El León de los serenos

Javier Alfonso Ríos es un sereno cuyo sueño de ser futbolista se desvaneció en el camino. Diligente y trabajador, ahora, a bordo de una patrulla, custodia las calles de Miraflores para ayudar a que se haga realidad el sueño de su hijo, quien también quiere ser futbolista.

Por Diario La Primera | 26 set 2008 |    
El León de los serenos
(1) Sabe que su trabajo cotidiano ayuda a mejorar la seguridad en las calles. Somos buenos porque nuestros jefes son buenos, dice. (2) Atento para comunicar a la policía sobre delitos flagrantes. (3) Colabora en la protección de los escolares. (4) Tiene un trato cortés y amable con los vecinos. (5) Colabora con la policía para detener a los delincuentes.

Incomprendido por algunos y odiado por otros, el sereno es un híbrido entre el policía y el guardia privado. Uniformado casi como el policía, aparece o desaparece en la esquina del barrio, con más prerrogativas que el “guachimán” y menos privilegios y responsabilidades que un policía. Aunque se diga muchas cosas malas de ellos en algunos distritos, el sereno es considerado un amigo. Disciplinadamente, en nuestras calles inseguras, arriesgan su seguridad, por la seguridad del vecindario y no pocas veces han pagado con su vida.

El sereno apareció en Lima el primero de noviembre de 1991 como respaldo al trabajo de la policía que por aquella época estaba ocupada en perseguir senderistas. Lima era entonces una de las ciudades más peligrosas de Latinoamérica, la gente escapaba cuando podía y cuando no podía, también; había asesinatos a diario, ajusticiamientos callejeros, “coche-bombas” por doquier, secuestros al paso y dinamitazos. Poco antes de que el primer sereno pisara una calle de Lima, el 1 de noviembre de 1991, Sendero Luminoso dinamitó la calle Tarata, llenándola de escombros, fuego, muertos y millones de dólares en pérdidas materiales.

Desde entonces mucha agua ha corrido bajo el puente. El sereno ahora no sólo está en Miraflores sino en muchos distritos y en las más lejanas provincias del país. Distrito que no tiene el servicio de serenazgo es porque tiene un mal alcalde. Hasta el inmenso distrito de San Juan de Lurigancho tiene ahora serenos que vigilan, por ejemplo, cada cuadra de la enorme avenida Próceres de la Independencia.

Los vecinos pagaban antes sus tributos a las municipalidades por algunos servicios importantes: parques y jardines, limpieza de calles, recojo de basura. Ahora también pagan por el servicio de serenazgo. ¿Cómo viven estos hombres que vigilan las calles mientras nosotros dormimos?

Pinta de sonero
Javier Alfonso Ríos, de 46 años de edad, es uno de ellos. No es el mejor, ni el peor, sino sólo un representante elegido casi al azar. Tiene toda la pinta de Oscar de León. Calvo, de piel oscura y gruesos bigotes. El nombre del sonero venezolano lo persigue como sobrenombre vaya donde vaya. Le decían “Oscar de León” también cuando jugaba de volante creativo en la reserva del Sport Boys del Callao con el sueño de sobresalir en el fútbol profesional.

“Mi edad me ganaba y tenía que trabajar, por eso dejé el fútbol. Es que soy el séptimo de los 10 hijos y el dinero escaseaba en casa”, dice Javier Ríos con buen lenguaje, requisito clave para ser sereno, además de tener buen físico y buenos modales.

Todos los oficios
Quiso volver al fútbol, condiciones le sobraban; pero algunas urgencias lo obligaron a trabajar en lo que pudo. Desde muy niño Javier conoció el trabajo. Los niños no deberían trabajar por ningún motivo, pero él lo hizo. Ayudaba a vender aceite en su barrio, limpiaba carros y nichos en el cementerio, vendía cosas a cambio de algunas monedas.

