El golpe a Allende

“O la tumba será de los libres o el asilo contra la opresión”. Así reza una parte del himno de Chile. Durante muchos años fue, junto con México, el asilo de extranjeros que llegaban al país huyendo de las dictaduras latinoamericanas. Pero, a la vez, su propia historia mostraba la falta de escrúpulos para imponer el orden de los poderosos. Caupolicán, Manuel Rodríguez, la masacre de Santa María de Iquique, la matanza de Puerto Montt, son nombres sombríos, pues todos ellos murieron a traición.

Por Diario La Primera | 11 set 2008 |    
El golpe a Allende
(1) Salvador Allende, el ‘compañero presidente’, recibe a mineros de Lota. (2) El golpe de Pinochet fue una masacre contra su pueblo.

“Es Chile un país tan largo/ mil cosas pueden pasar/ si es que no nos preparamos/ resueltos para luchar…”, afirma en su final la Cantata de Santa María de Iquique, que cuenta la masacre cometida contra los trabajadores del salitre el 21 de diciembre de 1907.

La Cantata fue un emblema de los grupos militantes de la Unidad Popular, aquella coalición que llevó al gobierno a Salvador Allende, quien se adelantó a su tiempo al querer realizar transformaciones sociales en democracia. Allende, como se sabe, fue traicionado por un militar que se decía su subordinado: Augusto Pinochet; pero también por radicales de izquierda que rechazaban la vía democrática y creían que debían “extremar las contradicciones” para iniciar una revolución.

Allende, tildado por los envidiosos de ‘pijecito’ (pituco), intentó la "vía chilena al socialismo, con vino y empanadas”, diferenciándose de los modelos estalinistas. Nacionalizó el cobre, inclusive con el voto de la derecha; inició una profunda reforma agraria; estableció un conjunto de empresas bajo el régimen de propiedad social; dio gran importancia a la educación y a la cultura.

La respuesta fue el bloqueo económico impuesto por EE.UU., congelando las ventas del cobre, mientras se favorecía el mercado negro mediante el acaparamiento de mercaderías e insumos. La prensa chilena de derecha, pagada por el imperialismo, inventaba todos los días mentiras para desprestigiarlo, y había intensas presiones a las Fuerzas Armadas para dar el golpe de Estado.

A diferencia de presidentes de pacotilla que se entregan a los intereses oligárquicos, y pese a los enormes escollos que los sectores fascistas le imponían, el “compañero presidente” subía cada vez más en las encuestas. En las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, la UP obtuvo el 45% de los votos.

El Congreso, con una mayoría de derecha, aprobó un voto que planteó la inconstitucionalidad del Gobierno Popular.

Nixon dio la orden
En este tira y afloja era lógico pensar que Allende iba a ganar en el plebiscito nacional que iba a convocar ese 11 de septiembre. Los confabulados se concertaron para adelantar la realización del golpe, originalmente planificado para el 15 ó 16 de septiembre.

La orden había sido dada por Richard Nixon y secundada por Henry Kissinger. La preparación del golpe de Estado fue impartida desde la Escuela de las Américas en la zona del Canal de Panamá.

El derribo de Salvador Allende fue uno de los más sangrientos de la historia de Sudamérica, con un número de víctimas entre cinco mil y treinta mil. Augusto Pinochet suspendió la Constitución, disolvió el Congreso, impuso una estricta censura y prohibió todos los partidos políticos. Miles de personas fueron arrestadas y centenares de ellas ejecutadas o torturadas; muchos chilenos se exiliaron, otros simplemente “desaparecieron”.

Pinochet y los Chicago Boys
La periodista María Olivia Monckeberg asegura en su libro "El Saqueo de los Grupos Económicos al Estado Chileno" que "el proceso de privatización de empresas del Estado, desarrollado en Chile entre 1985 y 1989, fue el primero de América Latina y mucho más radical incluso que el de Inglaterra, considerada la cuna de las privatizaciones".

Según la autora, el Estado de Chile se deshizo de 30 empresas, “lo que le significó una pérdida calculada en más de mil millones de dólares".

El enriquecimiento ilícito de Pinochet es ampliamente conocido. No así las ilegalidades de su Ministro Insignia, Sergio De Castro. En el 2007, la Justicia declaró la quiebra de éste por deudas impagas por miles de millones de pesos. Existen diez juicios ejecutivos por deudas en contra de De Castro y otras deudas a Corpbanca y BCI, que alcanzan a cerca de 3 mil millones de pesos. Ese mismo año, la Tesorería General de la República solicitó el remate de tres inmuebles del ex ministro.


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