Escribir para que la verdad sea Dicha

El siguiente es un texto inédito. Lo escribí hace cuatro años para una antología que no lo publicó por motivos que no desconozco y que hoy no interesan. Por razones de espacio y de oportunidad, omito algunos párrafos.

| 29 mayo 2008 12:05 AM | Informe Especial | 1.3k Lecturas
Escribir para que la verdad sea Dicha
(1) El poeta, en sus años de gran soledad. (2) En la sierra de Guadarrama, España. (3) ¡Empacho! (4) 1964. Tomás Escajadillo, Francisco Bendezú, Max Gutiérrez, Alejandro Romualdo, Carlos Germán Belli y Arturo Corcuera.
Recuerdos y reflexiones sobre Alejandro Romualdo Valle.
1350

El poeta más atacado, más defendido y más silenciado en la segunda mitad del siglo XX: eso es Alejandro Valle. Es ahora también el más solitario.

En uno y otro lado de 100 trincheras se le vitupera o alaba por su condición de poeta social; es decir, de poeta que no cierra los ojos para ver realidades monstruosas, conflictos, tragedias, recuerdos y esperanzas.

Se exalta mucho en estos días la poesía así como la narración intimista, de cámara cuando no de cama, o el relato parcial, que calla crímenes o no acusa a los criminales, y la fuga hacia paraísos verbales. Hay quienes ensalzan la pura música del verso, olvidando que la música, soberana de las artes, es otro reino. La poesía es ritmo, energía, canto, pero con palabras. Y éstas se hallan cargadas de referencia al tiempo, el espacio, la gente. “El reino del poeta es el mundo, colocado en el foco de su tiempo”, escribió Novalis. Precisamente, Alejandro Romualdo ha levantado la voz para clamar verdades de nuestro mundo, de nuestro tiempo. En días de dictadura y podredumbre, entonó en voz alta un canto de denuncia y rebelión. Desde 1953, año de su regreso de España, entró en la pelea contra el tirano Manuel Arturo Odría, y no sólo con versos, como veremos.

Quería, como escribió en el primer poema de Como Dios manda, que “La verdad sea Dicha”.

El Perú, este país dominado por la oligarquía de los amos y el oligopolio de los medios, lo ha silenciado, trata de ignorarlo.

Fuerza testimonial
El gran poetas irlandés Seamus Heaney escribió en 1972, mucho antes de recibir el Nobel de Literatura: “De un lado, la poesía es secreta y natural; de otro, debe abrirse paso en un mundo público y brutal…buena parte de la sensibilidad radica en la estructura mental por el hecho de pertenecer a un lugar, unos ancestros, una historia, una cultura o como se la quiera llamar. Pero la conciencia y la lucha con uno mismo son el resultado de lo que Lawrence llama ‘las voces de mi educación’.”

Lo cierto es que Valle ha suplido la falta de pormenores de su vida con la fuerza testimonial de sus versos: “Cada libro, en mi caso, expresa un determinado momento de mi vida”.

Vive aislado en los últimos años. Casi nunca acude a conferencias, agasajos o presentación de libros, Rehúye las visitas, incluso de viejos amigos. Enclaustrado en el silencio, apretado por los garfios de la pobreza, escucha y apunta las voces de la historia. Dícese que incluso está a punto de perder su casa. Hace poco donó toda su biblioteca a la Casa Museo José Carlos Mariátegui, signo de que su aparente misantropía no es, pese a desengaños, prueba de infidelidad a los nobles ideales que encendieron su vida.

Ahora, la verdad sea dicha: muchos de los que lucharon por esos ideales y lo dieron todo por ellos, sin recibir premio, como no sean la prisión, la tortura, el destierro o el asesinato, se han desilusionado debido a autoritarismos y crímenes del socialismo real. “Hemos sido engañados”, me dijo un distinguido intelectual. “La política nos dejó sin futuro”.

Temprano publicó Valle dos libros: Cámara lenta y El cuerpo que tú iluminas. Eran manifestación de que no era un poeta monocorde y que cambiaba al ritmo no sólo de las influencias literarias, sino de la realidad. Era señal de que no se encerraba en la llamada poesía pura. Ese mismo año viajò a España, gracias a una beca del Instituto de Cultura Hispánica.

La poesía y las masas
Algunos de los grandes de España- en materia literaria- han expresado más de una vez su admiración por Valle. Arturo Corcuera me cuenta que Blas de Otero le dijo que Romualdo era el poeta mayor de América Latina, muertos César Vallejo y Pablo Neruda, esas dos cumbres. Allá por 1966, recuerda Arturo, Vicente Aleixandre le preguntó por Valle y le dijo: “Sé que, además de gran poeta, es un gran luchador”. Aleixandre, junto con Carlos Bousoño, Gabriel Celaya, José Luis Cano y otros, pedirían en marzo de 1965 la libertad del poeta peruano, cuando este fue detenido, en febrero de 1965, en una redada que el gobierno de Manuel Prado practicó por inspiración de Washington.

A los 22 años de edad, Alejandro Romualdo publicó su primer libro, La Torre de los Alucinados, que mereció el Premio Nacional de Poesía. Eran versos, ha dicho, de sus días de colegial.

