“Es la economía, estúpido”

La delincuencia juvenil en el Callao es una de las consecuencias del neoliberalismo que ocasionó la pérdida de miles de puestos de trabajo.

| 06 mayo 2008 12:05 AM | Informe Especial | 1.1k Lecturas
(1) DEFENSA NACIONAL. Como ha sucedido a lo largo de su historia, los trabajadores porteños en las calles defienden sus derechos y su puerto. (2) PESCA. Menos peces y embarcaciones pero muchos pescadores. (3) SIMA. Personal altamente calificado quedó en la calle. (4) CIERRE. En la Av. Argentina existían fábricas textiles que quebraron y despidieron cientos de trabajadores.
Para entender los sucesos de las últimas semanas en el Callao hay que tener en cuenta la frase de campaña de Bill Clinton:

Más datos

DATO

En el 2006 en el Callao se realizó una campaña de canje de armas por alimentos. El ex alcalde, Alexander Kouri, informó a los medios de comunicación que el 70% de las armas entregadas fue de madres que se las habían quitado a sus hijos. ¿Por qué no se hizo nada, teniendo esta información?
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-¡Hey, flaco! ¿Quieres chambear?
-Sale, tío, ¿dónde es?

-Aquí cerca hay una obra, pásales la voz a tus patas, hay que “guerrear” y el que se queda en el sitio chambea. Son 300 soles para cada uno a la semana.
- Sale…

Este diálogo, repetido muchas veces, es producto del desempleo en que vive gran parte de la población chalaca y mayoritariamente su juventud, quienes vegetan parados en las esquinas del barrio, algo tan común en muchos distritos populares de Lima, pero que en el Callao tiene sus propias características.

Veinte años atrás en el Callao existían empresas públicas y privadas que empleaban a gran parte de la población chalaca. La Compañía Peruana de Vapores (CPV), la cervecería Pilsen (800 trabajadores), astilleros, fábricas que se ubicaban en los parques industriales, agencias de aduanas, entre otras fueron cerradas, una de ellas Inresa, fabricantes de línea blanca, que llegó a tener hasta 1500 trabajadores, hoy en día es un conjunto habitacional.

Otras empresas estatales como el Servicio Industrial de la Marina (SIMA), que construía y reparaba barcos, y el Terminal Marítimo despidieron en conjunto más de 5 000 trabajadores desde el ’92. El Callao aumentó su población y disminuyó su oferta de trabajo.

La pesca también se vio afectada, los pescadores artesanales, tienen que ir a otras provincias porque el mar chalaco ya no les da el sustento diario, hoy existen casi la misma cantidad de pescadores, pero menos pesca en el mar. “Nosotros pescábamos mucho Bonito, pero desde el ´89 desapareció, hace dos años regresó pero sólo por dos meses”, refiere, Pepe Alcantara, antiguo pescador de la zona de Puerto Nuevo.

El factor económico, debido en gran parte a la política neoliberal que se empezó a aplicar en el país y que arrojó a la calle a miles de trabajadores ocasionó un grave problema social en el puerto, que tuvo como consecuencias directas la desarticulación de muchas familias porque uno de los padres emigró y hubo aumento de divorcios.

No sólo empleos directos
Edilberto Mego, quien trabajó por más de 20 años en el SIMA Callao, cuenta que en los ´70 fue la mejor época de la empresa y que llegó a tener 5 000 trabajadores y en los ´90 laboraban 3,500 obreros calificados, “Muchos con cursos de especialización en el extranjero, que de la noche a la mañana nos vimos masivamente en la calle con una liquidación miserable”. Hoy el SIMA no tiene más de 500 empleados civiles. “Pero no sólo eran los empleos directos, sino que debemos considerar toda la gente que trabajaban alrededor de estas empresas, desde venta de comida, ropa, y otros hasta los que realizaban trabajos eventuales como los cargadores de cajas en la cervecería o los muchachos que iban al muelle a cachuelear”, agrega Mego.

El chalaco antiguo siempre vivió pensando en el día, con la mirada puesta en el mar, que siempre daba, y si bien mantuvo muchas costumbres de provincias, también era la ciudad más cosmopolita del Perú por la gran afluencia de marinos extranjeros que llegaban a diario al puerto. Por eso le gustaba comer y vestir bien.

Y hoy en día las necesidades de los jóvenes están más por un modelo de sociedad que los lleva a consumir nuevas modas en el vestir y vivir y donde tal vez la alternativa más a la mano para “estar a la moda”, es buscar el dinero fácil que mayormente viene de actos delincuenciales.

El tiroteo del 16 de marzo que terminó con la vida de una quinceañera y un delincuente juvenil cerca del Comando Conjunto, prendió los focos rojos sobre el uso de armas por jóvenes y adolescentes del centro del Callao. La “guerra silenciosa”, como la nombró tiempo atrás un columnista, había llegado a Lima a partir de esa fecha muchos diarios han dando un gran despliegue policial al tema, sin buscar que investigar una de las principales causas del problema. Su solución no sólo es policial, estamos frente a un problema político, económico y social que puede extenderse a toda nuestra sociedad.

Carácter forjado en mil batallas
El chalaco es visto como una persona peleadora, carácter que le es inculcado desde la niñez en la casa y en el barrio, su raíz esta en su rica historia. En el Callao pelearon y defendieron la constitución al derrotar dos golpes de Estado en el siglo XIX. En 1834, el presidente Luis José de Orbegoso se refugia en el Callao frente a las arremetidas de los militares golpistas Gamarra y Bermúdez, la población se enfrenta a ellos y los derrota, devolviendo el gobierno a Orbegoso, por eso se le dio el título de "La Fiel y Generosa Ciudad del Callao, Asilo de las Leyes y de la Libertad". En 1857 Manuel I. Vivanco se rebela contra Ramón Castilla, el 22 de abril en el Callao, los chalacos derrotan a las fuerzas vivanquistas. Ese día La Convención Nacional le otorga el título de Provincia Constitucional. Los chalacos vuelven a derramar su sangre en el combate del 2 de mayo de 1866 contra la armada española.

El 7 de enero de 1913 la Unión General de Jornaleros del Callao inicia una huelga general que obliga al gobierno a declarar el estado de sitio en Lima y Callao, como consecuencia de ello se da un decreto donde se considera la jornada de trabajo de 8 horas en el Callao. En Lima y todo el Perú este derecho sólo se lograría 6 años después. Pero toda esta rica tradición de lucha, heroísmo y solidaridad en defensa de los intereses de la patria y de nuestra sociedad no puede ser borrada por grupos delincuenciales que no reflejan el espíritu chalaco.

Dante Alfaro F.
Redacción


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