Entre ratas y malditos

En octubre estábamos asqueados por una corrupción que parecía no tener límites y que salpicaba el centro del poder. Hoy estamos aturdidos de noticias sobre chuponeadores que interceptan teléfonos a diestra y siniestra, como si nos hubieran cambiado el CD.

Por Diario La Primera | 28 ene 2009 |    
Entre ratas y malditos
(1) García ¿llegó a desconfiar de Giampietri y la Marina? (2) Contralmirante Ponce, en la categoría de maldito. (3) Rómulo León sabía que García lo negaría si era descubierto. (4) Flores Aráoz insiste tercamente en que el Estado no chuponea.

La investigación sobre “chuponeo telefónico” se ha convertido en el centro de la lucha contra la corrupción en el Perú. Eso es lo que se deduce de la actitud de las autoridades: presidente, ministros, congresistas, Fiscal de la Nación, y de la cobertura de medios sobre el tema; todo lo cual parece dar a entender que no hubieran existido reuniones hoteleras con Canaán, ni favorecimientos petroleros con Discover, si la banda de Elías Ponce Feijoo no hubiese grabado a León, Químper y otros celebrando sus faenones.

La tesis no es que había chuponeos porque existe una corrupción profunda, atravesando la relación del Estado con las grandes empresas, principalmente las extranjeras, a las que se ofrecen ventajas fuera de los escenarios formales de las licitaciones o los contratos públicos, y que esto hace que además se desarrolle un tráfico de información sobre estos tratos que es de interés para otras empresas y aún para sectores del Estado, sino que aquí hubo “dos delitos separados”, que algunos malvados quisieron encarar como si fuera uno sólo para afectar al gobierno.

Todos hemos sido testigos, sin embargo, de como el llamado delito que García calificó propio de ratas y motivó expulsiones sin proceso del PAP y renuncias preventivas de ministros, ha ido perdiendo importancia política y mediática, hasta rematar en el penoso final del informe de la comisión de los petroaudios, asesinado por la triple alianza APRA-Fujimorismo-PPC en el Congreso, y el run run actual de que algunos de los ministros renunciantes volverían a jurar próximamente.

En cambio, el “otro delito”, ha tomado toda la escena, el presidente ha declarado malditos a sus autores, ha degradado sin tener atribuciones para hacerlo al principal implicado y ha ordenado que los metan en máxima seguridad como se hace con narcotraficantes, terroristas e injertos (León está en San Jorge, reclamando que fue “víctima” y no culpable, Químper, Arias Shereiber y otros en sus casas, etc.)

Lógica de espías
¿Tiene todo esto sentido, o estamos siendo manipulados para alterar nuestras percepciones, y de ahí ese vertiginoso ascenso de García en las encuestas recientes (40% en Lima)? Partamos de dos datos elementales: (a) todos los chuponeados conocidos son integrantes o amigos del gobierno, o parte del entorno empresarial, jurídico o de las redes de lobby de los negocios público-privados; (b) los chuponeadores también tenían muy buenas relaciones con altas esferas del poder. Reflexionemos un poco más sobre estas dos caras del problema:

Nadie chuponea gratis a través de una empresa privada. Eso es elemental. Entonces los chuponeadores buscaban “víctimas” con valor de mercado, personas que tienen secretos que valen dinero. Y esto en el contexto de los años 2000 (Toledo-García) que son los de la existencia de Bussines Track y probablemente de varias otras, implicaba servirse de ciertos vínculos en las alturas para saber donde estaban los pinchables más interesantes. Es por ahí donde surge el interés por algo muy diferente a querer saber quienes son los “amigos” del vicepresidente Luis Giampietri, que es como presentan algunos medios la búsqueda de respuesta a varias preguntas claves:

¿Quién promovió la convalidación del ascenso “irregular” (definición de ántero Flores Aráoz), de Elías Ponce Feijoo a contralmirante, en el 2006, sin revisar los problemas de su expediente que estaban en su carpeta y que ahora recién llaman la atención?, ¿estaban tan distraídos el presidente, su ministro de Defensa y los mandos de la Marina que se equivocaron justamente con el que ya era jefe de chuponeadores?

¿Quién tenía confianza en Giselle Gianotti, la analista del chuponeo, que fue la que “detectó” el plan del grupo juvenil “Todas las Voces”, para atentar con bidones de gas rellenados con anfo, en diciembre del 2006, contra Alan García, Giampietri y otros, que era una obvia patraña, muy próxima al ridículo, que las autoridades creyeron al pie de la letra y detuvieron a los “terroristas”, que salieron antes de las 24 horas?, ¿alguien ha leído una entrevista reciente al vicepresidente quien insiste en que eso era verdad, pero que los jueces se intimidaron por las amenazas (fue la policía la que los liberó), y que eso va a producir nuevos actos de justicia directa de sus camaradas como el 84(¡!), sin que nadie se escandalice?

