El hambre nuestro de cada día

Habría que cambiarle de nombre al Día Mundial de la Alimentación, conmemorado ayer, por el Día del Hambre, pues este flagelo es cada vez más protagonista, con mil 20 millones de personas que lo padecen.

| 17 octubre 2009 12:10 AM | Informe Especial | 679 Lecturas
El hambre nuestro de cada día
(1) Indignante, que más de mil millones de seres humanos pasen hambre. (2) La producción de alimentos es clave para solucionar el problema.
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El Día Mundial de la Alimentación se celebró ayer con la triste realidad de mil 20 millones de personas desnutridas en el mundo, 120 millones más que en 2008. La efemérides, promovida por Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) es seguida en 150 naciones del planeta, donde uno de cada seis individuos pasa hambre.

Un informe de la FAO sobre el hambre expresa que por la recesión los pobres disminuyen sus comidas e ingieren alimentos menos nutritivos, además de recortar sus gastos de sanidad y educación. Para esa organización las inversiones agrícolas y las redes de seguridad siguen siendo vitales en una respuesta eficaz para reducir la inseguridad alimentaria.

El director general de la FAO, Jacques Diouf, señaló que el aumento de los hambrientos no es consecuencia de una pobreza global en las cosechas, sino de la crisis económica mundial. En tal sentido convocará a la comunidad de donantes a incrementar la ayuda a la agricultura, hasta alcanzar los niveles de 1980, cuando Asia y América Latina fueron salvadas de la devastación de las hambrunas de los años 70.

Ahora faltan recursos para alimentar a más de mil millones de personas que sufren hambre y asegurar que la población mundial, que pasará de seis mil 800 millones a casi nueve mil 100 millones en 2050, tenga suficiente reservas para alimentarlos.

En un mensaje por la efemérides, el Papa Benedicto XVI afirmó que para garantizar la seguridad alimentaria mundial es imprescindible modificar los estilos de vida y de pensar.

Precisó que el hambre será derrotado sólo cuando se promueva el desarrollo agrícola de los países más pobres y la inversión en infraestructuras rurales y advirtió la urgencia de garantizar “el pan diario” a todos los que no lo tienen, así como la necesidad de eliminar el flagelo del hambre, lo cual significa una adecuada y sana alimentación y un derecho de la vida.

Visión crítica
Las cifras del hambre son una bofetada escandalosa: 1.020 millones de personas en el mundo sufren hambre y desnutrición. Más que nunca. Coincidiendo con la fecha aparecerán nuevos informes acompañados de recomendaciones y algunas promesas. “Oficialmente” se explicará el incremento de la cifra en 100 millones por la crisis financiera que hizo bajar las donaciones a los países más necesitados y por las condiciones climáticas cada vez más duras. Otros estamentos irán más allá y añadirán que estos niveles de pobreza tan graves son consecuencia de una falta de voluntad política, de un desentenderse de la situación. Pero no, digo yo que no, que todo lo contrario, que es claramente una realidad provocada por una voluntad política de mantener un mundo por encima de otro. De sostener un mundo aplastando los recursos de otros. Ahí están, como novedad en los análisis de este año, la especulación con los precios de los alimentos y la adquisición de tierras de cultivos alimenticios para otros usos, dos atropellos que argumentan mi postura.

La crisis alimentaria iniciada en 2007 pareció despertar la preocupación de los estamentos internacionales y algunas iniciativas para afrontar la gobernanza de la alimentación y la agricultura a nivel global han aparecido en escena. Existe consenso en cuanto a la ineficacia de los mecanismos institucionales actuales, pero no respecto a cómo solventarla. Durante estos días se debate sobre las supuestas soluciones. Por un lado tenemos la propuesta del G-8 de crear una nueva “Alianza Global sobre la Agricultura, la Seguridad Alimentaria y la Nutrición”, mientras que algunos gobiernos y colectivos de la sociedad civil abogan por la renovación y el fortalecimiento del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de la FAO (la Agencia de la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas).

Neoliberalismo
No es una discusión baladÑ Los defensores de las políticas económicas neoliberales defienden un espacio de coordinación donde se otorgue poder de decisión, además de a los gobiernos, al sector privado y a las instituciones financieras internacionales, es decir, a la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Encontrar en la mesa de coordinación a representantes de empresas como Monsanto o Nestlé –por nombrar un par– junto con los actores que han contribuido a la desregularización de la agricultura, no es desde luego aceptable para muchos gobiernos del Sur, que reclaman un papel de liderazgo para la FAO, una institución del sistema de Naciones Unidas, donde cada país tiene un voto de igual valor.

