Las mentiras no son tan malas como nos han enseñado, aquí traemos el por qué

En las primeras etapas de nuestras vidas aprendemos dos cosas que nos quedarán por el resto de nuestra estancia en la Tierra. Esas dos cosas son: Cómo mentir; y el hecho de que mentir está mal. Es algo contradictorio que nos digan que mentir es malo cuando todos llevan a cabo esta práctica a diario desde cosas tan simples como buscar una excusa para no contestar una llamada, hasta evadir responsabilidades importantes.

| 15 junio 2017 01:06 AM | Hogar | 3.1k Lecturas
Las mentiras no son tan malas como nos han enseñado, aquí traemos el por qué
Las mentiras no son tan malas como nos han enseñado, aquí traemos el por qué
Por: Elio Esposito
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Universidades importantes alrededor del mundo han llevado estudios que proponen la teoría de que las mentiras más leves ayudan a las sociedades. Estas mentirillas blancas o piadosas como decirle a nuestra madre que hemos aprobado un examen cuando no lo hemos hecho, o darle la razón a alguna persona en un debate sólo para evitar conflictos. Este tipo de mentiras son buenas, aunque no en exceso, más adelante explicaremos cómo pueden afectar al individuo que lleva la práctica en casos muy particulares. En líneas generales este tipo de mentiras nos ayudan a socializar, a salir de apuros, resolver algunos problemas de trabajo o estudios, etc.

Esto se explica de una manera muy sencilla. Por ejemplo, estamos hablando con alguien que queremos mucho sobre lo buena o mala que es El Señor de los Anillos como saga de películas; las posturas son completamente opuestas y los fanáticos suelen ser un tanto orgullosos. Sin embargo, nosotros como fanáticos decidimos dejar el orgullo al lado para evitar caer en una confrontación. Claro, un debate sobre una saga de películas difícilmente rompería una amistad, aunque eso dependería del temperamento de ambas partes. Si fuese un debate sobre política o algún tipo de ideología sí podría acabar con un muy mal resultado y es mejor ceder antes que llegar a los golpes a las ofensas personales.

Por otro lado tenemos las mentiras más graves, mentiras como ocultar el haberle hecho daño a alguien. O mentiras que pudiesen perjudicar a alguien, quizás algún chisme sobre un vecino con su esposa, sólo para crear un conflicto. Este tipo de mentiras sí llegan a afectar negativamente el desarrollo de una sociedad. En la política puede ser algo ambiguo, porque funcionan más las mentiras que la verdad. En un país donde el candidato dice que eliminará los subsidios existentes es difícil que la gente vote por él (esto también depende de la cultura, en Latinoamérica es poco probable que un candidato así gane). Entonces, los pueblos prefieren escuchar promesas que jamás serán cumplidas a realidades crudas que deben ser ejecutadas.

Finalmente tenemos algo que aplica para todo: Los excesos siempre son dañinos. Con las mentiras no existe una excepción, por un lado tenemos la mitomanía, aunque eso ya sea considerado un trastorno psicológico. Y por otro lado está el cómo un individuo puede renunciar a su propia identidad por ser demasiado complaciente con los demás. Está bien que queramos evadir conflictos, pero no por eso debemos dar siempre la razón y callar en situaciones donde es necesario denunciar algo, como una injusticia cometida por alguien. La autocensura ayuda hasta cierto punto y es necesaria, pero todo tiene su límite.

Hay que tener cuidado con andar por ahí diciendo mentiras, pero tampoco vamos a estar demasiado atentos a ellos. Apropiarse de una historia o una aventura para sacarlo en un tema de conversación no es algo que esté mal. O darle un poco de sazón a una historia con algunas exageraciones.


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Fuente: > Elio Esposito
La Primera Digital

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Colaborador 9324 La Primera Digital