EE.UU.: Auge del racismo

La llegada del primer presidente afroamericano, Barack Obama, a la Casa Blanca y la integración de la primera jueza hispana, Sonia Sotomayor, a la Corte Suprema de Justicia, fueron dos grandes hitos en la lucha contra el racismo en Estados Unidos. Sin embargo, todos los analistas privados como también funcionarios del gobierno federal coinciden en afirmar que el racismo, la fobia contra los inmigrantes y el extremismo de derecha anti abortista y anti gay actualmente están en aumento en todo el país.

Por Diario La Primera | 02 setiembre 2009 |  3.4k 
EEUU: Auge del racismo
(1) A Obama no le perdonan ser negro y presidente. La derecha recfista no asimila los cambios. (2) Una familia negra en la Casa Blanca, algo inimaginable hace unos años. (3) A Kennedy lo mataron por “liberal” y lo mismo podría pasarle a Obama. (4) Fidel lanza advertencia.

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“Muerte a Obama, a su esposa Michelle y a sus dos hijas estúpidas”, decía el cartel que llevaba uno de los manifestantes.
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¿Cómo se explica esta contradicción?
Un informe elaborado por el Departamento de Seguridad Interior dice que el aumento del número de grupos supremacistas y racistas de ultra derecha se debe “a la elección del primer presidente negro y a la situación económica”. Es decir que la llegada a la Casa Blanca de Obama fue muy positiva, pero también tuvo un efecto negativo.

Un estudio del Southern Poverty Law, un centro muy prestigioso que monitorea el movimiento de estos grupos, coincide con el Departamento de Seguridad al afirmar que “el hecho de que el gobierno federal -una entidad que todos los movimientos radicales ven como su principal enemigo- esté encabezado por un hombre negro ha provocado un gran resentimiento entre los defensores de la supremacía blanca”, dice.

Titulado “Extremismo de derecha: el clima económico y político actual está alimentando el resurgimiento de la radicalización y el reclutamiento”, el informe del Departamento de Seguridad Interior afirma textualmente que “los extremistas de derecha están utilizando la elección del primer presidente afroamericano para reclutar nuevos miembros, movilizar a los miembros que ya tienen y ampliar su alcance a través de la propaganda”.

Durante el reclutamiento de nuevos adeptos, argumentan que las nuevas políticas de Obama pro inmigración, a favor de las minorías y de la reforma del sistema de salud y de la restricción de la venta de armas van a terminar con la supremacía de los blancos.

El informe compara el clima económico y político actual con el que imperaba en la década del 90, cuando la extrema derecha experimentó un resurgimiento por la recesión económica y las críticas contra las empresas que en aquel momento cerraron sus puertas en EE.UU. y se instalaron en el extranjero eliminando miles y miles de empleos. El informe señala como ejemplo de esa época al atentado de Oklahoma, el 19 de abril de 1995. Ese día, Timothy McVeigh, un miembro de las milicias, destruyó el edificio federal Alfred Murrah, provocando la muerte de 168 personas y heridas a 658.

¿Podría suceder nuevamente algo semejante?
El odio y la violencia que se vieron durante los debates que tuvieron lugar la semana pasada sobre la reforma del sistema de salud ha provocado gran preocupación en el seno del FBI. “Muerte a Obama, a su esposa Michelle y a sus dos hijas estúpidas”, decía el cartel que llevaba uno de los manifestantes. Una esvástica apareció además pintada en la entrada de la oficina de un diputado que defiende el plan de salud propuesto por Obama. Pero la alarma crece porque el número de incidentes racistas y extremistas en los últimos meses ha ido en aumento.

Recientemente, un supremacista de 88 años, James von Brunn, ingresó en el Museo del Holocausto en Washington y disparó a sangre fría contra un guardia de seguridad afroamericano, que murió en el acto.

Jim Adkisson, un hombre que quería eliminar Obama y a los demócratas en el Congreso, asesinó a dos personas en una iglesia de Tennessee porque comulgaban junto a gays y a lesbianas.

El 16 de junio hubo tres incidentes que dan cuenta de la gravedad de la situación, pese a que ningún diario nacional les prestó atención. En Mount Vernon, Ohio, un joven hispano fue arrastrado por el piso de un estacionamiento con una soga al cuello, mientras que un grupo de adolescentes gritaba todo tipo de insultos racistas. En Willamette, Oregon, dos hombres fueron sentenciados a cinco años de prisión después de haberse declarado culpables de haber quemado una cruz con las letras “KKK” (Ku Klux Klan) en el jardín de la casa de un afroamericano. También, un grupo de jóvenes pintó una serie de esvásticas en el garaje de la casa de una mujer que escribió una nota periodística sobre “Padres, familias y amigos de lesbianas y homosexuales”, una organización que -como su nombre lo indica- reagrupa a familiares de homosexuales.

