopoldo Fernández”. Marcelo Rojas, “Genocidio de indígenas y campesinos en Pando. La masacre del Cacique”.

Leopoldo Fernández fue funcionario de los dictadores Luis García Meza y Hugo Bánzer. Denominado el “cacique”, Fernández tuvo una prolífica carrera política, en la que combinó prebenda, imposición y amedrentamiento.

Julio Altmann
Redacción


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