Bolivia: Cómo parar a Evo

Todo indica que en una semana el líder indígena será reelegido por una abrumadora mayoría, ante lo cual la derecha está empezando a patear el tablero y buscando impedir las elecciones.

| 29 noviembre 2009 12:11 AM | Informe Especial | 875 Lecturas
Bolivia: Cómo parar a Evo
(1) El liderazgo de Morales es indiscutible y se extiende por todo el país. (2) Manfred Reyes Villa, un antiguo paramilitar, y Samuel Doria Medina, un rico empresario, las cartas de la derecha.

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La nacionalización del gas, que llena de orgullo a los bolivianos, junto a una creciente participación social con medidas de corte popular…
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Un enorme y flamante centro comercial que se alza en la zona sur de La Paz, con dos importantes multicines y una amplia galería comercial, una novedad en la ciudad, parece desmentir la versión distorsionada y de tanto repetida, creída, de que los capitales están huyendo del país, los empresarios están acosados, no hay producción y cunde el descontento. En la entrada misma del centro comercial, el inconfundible letrero del BCP demuestra que el fundamentalista neoliberal Grupo Romero, con gran olfato para los negocios, sigue firme y creciendo en Bolivia, donde se puede hacer plata en tiempos de Evo.

Una periodista conservadora, seguidora de la dictadura de Hugo Banzer y absolutamente alejada de las posiciones políticas del presidente Evo Morales, envía un mensaje por Internet a sus contactos, afines a ella, y les dice sin anestesia: ya van cuatro años de gobierno de Evo y no le ha quitado su empresa ni su casa a nadie, ni le ha arrebatado los hijos a ninguna familia, criticando la actitud de los conservadores, que satanizan irracionalmente al gobierno. En resumen, las empresas, los negocios, siguen caminando. Salvo la nacionalización de los hidrocarburos, que mejoró notablemente la participación el Estado, ninguna empresa ha sido afectada. Los únicos descontentos parecen ser los oligarcas agroindustriales y terratenientes especuladores, focalizados en la oriental región de Santa Cruz.

La oposición no es, o no parece ser, por tanto, económica, sino política, casi fanática, sin base sólida empresarial -centenares de hombres de negocios participaron en un insólito encuentro con el vicepresidente Álvaro García Linera, en la ciudad de Santa Cruz, bastión opositor, y escucharon sus garantías de estabilidad y apoyo oficial-, sin alternativa que ofrecer que no sea, palabras más o menos, el retorno a la política neoliberal contra la cual los bolivianos, mayoritariamente, se lanzaron hasta ponerle fin, en el año 2002.

La oposición formada por los grupos regionalistas y oligárquicos y partidos tradicionales, no ha podido unirse ni articular un programa alternativo al de Morales. Por el contrario, está dividida. Su principal opción, el ex militar Manfred Reyes Villa, no tiene ninguna oportunidad, según todas las encuestas, ni siquiera de forzar una segunda vuelta, mientras las preguntas sobre la victoria de Evo, más allá de dar por hecho que será reelegido por mayoría absoluta, están referidas a si logrará o no dos tercios del electorado. Un diplomático extranjero se anima a decir, confidencialmente, que está convencido de que Evo ganará con alrededor del 70 por ciento. Y así lo indica una encuesta realizada hace sólo unos días, según la cual el gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) no sólo controlará con comodidad las cámaras de Diputados y Senadores, sino que su avance es incesante y lo ha puesto a punto de lograr dos tercios de los escaños del Senado, ventaja que ya tiene asegurada en Diputados.

En Santa Cruz, los sectores más duros atacan con fiereza al prefecto Rubén Costas, por haber declarado que reconoce a Evo como su presidente, porque fue elegido por la mayoría de los bolivianos. Acatar la autoridad presidencial de Morales fue un giro fuerte en quien, en agosto, del 2008, había llamado “asesino” al jefe de Estado. Además, negó su respaldo a Reyes Villa y al otro candidato neoliberal, el empresario Samuel Doria Medina. Hay quienes piensan que buscó desatar una polémica que le dé protagonismo. Otros creen que Costas simplemente busca librarse de ser enjuiciado por su involucramiento con una banda paramilitar, con participación de mercenarios extranjeros, desbaratada en abril pasado, cuando ya había iniciado una serie de atentados que buscaban desestabilizar al gobierno y escindir a Santa Cruz y eventualmente a otros departamentos de la llamada “Media Luna”.

Suma y sigue
El MAS ha crecido en Santa Cruz, ha conseguido atraer a sus filas hasta a una facción de la violentista Unión Juvenil Cruceñista y a las “barras bravas” de los clubes de fútbol Oriente Petrolero y Blooming, fuerza de choque de los regionalistas-separatistas. Las encuestas adelantan que será difícil que Morales gane en territorio cruceño, pero pronostican que tendrá un tercio del electorado, es decir algo más que el 32 por ciento de aprobación que en el Perú contenta al presidente García. En otras regiones el MAS ha podido sumar, además, a sectores medios que eran la esperanza de la oposición derechista. En La Paz, la lista de candidatos del MAS al Senado es encabezada por la veterana periodista y ex defensora del Pueblo, Ana María Campero, una dama de la sociedad paceña y ajena a las filas del partido gobernante, representante prestigiosa de las capas medias. Y no ha prestado sólo su nombre. Participa activamente en la campaña y explica a la ciudadanía el carácter histórico y necesario del proceso boliviano, que requiere de la participación de todos.