Si bien los incidentes todavía son aislados, lo que más preocupa es el vertiginoso aumento del número de grupos racistas y neonazis que operan a lo largo y lo ancho del país. El informe, elaborado por el Southern Poverty Law Center, indica que el número de grupos racistas ha aumentado en un 50% desde el año 2000. “Este crecimiento se debió no sólo al temor que existe con respecto a los inmigrantes no blancos, sino que también al parecer había contribuido la llegada de un afroamericano a la Casa Blanca”, confirmó el editor del informe Mark Potok. Agregó que la crisis económica, que algunos atribuyen al ingreso irrestricto de inmigrantes ilegales y a las minorías raciales, puede empeorar aún más la situación.

El impacto que está teniendo la presidencia del primer afroamericano y la crisis económica sobre los grupos supremacistas blancos puede observarse en los sitios que tienen en Internet. El día en que Obama ganó las elecciones, Stormfront.org, cuyo fundador es Don Black, 56 años, ex miembro del KKK, adquirió 2.800 nuevos usuarios. Según Black, sólo ese día recibió 50.000 visitas.

Muchos de estos grupos están totalmente convencidos de que la pérdida de empleos y el problema de las hipotecas, que han dejado a miles de personas sin techo, se debe a “una conspiración de la elite financiera judía” y a la invasión de los inmigrantes indocumentados a los que -según ellos- hay que deportar inmediatamente.

El 14 de julio pasado, dos jóvenes blancos, Brandon Piekarsky y Derrick Donchak, mataron a palos a un inmigrante mexicano, Luis Ramírez, 25 años, padre de dos hijos. Simplemente porque era mexicano.


¡Ojalá me equivoque!

Fidel Castro*

Leí con asombro los despachos cablegráficos de fin de semana sobre la política interna de Estados Unidos, donde es evidente un desgaste sistemático de la influencia del Presidente Barack Obama.

Su sorprendente triunfo electoral no habría sido posible sin la profunda crisis política y económica de ese país. Los soldados norteamericanos muertos o heridos en Iraq, el escándalo de las torturas y las cárceles secretas, las pérdidas de vivienda y empleos, habían sacudido a la sociedad norteamericana. La crisis económica se extendía por el mundo incrementando la pobreza y el hambre en los países del Tercer Mundo.

Tales circunstancias hicieron posible la postulación y posterior elección de Obama en una sociedad tradicionalmente racista. No menos del 90% de la población negra, discriminada y pobre, la mayoría de los votantes de origen latinoamericano y una amplia minoría blanca de clase media y obrera, especialmente los jóvenes, votaron por él.

Era lógico que entre los norteamericanos que lo apoyaron se despertaran muchas esperanzas. Transcurridos ocho años de aventurerismo, demagogia y mentiras en los que murieron miles de soldados norteamericanos y casi un millón de iraquíes en una guerra de conquista por el petróleo de ese país musulmán que nada tenía que ver con el atroz ataque a las Torres Gemelas, el pueblo de Estados Unidos estaba hastiado y avergonzado.

No pocas personas de África y otras partes del mundo se entusiasmaron con la idea de que habría cambios en la política exterior de Estados Unidos.

Bastaba, sin embargo, un elemental conocimiento de la realidad para no caer en ilusiones respecto a un posible cambio político en Estados Unidos a partir de la elección del nuevo presidente.

(…)

Obama ciertamente se había opuesto a la guerra de Bush en Iraq antes que otros muchos en el Congreso de Estados Unidos. Conocía desde que era adolescente las humillaciones de la discriminación racial, e igual que muchos norteamericanos admiraba al gran luchador por los derechos civiles, Martin Luther King.

Obama nació, se educó, hizo política y tuvo éxito dentro del sistema capitalista imperial de Estados Unidos. No deseaba ni podía cambiar el sistema. Lo curioso es que, a pesar de eso, la extrema derecha lo odia por ser afroamericano y combate lo que el Presidente hace para mejorar la imagen deteriorada de ese país.

(…)

El Talibán es un movimiento nacionalista afgano que nada tuvo que ver con aquel hecho. La organización Al Qaeda, financiada por la CIA desde 1979 y utilizada contra la URSS en los años de la guerra fría, fue quien fraguó aquel ataque 22 años después.

Existen hechos oscuros que no han sido suficientemente esclarecidos todavía ante la opinión pública internacional.

Obama ha heredado de Bush esos problemas.

No albergo la menor duda de que la derecha racista hará todo lo posible por desgastarlo, obstaculizando su programa para sacarlo del juego por una u otra vía, al menor costo político posible.

¡Ojalá me equivoque!

*Fragmento de las Reflexiones del ex presidente cubano, del 24 de agosto pasado.



Por Ana Barón
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