El delito de ser cubano

La madre de uno de los cinco cubanos presos desde hace diez años en Estados Unidos está en Lima y cuenta su verdad y habla del silencio de los grandes medios de comunicación en torno al caso.

Por Diario La Primera | 27 set 2008 |    
El delito de ser cubano
“Si hubiesen sido de otro país no tendrían condenas tan severas”, dice doña Mirtha.

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Los otros cuatro

Gerardo Hernández ha recibido una condena de dos cadenas perpetuas  más 15 años; Ramón Labañino, una condena a cadena perpetua, más 18 años; René González, 15 años; Fernando González, 19 años. Sus condenas, penas injustas y absurdas, como lo reconoció la Corte de Apelaciones de Estados Unidos, cuyo fallo fue revocado por inusual revisión hecha al gusto del gobierno de George W. Bush.

Doña Mirtha Rodríguez Pérez, a pesar de sus 73 años de edad, tiene la fortaleza de una cubana alegre, jovial e inteligente de 25. Doña Mirtha está en Lima porque tiene una gran lucha que afrontar. Desde hace 10 años realiza una campaña para que liberen a cinco cubanos encarcelados en Estados Unidos, entre ellos su hijo Antonio Guerrero Rodríguez (39), quien está preso porque un juzgado del estado de Miami lo ha condenado, presionado por la violencia y la intimidación, a cadena perpetua más 10 años, por los cargos de “conspiración general, conspiración para cometer espionaje y conspiración para actuar como un agente extranjero no registrado”.

Ocurre que Antonio Guerrero, al igual que otros cuatro cubanos con condenas similares e incluso más duras, fue un agente cubano no registrado que se infiltró en grupos terroristas anticubanos en Miami para detectar planes de atentados contra su patria y fue apresado y sentenciado por ello de manera sumaria y desproporcionada, si se compara su caso con otros similares.

“Hay casos, y no lo digo yo, sino los especialistas, juristas connotados, que la condena a un agente no registrado en cualquier país del mundo, inclusive en los Estados Unidos, no es de cadena perpetua. Estoy convencida que a mi hijo y a los otros cuatro cubanos los han condenado de esa manera por el hecho de ser cubanos, lo cual demuestra que existe un odio del gobierno de Estados Unidos hacia los cubanos. Nosotros exigimos un juicio justo”.

Cuando detuvieron a Antonio Guerrero no le encontraron armas, ni documentos clasificados, ni apología a nada. Era un agente no registrado en los Estados Unidos. Sucede que él enviaba información a su gobierno e incluso al gobierno de Estados Unidos sobre las actividades nada santas de los grupos radicales anticubanos y anticastristas que abundan en Miami.

“No entiendo cómo puede pasarle esto a mi hijo, la justicia norteamericana ni siquiera quiere hacer público su caso. Hay un silencio sistemático en la prensa de Miami. No se habló ni se dijo nada, incluso, cuando en el juicio actuaron, como testigos, el jefe del Comando Sur de los Estados Unidos y asesores y funcionarios cercanos del presidente de ese entonces, Bill Clinton”, dice.

Antonio Guerrero, cuenta su madre, es un cubano modelo: patriota, alegre, estudioso, amable, responsable, poeta. Nació en Miami, pero es cubano de corazón como el ron y esa música caribeña maravillosa. Ha escrito tres poemarios: Desde mi altura, Poemas confidenciales y Décimas de Antonio Maceo. En estos libros no asoma por ningún lado el odio; hay alegría, amor, sabor a humanidad y aspiración de libertad. También es pintor y tiene un máster en ingeniería civil en una de las mejores universidades de Ucrania. Es un gran defensor de la vida, de la revolución cubana. El amor a su patria, según su madre y los que lo conocen, lo llevó a ser agente no registrado en los Estados Unidos.

Cuenta doña Mirtha que en prisión su hijo enseña matemática, inglés y español. “Afuera lo esperan dos hijos que crecen con su padre en la prisión”, dice Mirtha y quiere llorar; pero es valiente y se contiene, suspira. “Nuestra lucha será recompensada”, señala.

Mirtha es esa madre que no claudicará nunca en su brega por salvar a su hijo. “Mi Tony se quedó sin padre a los 13 años. Eso lo volvió más valiente aún. No es porque sea mi hijo, pero él es un héroe, un ejemplo para los jóvenes que creen en la luz de la libertad”.

“Yo no dejaré de pelear porque mi lucha es justa. Mi hijo no es ningún terrorista como cierta prensa quiso pintarlo. Mi hijo siempre ha peleado contra los terroristas a favor de la libertad. El pueblo, la gente, las familias de Estados Unidos, no saben de esta injusticia, de los cinco cubanos presos, si supieran, estoy segura, nos darían la razón. Mi hijo no mató a nadie, no hizo nada malo, fue agente sí, por amor a su patria y su condena es totalmente desproporcionada”, dice.

Algunos casos similares
Khaled Abdel-Latif, ciudadano jordano residente en Chicago, fue detenido en esa ciudad en enero del 2004. Fue acusado de ser agente del gobierno iraquí de Sadam Hussein y no haberse registrado como tal ante las autoridades norteamericanas. Fue sentenciado por los cargos de conspiración y agente extranjero no registrado a 3 años y 10 meses en prisión.

Michael Ray Aquino, ciudadano filipino residente en Estados Unidos, fue acusado de conspirar para cometer espionaje. Aquino admitió poseer documentos secretos con información sobre fuentes de inteligencia de Estados Unidos y sobre la amenaza de actos terroristas contra personal militar estadounidense en Filipinas. Fue sentenciado a 6 años y 4 meses en prisión.

José Padilla, ciudadano norteamericano, fue arrestado en mayo 2002 y acusado de conspiración para cometer actos terroristas contra Estados Unidos y de conspiración para cometer asesinato, secuestro y mutilación. Fue hallado culpable de todos los cargos en agosto de 2007 y sentenciado por la misma Corte Federal del Distrito Sur de la Florida a 17 años y cuatro meses.

Paco Moreno
Redacción


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