La aceptación del liderazgo de Evo como un dato incontrastable de la realidad ha llevado a candidatos de agrupaciones menores al Congreso, a asegurar que apoyan al jefe de Estado y al proceso de cambios que vive el país y quieren participar desde la crítica en el Congreso, actitud no exenta de cálculo electoral: Ya que no podemos ganarle la presidencia a Evo, hay que reducir la mayoría que tendrá en el Congreso. Lo cierto es que Morales ha derrotado “por goleada” a sus adversarios en cuanto cotejo ha tenido con ellos en las urnas: En 2005 fue elegido por abrumadora mayoría y después se impuso en un referéndum revocatorio, en la elección de la asamblea constituyente y en el referéndum aprobatorio de la nueva Constitución.

El pasado miércoles, el gobierno lanzó una medida que, según quienes conocen la realidad boliviana y los fundamentos del apoyo popular a Evo, hará crecer aún más la votación del MAS: creó la Empresa Boliviana de Industrialización de Hidrocarburos (EBIH), que impulsará la construcción de nuevas plantas para fabricar productos o derivados del gas natural y petróleo con valor agregado. La nacionalización del gas, que llena de orgullo a los bolivianos, junto a una creciente participación social con medidas de corte popular y la presencia de dirigentes de base o intelectuales ajenos al neoliberalismo en altos cargos del aparato estatal, explica el gran apoyo ciudadano al gobierno, junto a un alto protagonismo indígena y social, que desatan fuerzas sociales con imprevisibles perspectivas, más allá de las críticas a la insuficiente lucha contra la corrupción o a la falta de eficiencia o el sectarismo en determinadas áreas de la administración pública y a la exigencia de sectores radicales que exigen medidas de cambio más profundas.

Maniobra desesperada
En ese contexto, la oposición se juega la que parece ser su última carta, al lanzar una campaña que acusa al gobierno de fraude e impugna la inscripción electoral de unos 400 mil ciudadanos, porque no presentaron carné de identidad al registrarse. Lo hicieron con otros documentos y con registro de huellas dactilares y otros elementos que, en un contexto de elevada falta de documentación, evidenciaba lo fundamental; que son ciudadanos y existen. Están registrados en el llamado “padrón biométrico”, que almacena las huellas y fotos, para anular electrónicamente las inscripciones dobles.

Este tipo de padrón, paradójicamente, fue creado a pedido de la oposición, que lo reclamaba como forma de evitar un fraude y garantizar la más amplia participación ciudadana. El tribunal electoral, ante el reclamo, ha dado un plazo a los impugnados para que presenten sus carnés de identidad, algo imposible por el poco tiempo que queda, mientras el MAS y el gobierno exigen respeto e inclusión para esa masa de electores, y denuncian que está en marcha una maniobra para impedir las elecciones y frustrar la que se perfila como la mayor y más contundente victoria de Evo.

En el diario opositor “La Razón”, el comentarista Ilya Fortún, ajeno al MAS, dice que la impugnación opositora, que Doria Medina trata de usar como plataforma de unidad, al pedir una “cumbre” de oposición, es en realidad “una triquiñuela”. Anota, sin embargo, que para que esta funcione la oposición tendrá que demostrar que esos 400 mil ciudadanos no existen, que el MAS controla todas las mesas de votación y que la Corte Electoral es cómplice del supuesto fraude, pero además tendrán que demostrar que las encuestadoras privadas, que vaticinan la victoria contundente de Evo, no miden la realidad, sino un fraude.

“La suerte está echada y ante esta realidad la oposición debe decidir entre seguir con el lloriqueo del fraude y la alternativa sensata y necesaria de replantear seriamente sus liderazgos y su lectura política del país”, dice Fortún.

Otra vez asoma el fantasma del golpe
La oposición boliviana lo ha probado todo contra Evo Morales; desde la política del desgaste y la violencia callejera hasta el implacable asedio mediático, desde la algarada golpista hasta el terrorismo, sin haber conseguido el objetivo de poner fin o domesticar al atípico proceso que encabeza el líder cocalero. Ahora, ante su previsible nueva derrota electoral, prepara acciones ilegales para acabar con el gobierno, advierte el periodista y analista político Hugo Moldiz.

Han sido “cuatro años de enorme tensión entre un viejo bloque en el poder, que hizo de todo para no ser desplazado, y la emergencia de un nuevo bloque social, que se defendió con todo”, dice, a tiempo de advertir que de ninguna manera está descartada la reedición, tras las elecciones, de la violencia o incluso un golpe de Estado, en cualquiera de sus modalidades, con apoyo de Estados Unidos que no acepta ni siquiera lo que Moldiz considera tímidas reformas aplicadas hasta ahora por el gobierno.

El analista basa sus aprehensiones en hechos: en estos cuatro años ha habido una relación constante entre victoria electoral del MAS y planes y acciones de desestabilización y conspiraciones golpistas. A cada triunfo popular, “la ultraderecha boliviana y sus aliados externos han respondido con una sistemática estrategia subversiva”, dice.

Recuerda que Evo Morales salió airoso con 67% de los votos, del referéndum revocatorio de agosto de 2008 y la ultraderecha reactivó de inmediato una estrategia para derrotar al gobierno por la vía del separatismo. En enero de 2009 la nueva Constitución Política del Estado fue aprobada con cerca del 62% de los votos y luego vino el segundo intento de fracturar la unidad territorial, con la participación de mercenarios extranjeros con experiencia en la división de la ex Yugoslavia.

El grupo paramilitar fue desbaratado en abril de 2009, cuando la policía allanó un hotel en el que preparaban nuevo atentados -ya habían realizado algunos, como el lanzamiento de una bomba a la casa del cardenal Luis Terrazas, obispo de Santa Cruz, realizado para culpar al MAS- con el fin de escindir a Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, del resto del país y usar a los paramilitares como ejército separatista.

Leopoldo Villarroel
Colaborador

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