Avanza despenalización de la coca

La decisión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de viabilizar un proceso de despenalización internacional de las hojas de coca muestra el fracaso de la política antidrogas impulsada por el “Tío Sam” para reprimir a los productores de este cultivo responsabilizándolos del narcotráfico.

| 05 agosto 2009 12:08 AM | Informe Especial | 1.3k Lecturas
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Las diversas administraciones norteamericanas han instalado hasta bases militares en algunas naciones como Ecuador y Colombia y promovido una dura represión a los cocaleros bolivianos y peruanos. En Bolivia, a lo largo de los años, y mucho más desde que se aprobó en 1988 la Ley de Sustancias Controladas, Washington ha intervenido en las zonas productores de coca, principalmente en El Chapare, donde los agentes de la agencia antidrogas de ese país (DEA) eran virtualmente los virreyes que hasta ordenaban a las tropas policiales nacionales.

La DEA fue expulsada del país recién el año pasado y el presidente Evo Morales denunció que la presencia masiva de agentes de la DEA en Bolivia era el inicio de la instalación de una base militar que irradie su hegemonía en Sudamérica. Lo cierto es que la reciente decisión de la ONU ha dejado sin argumentos a Estados Unidos para su tradicional política antidrogas que se fija más en la erradicación de la coca que en la represión al narcotráfico y la creciente demanda de estupefacientes que existe en su mercado. Bolivia ha salido al frente a esos argumentos, convocando a Estados Unidos y a los países europeos y asiáticos a asumir su responsabilidad compartida en el problema del consumo de cocaína y reducir la demanda de mundial de ese producto, como el principal antídoto contra la producción y el tráfico de drogas.

Ha sido muy fácil para Estados Unidos en el pasado colocar sus dólares para imponer políticas de erradicación de la coca por considerar que alimenta al narcotráfico, sin considerar que en su casa las papas quemaban por el aumento del consumo de la droga. La decisión de la ONU, que abrió finalmente los ojos ante el justo reclamo de Bolivia, ha sido un despertar para colocar en el sitial que le corresponde a este cultivo milenario y a desnudar los verdaderos intereses de Washington.

Bajo el argumento de que la coca es cocaína, desde 1950 supuestos expertos, que apenas realizaron una inspección superficial en algunos países andinos donde se cultiva la coca, dieron un veredicto para calificarla como peligrosa para el consumo humano.

Cruzada internacional
En 2007 el presidente Evo Morales Ayma inició una verdadera cruzada internacional para despenalizar la hoja de coca y demandó realizar estudios serios para establecer la verdadera naturaleza del cultivo, tanto en su composición química como en sus alcances milenarios culturales y tradicionales para aproximadamente 30 millones de ciudadanos que habitan en Sudamérica. Es que la coca no solamente es utilizada por esas poblaciones para ritos tradicionales y religiosos en estas naciones, sino que también posee atributos medicinales.

Algunos expertos y antropólogos que realizaron estudios al respecto establecieron que la coca sirvió como analgésico inclusive para las peligrosas y milagrosas operaciones de cráneo que realizaban los incas. Otros usos que se da a la coca en las poblaciones citadinas es para calmar los dolores de huesos, de cabeza, el conocido mal de altura o “soroche”. Por esos antecedentes las autoridades bolivianas han destacado la determinación de la ONU de dar curso al proceso de despenalización del masticado de la hoja de coca en las áreas de producción. “Es un reconocimiento inteligente a las tradiciones culturales e históricas de los pueblos andinos que han vivido apegados al cultivo, a la masticación, al consumo de la hoja de coca para sus ritos religiosos y sus usos y costumbres”, comentó el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana sobre la determinación de la ONU.

El principal argumento de Bolivia desde 2007 es que “masticar coca no significa consumir cocaína”, porque el alcaloide de la cocaína que se encuentra en la hoja en proporciones inferiores al 0,8%. De esa manera la coca se convierte en cocaína solamente cuando es sometida a productos químicos que produce el mundo industrializado.

Algo de historia sobre la planta
El especialista Juan Matienzo sostiene que los incas habrían excluido al pueblo el derecho a consumir coca para reservar este producto solamente a los nobles. También se afirma que la coca era masticada por los “yaravecs”, personas con memoria privilegiada. La coca era almacenada en depósitos para ser utilizada en tiempos de guerra y distribuida entre los indígenas en tiempos de paz para aliviar las necesidades de la población en caso de escasez de alimentos. Todos los investigadores coinciden en que la coca cumplió la función de valor de cambio en un contexto de ausencia de moneda y de reglas para la circulación de bienes de consumo.