Cuando empezó a coger cuerpo, sin dejar el fútbol que era pan de cada día, trabajó cargando ladrillos, haciendo mezcla de piedras y cemento, llenando techos. Luego, entró a mantener máquinas en la cervecería Pilsen de esa época, hasta que sacó su brevete. “El brevete me abrió algunas puertas, es como una llave”, dice.

Así entró a trabajar como chofer en la Empresa Nacional de Ferrocarriles (Enafer) y salió porque, en 1999, Fujimori decidió privatizar la empresa. Entonces, con su brevete y sus ganas de trabajar se pasó meses en la calle hasta que ingresó a la municipalidad de Surco como chofer en el programa del Vaso de Leche. Ascendió rápidamente y llegó a laborar junto con el alcalde de Surco de ese tiempo, Carlos Dargent, hasta que, en octubre de 1996, las urnas le fueron esquivas a Dargent y el buen Javier se quedó sin trabajo. Otra vez en la calle con su brevete en las manos. Tocó varias puertas durante semanas hasta que la municipalidad de Bellavista le dijo entra. Empezó como sereno y le gustó y buscó una mejor casa. Así llegó a la municipalidad de Miraflores.

Siempre atentos
“Cualquiera no es sereno. Yo aprendí mucho gracias a mis supervisores y mi gerente”, dice. Es verdad, un buen sereno es responsable y disciplinado, atento y cortés, diligente y respetuoso, listo y precavido.

“Muchas veces también hay que hacer de psicólogos. Cuando estamos patrullando de noche, a veces se acercan vecinos a contarnos sus cosas con la única intención de olvidarse de su soledad”, señala. Ser sereno es ayudar a la gente, vigilar, estar atento, y llamar a la policía cuando hay un peligro flagrante. El sereno no puede usar armas, no puede detener, ni siquiera pedir documentos. Pero es clave para la seguridad en nuestras calles. Gracias a ellos, en varios distritos de Lima se ha reducido la delincuencia considerablemente. Gracias a ellos, la seguridad mejora.

Javier Ríos trabaja en un horario 12 por 24. Trabaja 12 horas y descansa 24. Le puede tocar de noche, de día, un domingo o un feriado, Navidad o Día de la Madre. El horario es 12 por 24 y en algunos distritos es más duro todavía. Pero como las cosas van mejorando, no hay por qué ser pesimistas.

Ahora vive en el Callao y si le toca de día se levanta un cuarto para las cinco de la mañana, hace ejercicios antes de la ducha fría, se viste de manera rápida y sale a tomar la combi antes de que se apaguen las luces del alumbrado público. Llega a Miraflores con el tiempo suficiente para ponerse el uniforme y asistir a la formación matutina. Luego empieza a recorrer las calles, sereno ante el peligro, pensando en su esposa y su hijo de 19 años de edad, quien juega al fútbol de volante creativo en el Cantolao y que tiene el sueño de ser futbolista profesional.

Una necesidad para el vecindario
Alberto Andrade, congresista y ex alcalde de Miraflores, creó en 1991 el primer equipo de serenazgos del país. “Además de la delincuencia y la prostitución, el terrorismo estaba llegando a la capital y había que hacer algo. La municipalidad se unió con los vecinos y la policía, la única solución para resguardar el distrito era colocar los serenazgos en las calles las 24 horas del día”, dice.

Para formar la unidad de serenazgo, el municipio tuvo que hacer reajustes en su presupuesto y comprar equipos de radios y centrales de cámaras; inclusive, los empresarios del distrito donaron vehículos.

“La creación de los serenazgos fue una necesidad y una alternativa de seguridad, su labor principal era la prevención. Daban el apoyo a los policías, pues ellos no tenían para cambiar sus llantas ni para la gasolina. Se armó al serenazgo y los serenos eran los primeros que llegaban al lugar de los hechos”, dice el ex alcalde.

El serenazgo de Miraflores sirvió de modelo para los demás distritos. Ahora el distrito de Miraflores cuenta con uno de los equipos de serenazgo más equipados del país.

Paco Moreno
Redacción


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