¿La familia un lugar para crecer o para enloquecer?

Desde el comienzo de nuestra vida no tuvimos otra opción que no sea concordar totalmente con las necesidades y los sentimientos de nuestros padres, ignorando los nuestros. Los niños nacen indefensos, necesitan cuidados constantes y exclusivos.

Por Diario La Primera | 16 jul 2011 |    
¿La familia un lugar para crecer o para enloquecer?
Si fuéramos capaces de reconocer las verdaderas causas de nuestro sufrimiento, quedaríamos perplejos al descubrir que fuimos un niño o niña maltratada.

La criatura debe tener la certeza de que será protegido en cualquier situación; de que su nacimiento fue esperado y deseado; de que su lloro será oído; de que el movimiento de sus ojos serán respondidos y sus miedos calmados; de que su sed y hambre serán calmados, de que su cuerpo será amado y su angustia jamás ignorada. Nuestra practica clínica nos lo confirma: “La forma en que el ser humano ejecuta su función parental depende de cómo fue tratado en su propia infancia”.

Un niño maltratado, rechazado, abusado y abandonado se encuentra completamente solo en medio de la oscuridad del miedo y de la confusión. Sometida a la arrogancia del adulto, la humillación y el rechazo queda expuesta al poder ignorante de los adultos. Se siente desorientado y completamente indefenso.

Quien nace en un ambiente familiar frío e insensible, cree que es situación es la única que existe. La confianza en el futuro se basa en las primeras experiencias del individuo; nuestra primera visión del mundo se formulo a través de los ojos del niño pequeño que permanece con nosotros durante toda la vida. Por más adultos y poderosos que podamos parecer, todavía conservamos el deseo de ser cuidados, amados y deseamos ser mimados como aquel niño que fuimos.

Los padres que nunca conocieron el amor, que vinieron al mundo en un clima de indiferencia , insensibilidad y frialdad , dejan de hacer lo que deben en función de la infancia y la adolescencia que tuvieron, sin tener capacidad de transmitir amor y muchos padres repiten esta historia con sus hijos. La gran tarea entonces es llevar a la reflexión de muchos adultos que vivieron esta experiencia y no repetirla con sus nuevas generaciones.


Ps. Marisol Linares Samán
Psicóloga- Psicoterapeuta
informes@inppares.org
C. Ps. P-N º 03907

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