Un periodista de diamante

Cuando caminaba por el periodismo, de pronto supo que tenía que entrar en la historia. Entró y no puede, no quiere salir. En realidad le entra a todo, es un todoterreno. De joven fue bombero (nada que ver con Velásquez).

Por Diario La Primera | 17 jul 2009 |    
Un periodista de diamante
(1) Dedicado y disciplinado, Gargurevich ocupa el sitial merecido de ser el historiador del periodismo peruano. (2) “A lo mejor suena cursi decir que Nueva York es mi ciudad favorita”. (3) “Fue la voz acompañar a Efraín Ruiz Caro en la edición del diario de izquierda La Voz”. (4) A los 20 años y cuando era reportero del diario La Crónica. Hacía Policiales, Espectáculos, Locales y hasta notas de ciencia ficción.
Juan Gargurevich: 75 primaveras

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“El periodismo que es crítico al sistema e independiente será siempre boicoteado por el poder. Ahí se acaba la libertad de prensa y esas cosas”
Hay periodistas que, cansados de trajinar por la información verificable, saltan a la imaginación gozosa, visten de gala a las palabras y comienzan a publicar libros de escribir más grato; existen también los periodistas que creen que trabajar en diarios es ayudar con insumos a la Historia y, al darse cuenta que nadie se anima en serio a escribir la historia del periodismo o los medios de comunicación de masas, optan por escribirla ellos. Es el caso de Juan Gargurevich, el “Tío Juan”, para los amigos.

Sin apuros, converso plácidamente con Gargurevich en su sala serena, tranquila. Pero, de pronto, suena el timbre, suena otra vez. Es el fotógrafo y la redactora de espectáculos que, por estos días, de asesinatos continuos en el mundillo de la farándula doméstica, parece más una redactora curtida de policiales. “Paco, nos dijeron que hagamos las fotos al toque, porque debemos cubrir el asesinato de Marco Antonio”, me dice el fotógrafo. Miro a Gargurevich, él me mira a mí y luego de mover la cabeza de arriba para abajo, de abajo para arriba, dice: “hagamos las fotos”.

El hombre de la cámara empieza. Aquí, maestro, en su salita, al lado de sus cuadros, clic, clic; aquí, al lado de la foto de sus hijos, clic; mire por aquí, no se mueva, clic; mejor en su biblioteca, al lado de su computadora; mire, ahí con la foto de Marilyn Monroe; al lado de esos huacos; subamos a su inmensa biblioteca en el tercer piso, clic, clic; mejor, bajemos a su jardín, clic. Basta, vayan, vayan, a perseguir a los asesinos del peluquero.

—No entiendo por qué debemos hacerle tanto caso a los fotógrafos —digo.

—Sacan 500 fotos para publicar una. En Expreso o Extra de los sesenta, setenta a cada fotógrafo le daban cinco tomas y ya.

La nueva historia
Volvemos a la conversación. La tranquilidad vuelve. Me pregunta cómo va LA PRIMERA. “Todo bien”, le digo. “Qué Bueno”, me dice. Hablamos de cosas y no sé cómo llegamos a hablar de sus libros. Me muestra uno de ellos, es el primero de los 16 que ha escrito. Tiene como 300 páginas o quizá más. “Este libro cuenta la historia de los diarios y sus avatares luego de la revolución militar de Juan Velasco Alvarado. Por entonces circulaba un libro de un Miró Quesada, que había ganado un concurso del El Comercio de los Miró Quesada; quizá por eso yo quise hacer un texto crítico”, dice.

