Crisis energética se agravará

El usuario común y corriente se pregunta qué está pasando con el servicio de electricidad que en este verano, supuestamente un periodo bueno de lluvias, existen cortes intempestivos en buena parte de los distritos de Lima Metropolitana y el país en general.

| 13 marzo 2009 12:03 AM | Informe Especial | 2.5k Lecturas
Crisis energética se agravará
(1) Problemas en la hidroeléctrica del Mantaro ocasionaron los recientes apagones. (2) Es necesario promover la inversión en otras fuentes de generación eléctrica alternativas como las hidráulicas y eólicas. (3) Hay que sincerar el precio del gas natural procedente del Lote 88.
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El 6 de febrero en la tarde, la planta de Ventanilla de la empresa Edegel tuvo dificultades en uno de sus generadores que no pudieron solucionarse a tiempo por problemas laborales; la consecuencia fue que más de 15 distritos de Lima sufrieron la restricción del servicio eléctrico. Durante los días 4, 5, 6 y 9 de marzo se afectó, por problemas en la hidroeléctrica del Mantaro, el suministro de energía para Luz del Sur, empresa responsable de la distribución en Lima Sur, y a casi un millón de usuarios se les cortó el servicio de energía.

¿Quién es el responsable ante esta situación? ¿Acaso el Ministerio de Energía y Minas con un ministro de formación eléctrica?, ¿Osinergmin, organismo regulador por excelencia que no haría bien su rol de promover la inversión?, ¿las empresas de generación que estarían presionando por mayores incrementos tarifarios?, ¿la naturaleza por las excesivas lluvias?, ¿acaso los bajos precios del gas natural que desincentivan la construcción de nuevas centrales hídricas?, ¿TGP empresa responsable del transporte del gas de Camisea que no ha ampliado a tiempo la capacidad de transporte?, ¿Electroperú por no dar el mantenimiento debido a las dos centrales hídricas?, ¿Edegel por no resolver en trato directo sus problemas laborales? ¿A quién acusar?

Todas estas interrogantes resultan válidas. Como diría el economista fisiócrata F. Quesnay (1756), “todo depende de todo”, destacando la interdependencia entre los sectores, y cómo las decisiones de gasto e inversión determinaban los niveles de ingreso, y por tanto del consumo de las clases sociales.

Sin reserva ni planificación
La realidad nos demuestra que no tenemos reserva de energía en calidad ni oportunidad para suplir cualquier emergencia, como lo que está pasando, ante desperfectos y fallas de la generación a los cuales se sumarían problemas laborales. Es más, la ausencia de la reserva de energía demuestra, en el fondo, la falta de planificación en un sector estratégico como es la generación, transmisión y distribución de la energía eléctrica.

Lamentablemente, el Presidente de la República, traumatizado por los “errores y horrores” de su primer gobierno, asume como un A,B,C,D el principio de la subsidiaridad del Estado en la economía, principio central de la Constitución de 1993, y la no intervención de las empresas estatales en la economía. Ello explica el deterioro de Petroperú, de Electroperú, Egasa y Egesur, etc.

La falta de reserva es la expresión contundente de que no tenemos planificación, y a esta realidad nos ha conducido el principio ideológico, hoy en bancarrota, según el cual “el mercado lo resuelve todo”. Si bien, gracias a las buenas lluvias la reserva de energía se elevó de 1% al 7%, en las horas punta, de las 18 a 23 horas prácticamente no tenemos reserva de energía ni equipos de generación a diésel disponibles para enfrentar las salidas intempestivas de otra unidad de generación.

Pagando las consecuencias
Esta reserva de energía que debiera ser superior al 25% en relación a la capacidad de potencia instalada, no se levanta de la noche a la mañana. Supone la existencia de una política realmente promotora de la inversión en generación, transmisión y distribución; supone una rentabilidad atractiva para el inversionista público o privado. Exige superar las graves distorsiones que se han venido incubando de años atrás y que hoy se están manifestando con toda su fuerza, debido a la ineptitud e incapacidad de quienes no tomaron las previsiones, recomendaciones y decisiones en el pasado. Hoy pagamos las consecuencias que se agravarán en los meses de julio y agosto, cuando empiece el período de estiaje, con las sequías respectivas.

De allí que las decisiones que se adopten hoy en día, tomarán su tiempo para resolver de manera razonable esta falta de reserva de energía, esta ausencia de importantes inversiones en generación eléctrica, especialmente hídrica y eólica, y alcanzar una mayor cobertura eléctrica nacional, pues resulta paradójico que en el siglo XXI millones de peruanos no tengan acceso al servicio eléctrico.