Los estudiosos del tema indican que los colonizadores españoles, al ingresar a América y específicamente a los Ándes, tuvieron conocimiento de la existencia de cultivos de coca y se interesaron por conocerlos con profundidad. Un grupo ligado al clero consideró que debía prohibirse el cultivo y consumo de la “hoja del diablo”, por su relación con prácticas mágico-religiosas contrarias a su política de “extirpación de idolatrías”. Muy rápido olvidaron ese objetivo al enterarse de que la coca podía ser utilizada en sustitución del alimento por su alto valor nutritivo para ser entregada a la fuerza de trabajo sometida en las minas y en el campo y también porque el clero llegó a percibir parte de los dividendos tributarios que generaba el producto.

El Estado había incluido a la coca como un importante producto en el pago de tributos y como generadora de ganancias porque los cultivos fueron alquilados o vendidos a altos precios. Los historiadores también señalan que la coca fue utilizada como valor de cambio para comprar ganado y otros productos altamente valorados. A fines del siglo XVIII, los españoles y criollos que la consideraban como una “hoja del diablo” la colocaron en un lugar preferente en su consumo, en la forma de mates para curar resfríos, dolores de muelas, heridas, fracturas de huesos y otros, al punto que sintieron su falta cuando se produjo la guerra de la Independencia en la que al fragor de la lucha se perdieron miles de hectáreas del cultivo.

Más allá de los mitos y acusaciones de los detractores que creen que el uso de la hoja de coca trasciende el mero hecho de mitigar las sensaciones de hambre, sed o cansancio y para las tradiciones religiosas y culturales, es importante establecer que el “acullico” es en realidad un acto ritual con profundas implicaciones sociales para el humano andino, ya que perpetúa las tradiciones culturales y une a las personas. Se ha comprobado que en las relaciones sociales de la cultura andina, la coca es un instrumento de la amistad y generosidad porque es un acto que sella relaciones de confraternidad y confianza entre los participantes

El erudito historiador británico sir Clements R. Markham (1830-1916) llegó a recomendar el uso de la coca a todos los turistas y extendió esta recomendación a los miembros de los clubes de alpinismo de Europa por su efectividad en lugares ubicados por encima del nivel del mar.

El informe que condenó a la hoja
La prohibición del uso de la hoja de coca, excepto con fines médicos o científicos, fue establecida por la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961 que la clasificó en forma sorprendente en la Lista I de dicha Convención junto con la cocaína y la heroína. La Convención dice: “Las Partes obligarán a arrancar de raíz todos los arbustos de coca que crezcan en estado silvestre y destruirán los que se cultiven ilícitamente” (artículo 26) y “la masticación de hoja de coca quedará prohibida dentro de los 25 años siguientes a la entrada en vigor de la presente Convención” (artículo 49, 2.e).

La inclusión de la hoja de coca en las listas de la Convención Única de 1961 se debe principalmente a un informe solicitado a las ONU por Perú, elaborado por una comisión que visitó brevemente Bolivia y Perú en 1949, para “investigar los efectos del masticado de la hoja de coca y las posibilidades de limitar su producción y controlar su distribución”.

El informe fue objeto de severas críticas por su arbitrariedad, imprecisión y connotaciones racistas. La mayor parte de la información proporcionada sobre el uso tradicional de la hoja de coca y sus adaptaciones modernas era errónea, lo que impidió conocer los aspectos positivos de la planta y sus potenciales beneficios para la salud física, mental y social.

En un intento por obtener reconocimiento jurídico para el uso tradicional de la coca, Perú y Bolivia negociaron el párrafo 2 del artículo 14 de la Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas de 1988, en que se estipula que las medidas que se adopten para erradicar el cultivo ilícito “tendrán debidamente en cuenta los usos tradicionales lícitos, donde exista la evidencia histórica”.

Bolivia también presentó cuestionamientos a la Convención de 1988, subrayando que “las leyes nacionales reconocen la naturaleza ancestral del uso lícito de la hoja de coca que para una gran parte de la población de Bolivia se remonta a siglos atrás”. Sin embargo, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) afirmaba en su Informe de 1994 que beber mate de coca “considerado inocuo y legal en América del Sur, forma parte de una actividad ilegal según lo estipulado en la Convención de 1961 y en la Convención de 1988”. En su Informe anual de 2007, la JIFE convocó a “abolir o prohibir el mascado de la hoja de coca y la fabricación del mate de coca”. Bolivia respondió que solicitaría formalmente a la ONU la desclasificación de la hoja de coca de la Lista I de la Convención Única de 1961.

Adalid Cabrera Lemuz
La Época, semanario boliviano

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