Hacia 1971, con más de 35 años de edad, a tres años del golpe militar del 68, este hombre, nieto de un croata que ancló en el Perú en el siglo 19, trabaja en oficinas de diarios. Mejora notas de todo tipo, idea suplementos, crea secciones, corrige, edita. Es ya un reconocido periodista de escritorio y cree que es hora de publicar. “No somos partidarios de admitir que el tema de la comunicación de masas ha sido descuidado en el Perú: creemos que ha sido sistemáticamente evadido”, piensa. Dan vueltas por ahí algunas tesis sobre el tema, algunas conclusiones sociológicas y harta historia oficial. Claro, también está el artículo extenso del maestro Raúl Porras que adorna la revista Mundial y los textos de Jorge Basadre sobre la prensa en la República. Gargurevich igual, en 1972, lanza: Mito y Verdad de los diarios de Lima. Entran en este libro ensayos históricos sobre El Comercio, Expreso, La Nueva Crónica, La Prensa, Última Hora, Extra, Correo.

—Empieza ahí su afán por hacer historia sobre el Periodismo.

—Ojo, el primer libro tiene algunos errores. Ahora tengo 16 libros, no todos son libros de historia sobre Periodismo, por supuesto. Los que siguieron a Mito y Verdad son más logrados.

—Y ese libro que nos hacen leer en la Universidad: “Historia de la Prensa Peruana 1594-1990…

—Ah, ese libro es otra cosa. Altamente recomendable.

—¿Qué tan difícil es escribir la historia del Periodismo?

—Muy difícil. Tiene demasiadas aristas, ventanas: política, tecnología, contexto histórico, los periodistas. Pero alguien tiene que hacerlo. Domingo Tamariz también anda en este afán. ¿Cómo cuenta uno la historia de un diario tan antiguo como El Comercio?

—Acaba de salir “Historias de Periodistas”

—Es un conjunto de biografías breves de hombres de prensa que hicieron aportes significativos para construir el periodismo que tenemos hoy en el Perú. Es mi último trabajo. Será presentado mañana, al mediodía, en el Centro Cultural de la Universidad de San Marcos (la “Casona”), en el Parque Universitario. Participarán como comentaristas los distinguidos profesores Oswaldo Holguín, Manuel Velásquez y Germán Carnero Roqué.

—Ajá. Supongo que vienen más libros de este tipo

—Viene otro libro más. Donde entrarán Sofocleto, Eugéne Courret, ah la historia de Luis Carranza (el olvidado) que era codirector de El Comercio pero que por su muerte prematura lo olvidaron rápidamente en el decano.

—Dicen que usted es experto en computadoras y que por eso tiene tantos blog.

—Manejo bien la computadora desde 1983. Bueno, en cuanto a blog, me he quedado con uno solo, precisamente con uno que se llama Historia de Periodistas que cuenta por ahora con 225 artículos.

—¿Publicará las historias de los periodistas que aún están en vida?

—Reúno material para escribir sobre César Hildebrandt.

—Una biografía completa.

—Una biografía intelectual digamos, es decir, dónde empezó a trabajar, sus primeros textos. No anécdotas personales de su vida sino de su trabajo. A Hildebrandt lo tengo en la mira. También me gustaría hacer algún texto sobre alguna mujer periodista. Mónica Delta, puede ser. Además he pensado en el viajero Manuel Jesús Orbegozo. Ah, me olvido...

—No lo haga.

—Claro que no. Me gustaría escribir sobre es magnífico periodista y escritor Manuel Robles Alarcón, padre de Manuel Robles Sosa y abuelo de Juan Manuel Robles.

—…

—Este Manuel Robles Alarcón es fundador del diario Última Hora y premio nacional de novela en 1948. Es creo el último de los indigenistas. Trabajó en los 40, 50. Extraordinario escritor. Su novela Sara Cosecho es muy buena.

—¿Y su libro sobre el corsario?

—Está casi listo. Trata sobre la historia de un corsario, Richard Hawkins, que en 1594 llegó al Perú. Es una historia sensacional. En épocas de la colonia las noticias sensacionales eran los terremotos, los piratas y los prodigios (niños deformes y esas cosas).

Encuentro de diarios
—¿A dónde dijeron que van esos chicos? –pregunta.

—A cubrir el asesinato de Marco Antonio.

