China amenaza hegemonía de EE.UU.

Se le atribuye a Napoleón Bonaparte la siguiente expresión: “Si China despierta, tiembla la tierra”. Hoy en día, después de cerca de doscientos años de la era napoleónica, China está despierta y este despertar hace, aunque sea sólo en sentido figurativo, que la tierra tiemble.

Por Diario La Primera | 19 set 2008 |    
China amenaza hegemonía de EEUU
(1) El gigante despierta y se moderniza a una velocidad asombrosa. (2) China es considerada la “fábrica del mundo” en la actualidad. (3) Pasado de China sirvió para el cambio en la actualidad.
Auge del gigante asiático hace tambalear geoestratégica y económicamente el dominio mundial de los EE.UU.

China, el país de la más antigua cultura universal del mundo (cerca de 5000 años), se ha despertado de un sueño vanidoso y tiende a convertirse en una superpotencia. En el pasado, estuvo marcada por una increíble actitud cultural de aislamiento frente al extranjero, petrificada en estructuras feudales y víctima de humillaciones coloniales por parte de potencias industriales extranjeras. En la actualidad, China se moderniza a una velocidad impresionante, que para muchos observadores sólo causa admiración si se tiene en cuenta su atraso anterior.

Desde las reformas iniciadas por Deng Xiau Ping, las tasas de crecimiento promedias de dos dígitos, en las últimas dos décadas, han producido el boom de la economía china, la que influye masivamente, con su desarrollo, en la velocidad de la globalización.

Las cada vez más grandes corrientes de mercancías, que producen mayor transporte y tráfico, y la división del trabajo global conducen fundamentalmente a la interrelación económica del mundo. En China, que ya es considerada como “la fábrica del mundo”, se produce casi todo a precios favorables y competitivos. Así, tiende a convertirse en el “campeón mundial de exportación” desplazando a Alemania y los Estados Unidos.

Sin embargo, China no sólo quiere producir lo que otros desarrollan, si no que también se orienta a ocupar un puesto de punta en el desarrollo de alta tecnología. Al mismo tiempo, el auge económico del país ocasiona un aumento de su poder político y militar.

Temor en EE.UU.
Este tipo de crecimiento en potencial económico y político inquieta especialmente a los Estados Unidos de América, pues ven que este crecimiento, por un lado, pone en peligro su posición de única superpotencia en el mundo; y por otro lado, conduce a un desequilibrio de su balanza comercial y a fuertes tensiones en la competencia en el mercado internacional de materias primas.

Las reservas de divisas de China significan también un problema financiero-político para los EE.UU. China cuenta en la actualidad con las reservas de divisas más grandes del mundo: aproximadamente mil millones de millones de dólares. La mayor parte está invertida en valores y empréstitos estatales norteamericanos. Solamente 250 mil millones de dólares corresponden a empréstitos estatales.

De esta manera, China cofinancia el endeudamiento estatal creciente de los Estados Unidos, con lo que está en la capacidad de presionar económicamente a los EE.UU. mediante la enorme acumulación de dólares. Por medio de la compra o venta de dólares, Pekín puede codeterminar en forma decisiva la tasa de cambio del dólar, y si se diera el caso dejarla caer “al suelo”.

Esto es agravado por la contradicción de sus sistemas políticos. Una democracia liberal se enfrenta en competencia geopolítica a un régimen autoritario. China, como Estado autoritario conducido por un partido de Estado contradice el modelo norteamericano de “un nuevo orden”, que propaga estructuras políticas democráticas y contempla extraoficialmente a los EE.UU. como único poder mundial. Las relaciones americano-chinas en la actualidad y probablemente en el futuro estarán marcadas por la competencia geopolítica y geoestratégica.

Relaciones arduas y conflictivas
Los Estados Unidos y China se han encontrado directa o indirectamente en tres conflictos territoriales: Corea, Vietnam y Taiwan. El todavía no solucionado conflicto sobre Taiwan y los gestos de amenaza chinos frente a una eventual independencia de la isla, exigieron continuamente la intervención de los EE.UU.

En 1996 los Estados Unidos se vieron obligados a enviar dos portaaviones en dirección a Taiwan ya que Pekín hizo maniobras con cohetes que supuestamente podrían ser dirigidos contra Taiwan.

Durante la guerra de Kosovo aviones de la OTAN destruyeron la embajada China. Este suceso fue declarado públicamente como un accidente; sin embargo, hasta ahora se leen algunos informes que atribuyen intención a la OTAN.

El último incidente crítico ocurrió en el año 2001 cuando colisionaron un avión de espionaje norteamericano y un avión de combate chino. El avión norteamericano tuvo que aterrizar de emergencia en territorio chino y fue investigado durante varias semanas.

Difícil convivencia entre dos gigantes
Las relaciones entre los Estados Unidos y la República Popular China han oscilado en el pasado entre confrontación, la colaboración estratégica limitada, cooperación económica y competencia geopolítica.

La victoria de Mao Tse Tung sobre los aliados de los EE.UU. y el líder de las fuerzas armadas chinas nacionalistas Chiang Kai Shek y la fundación de la república comunista en 1949 constituyeron una gran derrota estratégica de Norteamérica en la lucha contra el comunismo.

Después del fin del militarismo japonés nació un nuevo opositor a los EE.UU. en el importante espacio estratégico del Asia y el Pacífico. Los enormes esfuerzos norteamericanos para limitar la influencia de la China comunista se manifestaron en las luchas con grandes pérdidas por Corea (Sur) y Vietnam (Sur). Además, se le negó a la República Popular (RP) China el reconocimiento diplomático y se consideró a la República de la Isla de Taiwan como único legítimo Estado chino.

Esta posición de Washington de rechazo con respecto a Pekín se fortaleció por las relaciones estrechas chino-soviéticas. La Unión Soviética, el más grande rival estratégico de los Estados Unidos, se esforzó en unir a la RP China al bloque del Este. Con la muerte de Josef Stalin las relaciones chino-soviéticas se enfriaron considerablemente y terminaron en los años 60 en una enemistad abierta.

Washington reconoció en estas tensiones la posibilidad de ganar a China como socio estratégico contra la Unión Soviética. En el transcurso de la así llamada diplomacia del Ping-Pong se mejoraron las relaciones americano-chinas y condujeron a una cooperación limitada estratégica contra la URSS. El desmoronamiento del bloque del Este cambió la correlación de fuerzas internacionales e hizo obsoleta la unión chino-americana. Al mismo tiempo, se amplió la influencia china en la región y en el mundo por su exitoso crecimiento económico.

Washington considera el auge del actual Pekín como un peligro potencial y desde los años 90 revaloró nuevamente sus relaciones políticas exteriores. Bill Clinton señaló a China como competidor estratégico de los EUA.

Por Dirk Herrmann y
Rubén Cárdenas

Colaboradores


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