Otra es la realidad
En tal sentido, todos debemos recordar que, en su última presentación ante la Comisión de Energía y Minas del Congreso, el ex ministro del sector, Juan Valdivia, expuso en agosto de 2008 la versión oficial de la llamada “crisis energética”, asegurando que no habría restricciones de energía ni racionamiento alguno. Allí se señalaban los antecedentes de los desequilibrios, indicando que durante el período “2001-2006 la demanda aumentó en 28,2% mientras que la oferta en nueva generación sólo creció 9,4%, reduciéndose la reserva de manera significativa (aprox. 500 MW)”.

Lamentablemente el buen ex ministro no está presente en la responsabilidad del sector para explicar lo que está sucediendo, cuando importantes sectores de Lima sufren cortes intempestivos del servicio eléctrico.

Se debe recordar que la pérdida de la reserva eléctrica durante el mismo período 2001-2006 fue de 50% a 30%, llegando a menos de 7% en las horas punta en la actualidad, lo cual se suma a las restricciones en el suministro de gas natural a las centrales térmicas en horas punta (18 a 23 horas) por la congestión en el gasoducto de Ica a Lima, que tiene una capacidad máxima de transporte de 290 millones de pies cúbicos. Esto representaría un equivalente de 200 MW de menor generación a gas natural que se debiera sustituir con los altos precios del diésel 2 que cuestan entre 20% a 25% más caro que el precio internacional del petróleo.

La pregunta central debiera ser: ¿Por qué no se invierte en centrales de generación hidráulica y, sin embargo, existe una cola de empresas que desean generar electricidad con el gas barato de Camisea? Esta es una interrogante válida, pues salvo la Hidroeléctrica de El Platanal en Cañete y los proyectos de generación térmica a gas natural, de 220 MW, todo es ilusión.

Creemos que este es el punto de partida para reconocer el problema esencial que resulta en la ausencia de una planificación energética como política de Estado que desde los inicios de la década de los noventa impuso el sentido común del “libre mercado”, desregulando el mercado eléctrico, debilitando el rol del Estado y privatizando empresas públicas rentables, al mejor postor y con mínimos compromisos de inversión.

La responsabilidad de la falta de inversiones en la generación hídrica y la dramática disminución de la reserva, que en las horas punta, entre las 18 y 23 horas, llega ahora al 7% pero el año pasado estuvo en 1%, es la extrema discrecionalidad del organismo regulador, que no incentiva la inversión, según declaraciones del presidente del COES.

Es decir, el supuesto modelo de eficiencia eléctrica funciona actualmente sin reserva de energía eléctrica, que teóricamente debiera representar un mínimo del 25% para asegurar el crecimiento de la economía en los próximos años, los nuevos proyectos mineros intensivos en energía y los tratados de libre comercio (TLC).

En otras palabras, la reserva eléctrica se ha licuado, y esta sería la forma más efectiva de presionar para el incremento tarifario y cuestionar un modelo eléctrico distorsionado gracias a los precios baratos e irracionales del gas natural para la generación eléctrica, viejas prácticas oligopólicas, y presiones de los grupos de poder, etc.

Gas barato
Si el principio de la interdependencia se respeta, donde “todo depende de todo”, sería un avance que el gobierno, congresistas, líderes de opinión y también, claro está, el señor Alfredo Dammert, presidente del organismo regulador Osinergmin, reconozcan que el precio del gas natural proveniente del Lote 88 es excesivamente barato, tan barato que el marcador Henry Hub en la economía norteamericana, tenía un precio promedio de US$ 9 dólares el millón de BTU, sin contar los costos de transporte y distribución, mientras aquí las empresas de generación eléctrica como Edegel (unidad de Ventanilla), Kallpa y Energía del Sur pagaban menos de US$ 1.50 por millón de BTU por el gas de Camisea.

Este enorme e irracional subsidio, con precios políticos del gas natural, constituye a mi criterio, el principal obstáculo para la promoción de la inversión en otras fuentes de generación eléctrica alternativas como las hidráulicas y eólicas que tienen un enorme potencial desaprovechado en nuestro país.

Sinceremos el precio del gas natural proveniente del Lote 88, para el establecimiento de una política sana de precios relativos, que también, dicho sea de paso, significará mayores ingresos fiscales, pues el 37,24% de regalías se fijarían sobre mayores precios en “boca de pozo”. Esta es la forma más segura e inteligente de alcanzar la autonomía y seguridad energética.

Jorge Manco Zaconetti
Colaborador

Investigador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y consultor

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