Por esa época estudiaba en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, también en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Pocos saben que, aparte de caricaturista excepcional, es un notable pintor. Algunos amigos dicen que prepara una exposición de sus cuadros. Acompañan a estas líneas uno de sus dibujos. Por ejemplo, aquel en el que, frente a un preso colgado y con la lengua afuera, el médico de la policía diagnostica: “Empacho”. La audacia se valora si se toma en cuenta que esa estampa se publicó en la revista Pan, en la edición del 28 de octubre de 1949. Un día antes, el 27, Odría, había celebrado el primer aniversario de su cuartelazo.

Pero volvamos atrás. En su estanción europea, Valle no se emparedó en España. Hacia constantes viajes a otros países europeos.

Sobre esa etapa ha recordado que un día llegó a Italia. “Llegué a Florencia cuando había una manifestación enorme-como nunca en mi vida había visto- del Partido Comunista rechazando la guerra bacteriológica en Corea. Esas dos experiencias (la de la España represiva y la de Italia) fueron decisivas para lo que después voy a hacer en España Elemental y Poesía Concreta, poemarios escritos en España, pero editados luego. También para mí fue importante estar en contacto con la herencia hispanica. Ya les he hablado de Góngora. En esta época leí mucho a Quevedo, a los poetas del 21. Conocí a Vicente Aleixandre y trabé amistad con Blas de Otero, que hacía cosas similares a las que yo intentaba. Nuestras similitudes no eran casuales ya que ambos escribíamos bajo la influencia-captada en forma consciente- de Vallejo”.

Basta de agonía
Con rico bagaje de letras y visiones regresa al Perú en 1953. Trae bajo el brazo un cuarto libro, Poesía Concreta.

Con el fin de la dictadura de 1956 se abrió en el país un paréntesis democrático. Yo acababa de salir de largos años de cárcel cuando aparecieron, en el cielo remendado de nuestra cultura, Juan Gonzalo Rose y Gustavo Valcárcel, retornados del destierro. En esos días emerge la gran poesía de Valle, cuyo anticipo es el poema “Dios Material”. En universidades, locales sindicales, teatros, plazas y caminos llenaron de ánimo y esperanza a multitudes. Fue un gran despertar de la poesía y de la gente.

En 1986 en Poesía Integra, libro que recoge toda su obra hasta entonces editada y que contiene el poema, “Dios Material”: Poesía Concreta” señala un viraje y a partir de su primer poema, “A otra cosa”, expresa en forma programática la voluntad de alejarse de la angustia, considerada estéril y sin salida. Proclama por eso, en forma enérgica, “Basta ya de agonía”.

En la batalla
En los años 1957-1958 intimé con Valle, por una común militancia comunista. De esos años recuerdo su capacidad creativa, su tenacidad antidogmática y su humor. Tenía siempre a mano el juego verbal, la cita clásica o la travesura. En 1960 fundó la revista política y cultural ”Tareas del pensamiento Peruano”. Allí, en el número de mayo-junio 1960, publicó el texto de mi conferencia dada en la vieja casona de San Marcos titulada “Por la nacionalización del petróleo”. Mi exposición había ocurrido el 8 de marzo de ese año, dentro de un ciclo organizado por el Centro Federado de Estudiantes de Derecho de San Marcos. Ese trabajo mío era parte de una campaña que había yo iniciado mucho antes en la prensa chica, y que terminó con la expulsión de una empresa que durante años había demostrado que había estafado al país.

Poco después surgirían al Frente Nacional de Defensa del Petróleo y el Frente de Liberación Nacional, organismos ambos presididos por ese gran patriota que fue el general César Pando Egúsquiza. Recuerdo que Valle fue editor del periódico Frente, órgano del FLN. Allí trabajábamos a puro pulso, vale decir, sin paga.

De la campaña electoral del FLN en 1962 recuerdo cómo los frentistas del Rímac organizamos el primer mitin público que realizara desde los años 30 la izquierda marxista. Lo inicié con esta frase acuñada por el poeta: “Los pobres no deben votar por los ricos, porque los ricos nunca votarán por los pobres”.

¡Cuánta actualidad tiene ese lema, 42 años después!

Nacido en días trágicos
La trayectoria de Alejandro Romualdo Valle está cargada de historia trágica. Nació en Trujillo el 19 de diciembre de 1926, y tenía seis años de edad cuando estalló la rebelión popular trujillana, que dirigió, a la cabeza de una masa de obreros de la caña, Manuel “Búfalo” Barreto, proveniente de las filas del anarquismo peruano y recién afiliado al Apra. Sabido es que el levantamiento fue aplastado a sangre y fuego, que durante él se ocurrió el primer bombardeo aéreo a una ciudad abierta que se haya producido en América y que todo culminó con el fusilamiento de miles de insurrectos. El futuro poeta debe de haber escuchado el rumor de las balas y los comentarios hogareños y vecinales. La violencia preside la historia del Perú.

Valle es poco autobiográfico. En todo caso, respecto a los primeros años de nuestro personaje hay que atenerse a algunas conjeturas. Es así, probable que haya estudiado en el colegio San Juan, de Trujillo, famoso por el hecho de que allí enseñó César Vallejo en los días en que Ciro Alegría era un pequeño andino bajado a la ciudad costeña. Ciro, otro silenciado y desdeñado (¿por qué será?), ha dejado bellísimo testimonio de esa etapa vallejiana en “El César Vallejo que yo conocí”.

César Lévano
Director


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