China se mete en el “patio trasero”

En los años recientes, China ha ganado una enorme influencia en los países del Tercer Mundo mediante una diplomacia hábil en la que la transferencia de ayuda financiera para el desarrollo juega un papel importante.

Por Diario La Primera | 20 set 2008 |    
(1) La venta de aviones militares chinos a Venezuela se concretaría en un futuro cercano. (2) El presidente Hu Jintao vino a Latinoamérica en el 2004 para suscribir importantes convenios. (3) Los productos chinos tienen cada vez más presencia en el Tercer Mundo
Gigante del Asia intensifica sus contactos con Latinoamérica para contrarrestar la influencia de Washington y consolidar sus mercados

En América Latina, el llamado “patio trasero” de los Estados Unidos, China busca como en otras partes del mundo ventajas políticas y económicas. En los años 70 y 80 se establecieron las primeras relaciones diplomáticas con visitas de representantes del gobierno chino a la región.

El interés de China en la región fue promovido por el aislamiento político exterior de China provocado por la represión de la rebelión de Pekín en 1989. En ese sentido, los países latinoamericanos han practicado tradicionalmente una política de reserva frente a problemas internos de otros países.

Así, los contactos con Latinoamérica se intensificaron a comienzos de los años 90. Del 90 al 99 viajaron a China veinte presidentes, siete primeros ministros, dieciséis ministros de relaciones exteriores y nueve ministros latinoamericanos. Las relaciones comerciales crecieron desde el año 2000 y llegaron a un valor de cerca de 50 mil millones de dólares al 2006. Las importaciones chinas de la región aumentaron en un 60% anualmente y de esta manera se sextuplicaron en el período del 2000 al 2006.

China considera las relaciones con Latinoamérica bajo la premisa de la seguridad de abastecimiento. La región ofrece yacimientos de materias primas urgentemente necesitados y que constituyen el 80 % de las importaciones chinas de Latinoamérica. Pero también se importa carne y soja en gran cantidad. Además, ambas partes ven recíprocamente los mercados como puestos de venta potenciales y crecientes para sus productos.

Estas relaciones económicas y políticas intensas condujeron a una visita en el año 2004 del presidente Hu Jintao a Latinoamérica. En el transcurso de esta visita se suscribieron importantes convenios que sirvieron de fase preliminar a inversiones chinas de miles de millones. Estas se concentraron sobre todo en el sector de la explotación de materias primas como el cobre, aluminio, petróleo, etc.

Cooperación estratégica
El compromiso de China en la región se extiende a la cooperación militar con los adversarios de Washington: Cuba y Venezuela. Además, Pekín quiere reconstruir en Cuba una estación interceptora soviética vieja y utilizarla estratégicamente. En Venezuela militares chinos entrenan a pilotos venezolanos y desea en el futuro vender aviones militares. El programa conjunto con Brasil en el campo de los satélites y el espacio interplanetario es visto también con mucha preocupación debido a la transferencia de tecnología.

China se esfuerza en un mejor enlace con la región. Su participación en la misión de los cascos azules de la ONU en Haití con 130 policías representa una nueva calidad del compromiso chino en la región. Además Pekín se esfuerza por contener la influencia tradicional de Taiwán utilizando una cooperación económica financiera generosa.

Se puede asegurar asimismo que China y los estados latinoamericanos dan sus votos de manera idéntica en los escrutinios de las Naciones Unidas en un 80%. Por otro lado, China apoya a Brasil en sus esfuerzos por conseguir un puesto permanente en el consejo de seguridad de las Naciones Unidas.

No se descarta peligro de guerra nuclear
Después del 11 de septiembre, el gobierno norteamericano vio la oportunidad sin precedentes de ejecutar sus propias ideas de un nuevo orden político mundial dictado desde Washington, y sobretodo, instrumentalizado militarmente con apoyo de la opinión pública

La Paz Americana, el orden mundial dominado por Norteamérica, abraza el peligro de una guerra escalonada, inclusive nuclear, y está basada en las aspiraciones de poder y conceptos de orden normativos de una política exterior militarizada.

Un orden mundial multilateral institucionalizado con reglas y normas presupone una disposición estatal para reconocer un código de conducta obligatorio y desarrollar la política en estos marcos.

Tanto los EEUU como China juzgan de manera diferente la utilidad y los costos de tal sistema. Pekín trata de balancear el unilateralismo norteamericano a través de una fuerte orientación a favor del multilateralismo con objeto de ganar peso diplomático.

EE UU no quiere perder su dominio
La interrelación económica del mundo y el boom en la demanda de materias primas provocado por las economías emergentes de China e India abren a los gobiernos de Latinoamérica un gran espacio económico y político frente a Washington.

Es por ello que los Estados Unidos están preocupados por la presencia creciente de China en la región. Y es que los enormes recursos financieros que China quiere invertir, las relaciones militares reforzadas y los objetivos políticos en la región, amenazan la política de Estados Unidos de la doctrina Monroe.

China es vista en el congreso norteamericano como la amenaza más grande en la región después del desmoronamiento de la Unión Soviética. Las relaciones económicas y políticas amplias entre Pekín y Latinoamérica presionan a los Estados Unidos también en el Asia. Por su parte, China trata, mediante la entrega de ayuda financiera para el desarrollo, contener el reconocimiento diplomático de Taiwan, aliado de Washington en Asia.

La influencia de Washington en Latinoamérica es, aunque viene disminuyendo, aún muy grande, y de un interés tan vital, como para que China pueda declarar sin disimulo a Latinoamérica como su zona de interés estratégico.

La actual influencia de China es fundamentalmente indirecta y se extiende particularmente a la cooperación económica y ayuda para el desarrollo crecientes. Como resultado, se contribuye a estabilizar las relaciones políticas y económicas en Latinoamérica y se crea de esta manera para los respectivos estados latinoamericanos un mayor espacio de maniobra frente a los Estados Unidos.

En un futuro previsible, solamente China estará en la capacidad de retar a los Estados Unidos por la posición de dominación mundial. Por ello, la política de los Estados Unidos se orienta probablemente hacia una limitación estratégica regional del desarrollo del poder chino destinada a evitar, o por lo menos frenar, el auge de poder político global de Pekín mediante el control de los recursos de la región.

Por Dirk Herrmann y Rubén Cárdenas
Colaboradores


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