Esclavizan niños para extraer oro

La explotación del oro en los Andes y la Amazonía plantea una urgente y total revisión de las normas nacionales e internacionales, incluyendo las de entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM), entre otras, para que la cooperación técnica y financiera sea realmente un instrumento adecuado y pueda reducir la pauperización de la infancia y también en armonía con la labor de esa masa anónima de “consultores” que opera en condiciones de marginalidad, sin el reconocimiento de sus mínimos derechos laborales.

Por Diario La Primera | 22 ago 2008 |    
Esclavizan niños para extraer oro
(1) Los niños de La Rinconada trabajan en las peores condiciones: cargando, chancando y tamizando el material que extraen de las canteras artesanales. (2) Para la explotación no hay edad, nada se respeta. (3) En muchos casos, los menores explotados trabajan al lado de sus padres. (4) Bateando el material del que se extraerá el oro.
Menores son explotados en Puno, a más de 4 mil metros de altura, en penosas faenas de extracción del metal precioso.

Sobre los cuatro mil metros de altura, donde el frío y el viento azotan sin clemencia, los niños peruanos trabajan como esclavos junto a sus padres o solos para extraer el oro de Ananea, Sina y Cuyo Cuyo, en la zona de La Rinconada, en las provincias de Putinas y Sandia, ubicadas en la frontera peruano boliviana, cerca al lago Titicaca. Estadísticas oficiales indican que las muertes en esa zona, en su mayor parte, son consecuencia de accidentes e intoxicación por monóxido de carbono, y que es difícil detectar la silicosis, porque no hay equipos médicos para certificarla.

“En Puno, varias comunidades campesinas producen algunas toneladas de oro, pero allí sólo se observa pobreza y violencia. Al Estado no le interesa tener presencia en “zonas de conflicto”, reflexiona Ernesto García, representante de World Learning, un proyecto educativo financiado por el BID en las montañas de La Rinconada, Cerro Lunar, con proyección a una decena de poblados.

En La Rinconada, pueblo habitado por unas 30 mil personas, donde el municipio ha registrado más de 150 burdeles y karaokes, el gobernador Lucio Cárdenas, es una autoridad simbólica, sin recursos fiscales. Cálculos informales estiman que la producción anual de oro en La Rinconada supera una tonelada, aunque el Ministerio de Minas registró en el 2005 sólo 109 kilos.

Cada contratista emplea entre 100 y 400 trabajadores. “Los dirigentes de la cooperativa son muy activos, viajan por Lima y el mundo, están muy enterados de los precios del mineral, pero esa dinámica gremial no favorece a sus asociados”, comenta Pedro Cárdenas, un socio de la organización autogestionaria. En el presente año el precio de la onza de oro ha superado los 1,500 dólares.

El poco dinero que gana el padre de familia es apenas complementado con el magro ingreso de las mujeres o “pallaqueras” que realizan sus faenas acompañadas de sus menores hijos. Dominga Murga lleva más de 12 años trabajando en La Rinconada. “Hasta ahora sólo he ganado para supervivir”, afirma.

Lideresa ejemplar
La siguiente es una breve historia que se multiplica alevosamente en centenas de proyectos descentralizados financiados por las multilaterales como el BID.

La noche del 22 de enero de 2007, una ráfaga de metralleta acabó con la ejemplar lideresa de los niños del altiplano, Elsa Checmapocco (42). Ella viajaba de La Rinconada-Sina a la capital de Puno, luego de una agotadora semana laboral. Sin embargo, su desaparición no ha motivado preocupación alguna de las autoridades. Dos meses después de ese lamentable hecho, la administración central del BID, en Washington, decidió cumplir el protocolo con la muerte.

Entre Lima-Puno-Lima hay unos cinco mil kilómetros por carretera. Un chofer del BID tuvo que recorrer esa larga ruta en un lujoso vehículo, únicamente para trasladar a la Misión del BID que llegaba en vuelo de primera clase desde el aeropuerto Juliaca hasta Santa Rosa de Melgar (unos 60 kilómetros) donde se había programado la ceremonia de solidaridad con el alcalde y familiares de la heroína comunal. Aguardaban la visita, miembros de la Asociación de Artesanas Santa Rosita de Lima y de la Central de Artesanas de Ayaviri, organizaciones que Elsa Checmapocco fundó.

Desconocen sus derechos
La misión integrada por Ana María Rodríguez Ortiz, Christof Kuechemann y Lawson portaba las cartas enviadas por el ensimismado presidente del BID, Luis Alberto Moreno, quien desde Washington reconocía que Elsa Checmapocco era "una líder, defensora de los derechos de todos, de gran autoridad moral y siempre dispuesta a ayudar al prójimo" y “activa catequista, jueza de paz, fundadora de barrios y de varias organizaciones productivas”. Acompañaban a Rodríguez cuatro expertos en cooperación técnica cuyos honorarios son envidiables para cualquier profesional, sin incluir pagos de vivienda, educación de sus hijos, seguros de salud, etc. Elsa Checmapocco buscaba apoyar a las comunidades para contrarrestar la contaminación ambiental y crear alternativas de trabajo en artesanía y bibliotecas comunitarias.

Concluida la ceremonia, el esposo de Elsa y padre de cuatro criaturas, se acercó a agradecer a la misión e indagar por los derechos que le correspondían a los familiares de la víctima. Antes de que el viudo terminara de pronunciar algunas palabras, la representante del Banco sacó de su cartera un sobre con el equivalente a un cinco por ciento de lo que gastó la comitiva. La familia sólo recibía el total de una colecta realizada entre los funcionarios de Washington y Lima. Elsa no tenía derechos.

El cónyuge de la lideresa prefirió ocultar su dolor ante semejante afrenta. Los “consultores” no tienen derechos de indemnización. Pero en otros auditorios esos mismos funcionarios colombianos Luis Moreno y Rodríguez, quienes alientan la campaña reeleccionista de su paisano Uribe, ensayan otro discurso: “Todo empleado del Banco debe recordar que su remuneración proviene del aporte de aquellas personas que viven con menos de un dólar por día”.

Un metal que no brilla para las comunidades
El oro podría ayudar a mejorar la vida de miles de familias, siempre y cuando se elimine el trabajo infantil y que, por ejemplo, los organismos cooperantes trabajen con austeridad productiva. El Nobel de Economía Joseph Stiglitz ha dicho más de una vez que la burocracia sea más imaginativa “y deje de hacer turismo con el dinero de los más pobres”.

La OIT estima que en el presente quinquenio se podría rescatar a un millón de niñas y niños que trabajan en las minas y canteras artesanales. Para concretar esta propuesta, dice candorosamente la OIT, se espera que Brasil, Colombia, Ecuador, Nicaragua, Filipinas, Ghana, Mongolia, Pakistán, Perú, Senegal, Tanzania, Burkina Faso y Togo suscriban el compromiso.

Sólo entre Colombia, Bolivia, Ecuador y Perú más de medio millón de niños operan en las principales áreas de la explotación de oro, plata, estaño, carbón, esmeralda y canteras de arcilla.

Según diversos estudios, el oro en el Perú no es un recurso generador de riqueza local. Sin embargo, se observa que la minería podría resolver la suerte de no menos 50 mil familias, tomando en cuenta que la minería artesanal produce unas 20 toneladas de oro que, a precios internacionales, significan unos 150 millones de dólares.

Jorge Zavaleta
Colaborador


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