Obviamente no se trata de un asunto de amigos, sino de la posibilidad de que la organización mafiosa haya sido no sólo conocida sino que haya trabajado diversos temas con el poder, y que cuando hubo necesidad de sacrificarla la tiraron al fuego, como ocurrió con varios componentes de las redes del fujimorismo, que debieron caer “descubiertas” por la inteligencia gubernamental, para que el gobierno saliera indemne

Más zonas oscuras
Alguien debería ofrecer una explicación coherente sobre los motivos por los que Bussines Track siguió funcionando y chuponeando normalmente hasta enero, cuando el escandalote de los petroaudios, que después se transformó en el escandalete, sucedió en octubre. ¿No se replegaron si sabían que andaban buscando a los culpables?, ¿no es elemental en “hombres de inteligencia”, proteger su material?, ¿en qué se basaba la confianza de que no serían intervenidos?

El hecho es que cayeron como palomitas. Y varios medios salieron en ese momento mostrando que sabían más del asunto de lo que aparecía a los ojos de la gente. Una hipótesis para pensar es que no se sentían perseguidos porque los encargados de buscarlos no fueron los organismos de inteligencia o las oficinas policiales que regularmente se habrían avocado a esto (Dinincri, Dircote), sino la Dinandro (drogas), con la Fiscalía.

Es decir que para evitar una filtración que podía llegar hasta los culpables se dispuso una investigación de la señora Gladys Echaíz con un organismo especializado en otras tareas. Se trataba de ocultar el seguimiento aún dentro del gobierno. Y se dejó correr los días de la APEC, con Giampietri como anfitrión, para evitar el inevitable salpicón de suspicacias que todos hemos visto. ¿Quién podría ordenar una investigación como para que no se entere el vicepresidente, disponer de organismos diversos y graduarla en el tiempo?

No es alucinado plantearse a un García en octubre totalmente acorralado, con un gabinete que se le caía de las manos y con indicios que llevaban las sospechas hasta los salones de Palacio, tomando decisiones dramáticas: (a) cambiar a Del Castillo por Simon, para que se vea que hasta la “izquierda” se juega por el gobierno; (b) perseguir a León hasta hacer que se entregue, mientras iba haciendo bajar el escándalo; (c) pasar la APEC, como si no hubiera problemas (ni en el Perú, ni en el mundo); (d) cambiar petroaudios por chuponeadores en el momento debido; (e) desconfiar de Giampietri y de la Marina; (f) darle la razón a “El Comercio”, de que los verdaderos bandidos aquí son los periodistas que recogen información de origen delictuoso (por eso la propuesta de normas de sanción para los que difundan materiales de chuponeo). Esto explicaría lo que está pasando. ¿O alguien tiene una lectura diferente?

Inteligencia pervertida
Cuando el diario “La República” puso en evidencia que se chuponeaba las comunicaciones del padre Marco Arana y que empresas de seguridad manejadas por altos oficiales retirados de la Marina hacían seguimiento de dirigentes ecologistas de Cajamarca a pedido de Yanacocha, el gobierno no movió una pestaña. Eso no era tan maldito como coger a León hablando con su secretaria y con Luis Nava.

Como dice el viejo Bedoya es hipócrita (o idiota) insistir como hace Flores Aráoz en que el Estado no chuponea y no tiene equipos para hacerlo. Lo que ha pasado es que en medio de la exaltación de la Inteligencia como estrategia de gobierno, que se desarrolló en los 90, el mecanismo se pervirtió hasta extremos, al servicio del que tenía el control del poder.

En esta década parte del equipamiento y los servicios que estaban en manos del Estado fujimontesinista se privatizaron y empezaron a actuar por fuera y a requerir autofinanciamiento, lo que se puede lograr vendiendo información a empresas o chantajeando a los escuchados. Pero esta red no estaría totalmente desligada del Estado, particularmente de los institutos armados.

Un León con mucha pegada
Insólitamente, el ministro de Defensa, que había dicho que no se molesta en revisar los micrófonos en sus oficinas, porque después le ponen otros, decidió adelantarse a entregar sus e-mails intercambiados con el ex rata Rómulo León, entre los cuales se encuentra una recomendación del ex ministro todo terreno (sabe de pesquería, salud, cárceles, petróleo, y ahora de defensa), para nombrar al oficial de enlace con el Comando Sur de los EEUU, que finalmente fue acogida por el gobierno.

Resulta entonces que el presidente no quería recibir a su viejo compañero, pero todos los ministros, aún los no apristas, recibían sus recomendaciones y las tomaban en serio, considerándolas “no irregulares”, como afirma Flores Aráoz. ¿Y esto por qué?, ¿no será que todos le creían cuando decía que hablaba por el presidente, para trasmitirles lo que él no podía gestionar directamente?, Y que el peladito sabía que García lo negaría tres o más veces si era descubierto.

Raúl Wiener
Unidad de Investigación


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