Calmando las rabietas

Los padres esperan que las rabietas se pasen a partir de los dos años, pero los berrinches no desaparecen necesariamente a esa edad. Los niños mayores a veces también tienen dificultades para manejar la ira y la frustración.

Por Diario La Primera | 06 ago 2010 |    
Calmando las rabietas

Algunos niños sólo pierden la calma de vez en cuando, pero a otros les cuesta asumir que las cosas no son como ellos desean. Los niños que tienden a tener reacciones fuerte por naturaleza, necesitarán más ayuda de los padres para manejar sus rabietas.

Para ayudar a que un niño se calme cuando tiene una rabieta, lo recomendable por los expertos es que el padre intente evitar perder la paciencia. Y es que con ello estará mostrando —y enseñando— maneras adecuadas de manejar la ira y la frustración.

¿Qué puede hacer?
Manejar las emociones y el comportamiento son habilidades que se van desarrollando poco a poco a lo largo de la infancia. Como con otras habilidades, los niños necesitan aprenderlas y practicarlas con su ayuda.

Si es poco habitual en su hijo tener una rabieta, en las raras ocasiones en que ocurra lo único que tiene que hacer es repetir las normas claramente, aunque con calma. Decir cosas como: “ya sé que estás disgustado, pero nada de gritos e insultos, por favor”, puede ser todo lo que su hijo necesite para recuperar la compostura. Continúe dándole instrucciones con claridad, calma y paciencia, como diciéndole: “dime por qué estás disgustado” o “por favor, discúlpate con tu hermano por haberlo insultado”. De este modo, estará guiando a su hijo para que vuelva a tener un comportamiento aceptable y alentándolo para que desarrolle el autocontrol.

Si su niño tiene pataletas de manera habitual, puede necesitar más ayuda para manejar esas emociones. Escuchar y responder puede ser de ayuda. Cuando su hijo exprese sus sentimientos con palabras, su papel es escucharlo y decirle lo que entiende. Si a su hijo le cuesta encontrar las palabras, intente ayudarlo: “así que te has enfadado por eso”, “debes sentirte frustrado” o “eso debe haber herido tus sentimientos”. Ofrézcale ayuda para encontrar una respuesta si hay algún problema que resolver, o si es necesaria alguna disculpa. Muchas veces, lo único que necesitan los niños para recuperar la compostura es sentir que se les escucha y se les entiende. Pero al mismo tiempo que escucha lo que siente su hijo, es importante dejar claro que las emociones fuertes no son una excusa para el comportamiento inaceptable. “Sé que estás enfado, pero aún así pegar no está bien”. Los especialistas aseguran que a veces todo lo que un niño quiere es ser escuchado .

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