—El tema del asesinato de Alicia Delgado y de Marco Antonio ha hecho que la prensa seria, la prensa popular y la prensa amarrilla (chicha, en el Perú) se encuentren en torno al mismo tema. Se supone que los asesinatos eran para la prensa popular, amarilla. Pero vemos ahí el despliegue de El Comercio y en sus primeras páginas, y todos los diarios sin excepción. En eso estamos.

Edición no comercial
Gargurevich es un periodista que por el puro gusto de publicar un libro puede recorrer los jirones más grises del centro de Lima en busca de las mejores ofertas en cuanto al diseño, al papel, el refilado, el empaste. Así, armando como un rompecabezas sacó Lo mejor de Cucú Press, un libro de 500 ejemplares, sólo para los amigos o para los suscriptores de Cucú Press, que es grupo en la Internet.

“En el Perú, los escritores no viven de sus libros (Vega Veguita vive de los libros de esos escritores). Si a mí me preguntaran por qué escribo, por qué sigo en esto, diría porque es mi vocación, porque no podría hacer otra cosa que estar en el mundo del periodismo. Nosotros, los periodistas, estamos en esto porque nos gusta, pese a todo lo que ya sabemos. Es la vocación lo que nos mantiene”, dice.

En el muro de su biblioteca hay un recorte amarillo de La Crónica: “Pedro Infante llegó ayer a Lima como un sencillo Charro pero de fabulosa fortuna”, dice el titular y el texto lleva su firma. “Algo debe tener el Periodismo, que uno guarda estas cosas. Cuando el nombre de uno aparece en un diario, uno se siente el hombre más feliz del mundo. El periodista es quizá como un artista de la palabra que busca reconocimiento; por eso hacemos lo que hacemos”.

Bombero
Amante de la vida, de la lectura y de sus cosas; amigable amigo de conversaciones gratas; entusiasta e infatigable profesor de San Marcos y La Católica; abuelo de nietas felices; padre de hijos responsables y exitosos; el séptimo de ocho hermanos; esposo amantísimo de la sicóloga Pierina Liberti, este hombre, que acaba de cumplir 75 años de edad, también fue bombero bravo.

Hacía 1950, con menos de 20 años, integraba la Compañía Internacional Nº 7, lo mejor de lo mejor de las “bombas” en Lima. Cierto día hubo una emergencia en una calle llena de prostitutas y gente malvada. La misión era sacar con vida a un viejito que estaba dentro de un burdel. Gargurevich y su mancha llegaron todo bravos con hacha en mano. Se bajaron tres puertas al hilo, más un ventana y sacaron a patadas a un borrachín que obstruía el paso, pero el viejito ya estaba muerto.

Al salir de aquel burdel, los esperaba un gran tumulto. Les decían de todo, palabras tan gruesa como sus mangueras. De pronto alguien gritó: “Oe, bombero, chúpame la manguera”. Entonces los bravos desaparecieron el tumulto a punta de chorrazos brutales de agua. “Volaron por el aire rateros, curiosos, dos policías; nos tiramos dos ventanas, una carretilla de emoliente, media pared; dos parroquianos salieron con los pantalones en la mano, abatimos un par de putas chillonas. Luego trepamos corriendo a la motobomba y partimos raudos haciendo aullar las sirenas como despedida”, dice.

“En la Compañía reflexionamos sobre nuestra mala conducta, y juramentamos para no decir nada a nadie y omitir la verdad en el parte”, agrega.

A Gargurevich le encanta Nueva York porque esta ciudad sonriente se parece a la gente que él tanto quiere. Nueva York es una ciudad hermosa, que es como una mujer generosa y espera a todos con brazos abiertos. Cosmopolita, es una ciudad amable, llena de tantas cosas, de vida y pasión. Aunque él es arequipeño, mollendino para más señas, Nueva York se parece a Gargurevich.

Paco Moreno
Redacción

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