Bailando en los aires del tiempo

La tarde del domingo 20 de abril de 1976, en el local del Centro Social Oyolo, ubicado en el jirón Inca del distrito de Surquillo, Rómulo Huamaní Janampa festejó su primer aniversario oficial con el nombre artístico de Qori Sisicha, al lado de los consagrados danzantes parinacochanos hermanos Chiara, del huancavelicano “Derrepente”, de Kiscamicu, Lucifer, además de otros artistas.

Por Diario La Primera | 16 ago 2008 |    
Bailando en los aires del tiempo
Cien danzantes de tijeras compiten este domingo en estadio de Villa El Salvador

Han transcurrido 32 años y la trayectoria artística de Qori Sisicha es digna de resaltar. Ha sido fundador y primer presidente de la Asociación de Danzantes de Tijeras y Músicos del Perú en 1974, fundador de la primera Escuela de Danzantes de Tijeras, y actor y promotor de numerosos Atipanacuy o competencias. Viajero incansable, ha llevado a varios países del mundo nuestra danza milenaria, en algunos casos en encuentros étnicos. Ha grabado tres compactos con la música de los danzantes y tiene proyectado la creación de la Casa Museo del Danzante de Tijeras.

Azul es el paso, ahora rojo, amarillo, violeta, morado, plata, oro. De lejos vienen sus pasos, de las alturas de los Andes, del tiempo remoto. El sol relumbra lumbre, refleja filos de luz, tajos, cuchilladas sobre las tijeras. Los aceros contestan con algarabía, relampaguea el sonido como las chispas de los rayos, que anuncian los truenos, augurando lluvias en las cumbres altísimas donde moran los Wamanis, espíritus protectores de los Apus, cerros inmemoriales.

El arpa en las manos de Gregorio Condoria “Lapla”, o en las de Zenón Llamoca Inca, “Incacha”, el violín en las de Andrés Lares “Chimango”, enroscan las melodías en el viento, haciendo campo, sitio, aire, provocando, llamando a la filigrana de los pasos. De pronto es el Alba, el Wallpa Waqay, las Tonadas, el Siu Sau, la Patara, pasos, giros, que recogen el sonido de los elementos de la naturaleza, el canto de las aves, el enigma de los cerros y puquiales.

Del remolino de colores y música sale, camina, corre, aparece la filigrana de la danza. Ahí está en el escenario del tiempo, Rómulo Huamaní Janampa, “Qori Sisicha (“Hormiguita de Oro”), con su emblema en alto desde hace 32 años, como mañana domingo 17 de agosto, tributando el reconocimiento a los danzantes mayores y festejando la buena suerte de la serie El Gran Reto, donde él, junto con Ccarccaria es uno de los protagonistas. La cita es en la explanada del estadio Unicachi de Villa El Salvador.

En el Atipanacuy (competencia) participarán cien danzantes de tijeras de Ayacucho, a partir de la 1 de la tarde. Habrá además un desfile artístico de primera calidad con la participación de Manuelcha Prado, Alicia Delgado, Max Castro, Abencia Meza, Raúl Arquinigo, Sósimo Sacramento, Robert Pacheco, Amapolita de Chipao, Porfirio Ayvar, Canto América. También estarán presentes los artistas de la serie “El Gran Reto”.

El escritor José María Arguedas ha dedicado tres obras, donde menciona a los dansaq: Yawar Fiesta (1941), La Agonía de Rasu Ñiti (1961), cuento sacado de la fuente de la literatura oral indígena presentando la agonía y la muerte de un danzante y la iniciación de su sucesor, y la última novela El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo (1969), donde, mediante la Danza, destaca el papel rebelde y conflictivo entre la cultura occidental y la cultura andina.

En sus últimas voluntades, Arguedas pidió en una carta, que en su sepelio, el violinista Máximo Damián tocara la "Agonía" acompañado por el arpista Luciano Chiara y los danzantes, Gerardo y Zacarías Chiara. Este hecho era verdaderamente significativo para Arguedas, porque murió identificado con la cultura andina, en cuya defensa ocupó un papel precursor.

Fue la primera respuesta a la invasión española
La Danza de las Tijeras es un modo de aparición clandestina, enmascarada, del culto a los Wamanis o Apus, a las Huacas. Comenzó –probablemente– en la ciudad de Huamanga, después de 1565, como una de las posibilidades de desarrollo y continuación del Taki Onqoy, aquel “canto y baile de la enfermedad”, surgido como primera respuesta a la invasión española.

“Entonces las Huacas prehispánicas se rebelaron contra España encarnándose en determinadas personas, las que poseídas por los dioses perdieron el espíritu, cantaron y bailaron, en un éxtasis profundo, proponiendo el regreso al antiguo orden y exigiendo a los hombres y mujeres de los Ayllus no mezclarse con los españoles”, ( Del prólogo de Rodrigo Montoya al libro “Los Danzaq” de Lucy Núñez Rebaza).

El famoso e interesado “pacto” que se dice los danzantes realizan con el diablo, no existe como tal. Es absurdo e ilógico. Se explica, por el entendimiento que los danzantes tienen con los Wamanis o espíritus de los Apus o cerros protectores, referencias geográficas regionales, considerados dentro de la religión andina como lugares sagrados, santuarios.

El llamado Ensayo Ceremonial que realizan los danzantes de tijeras en la Semana Santa, irónicamente se entiende como una lucha de poder, porque algunos danzantes explican que en los días de Semana Santa, ante la ausencia de la religión cristiana por la muerte de Jesús, ellos aprovechan ese vacío para recuperar los escenarios que les han sido arrebatados y realizar la ceremonia con su religión de creencia en los Apus y los elementos de la naturaleza.

Antonio Muñoz Monge
Colaborador


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