Más allá del espacio de gobernanza, es clave conocer la estrategia a implementar y, otra vez, creo, deberíamos mirar hacia Ginebra –sede de las Naciones Unidas–, desarrollando políticas desde la perspectiva de los derechos humanos y no hacia Washington –sede del Banco Mundial, por ejemplo–, insistiendo en políticas neoliberales. El hambre no es un negocio que a veces sale bien y otras sale mal. Es la violación de un derecho, del Derecho a la Alimentación. Como tal se recoge en el artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y se desarrolla en el artículo 11 de la Convención Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Tomar como eje de acción el Derecho a la Alimentación es aceptar que los pueblos y sus poblaciones deben tener acceso permanente a la alimentación. Derecho a alimentarse, es decir, a producir sus alimentos accediendo a los recursos que los hacen posible: tierra, agua y semillas. Si se acepta este enfoque, los Estados tienen entonces la obligación de “respetar, proteger y garantizar” el Derecho a la Alimentación desde sus responsabilidades territoriales y extraterritoriales. Y también supondría un despliegue legislativo que defendiera a tantas personas de la vulneración de su derecho a alimentarse.

Dos casos
Al respecto hay dos ejemplos que ha documentado el Observatorio del Derecho a la Alimentación y la Nutrición. El primero es el caso de la India, que, a pesar de un incremento significativo del PIB, presenta tendencias de aumento de la pobreza. El gobierno de la India ha promovido el cultivo de agrocombustibles para reducir su dependencia energética y –dicen– incrementar puestos de trabajo agrícolas. Si el gobierno hubiera seguido las directrices del Derecho a la Alimentación como prioridad frente a intereses de grandes corporaciones como Daimler Chrysler, no se hubieran generado los impactos provocados sobre las poblaciones campesinas locales: sustitución de cultivos de subsistencia, escasez de agua por la alta demanda de los cultivos energéticos, destrucción de tierras y bosques dedicadas al pastoreo y más dificultades para acceder a la madera como combustible.

El segundo ejemplo es el caso de Zambia, donde las producciones de miel y leche generan alimentos, ingresos y empleos a muchas familias, pero su Derecho a la Alimentación se ve vulnerado esta vez por los acuerdos comerciales entre Zambia y la Unión Europea, que llevarán a competir a los productores locales con las grandes corporaciones europeas, fuertemente subsidiadas.

Hambruna en 29 países
El informe “Indice Global de Hambre de 2009” del Instituto de Investigación Internacional de la Política Alimentaria dice que 29 países del mundo enfrentan la seria o extremadamente seria hambruna.

De acuerdo con el informe, el Congo (K) es el país más azotado por la hambruna en el mundo y lo siguen Burundi, Eritrea, Sierra Leona, Chad y Etiopía.

Klaus Fengrebmo, autor del informe, indicó que los países de bajos ingresos están afectados por la crisis alimentaria y la crisis financiera. El poder adquisitivo de los habitantes de estos países de bajos ingresos está gravemente debilitado, porque el 70% de sus ingresos son usados para comprar alimentos y los precios de los alimentos de muchos países son más altos que los de hace varios años.

El informe dice: A partir de 1990, el índice global de hambre ha bajado en cerca de 25%, lo que se debe principalmente a la disminución de la hambruna en las regiones del Sudeste Asiático, América Latina y el Caribe, donde el índice de hambre ha descendido en 40% en los últimos 20 años.

En la región al sur del Desierto Sahara de Africa, el índice de hambre es todavía alto, porque ha bajado sólo en 13% a partir de 1990. 9 de los 10 países con mayor magnitud de aumento en su indíce de hambre en comparación con 1990 se encuentran en la región al sur del Desierto Sahara de África, la cual también es la región con mayor porcentaje de desnutrición y alta mortalidad infantil. En Asia del Sur, aunque se ha registrado cierto desarrollo económico en los últimos 20 años, sigue siendo serio el problema de la hambruna. El porcentaje de niños de peso excesivamente pequeño en Bangladesh y la India excede el 40%.

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