Oído a la música

Sumamente creativa, buscadora de lo nuevo, activa militante del buen gusto, apasionada de la vida y, sobre todo, de sus sonidos, Mabela Martínez, aquella esbelta mujer que nos enseña que en la radio y la televisión no todo está perdido, no se contenta con poco. La resignación por lo gris no es lo suyo y es posible que en un arranque de cólera ella pueda agarrar a patadas a la mediocridad. Bueno, no la he visto en esos exabruptos, pero hay que darle crédito a lo que dicen sus amigos. Lo cierto es que esta mujer que pareciera haber escuchado todas las canciones del mundo siempre nos sorprende, con un toque de magia, con una dosis precisa de creatividad.

| 10 octubre 2009 12:10 AM | Gente como uno | 1.8k Lecturas
Oído a la música
Atenta escoge un tema de La Negra Mercedes Sosa en la cabina de Filarmonía.
Hay que poner atención a Mabela Martínez. Ella sabe lo es que bueno. Es una erudita de la música y el canto.

Más datos

“Detesto la estridencia, el volumen excesivo. Simplemente alucino cuando entro al Bembos o a Ripley y me revientan el tímpano con un caos sonoro”.

MIS PADRES

“Mi padre es un enamorado de la vida, tiene 90 años, es ingeniero mecánico y fanático de las computadoras; fue siempre un gran deportista, de actitud positiva, gran lector, engreidor de nietos y biznietos. Mi madre, nunca acepta un no, es vehemente y consigue lo imposible, trabajadora igual que mi padre, ambos siguen ejerciendo, amante de la buena música, los boleros sobre todo muy cariñosa y engreidora, digamos mamá gallina”
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En la última visita a Lima de La Negra Mercedes Sosa, a finales de setiembre del 2008, por ejemplo, a Mabela se le ocurrió algo hermoso. Tenía sólo quince minutos para hablar con nuestra argentina maravillosa y quería hacer una cosa distinta para diferenciarse de los que en ese tiempo relativamente corto sólo hubiésemos lanzado todas las preguntas que se nos hubieran ocurrido.

Dejemos que ella nos cuente que pasó aquel día. “Quince minutos con Mercedes Sosa. Preferí no preguntarle mucho, sino regalarle algo que recuerde siempre, que no ocupe espacio en su valija y no pese. Se llevó el canto de Josefina ¡creo que quedé rebien!”.

Prefirió darle un regalo en vez de buscar respuestas. Le obsequió un huayno de Josefina Ñahuis (aquella voz andina, fuerte y sublime) que anda cosechando seguidores, porque en poco tiempo ha sabido sembrar en la tierra fértil de la música. Josefina me contó cierta tarde en un taxi que cantar para Mercedes Sosa había sido una de sus experiencias más hermosas de su vida y que jamás había visto a una persona tan enamorada de la música como Mabela Martínez.

Luchadora y apasionada, Mabela es una Leo de agosto digna de ser representante de este signo difícil. “Ey, yo creo poco de lo que dicen de manera general de este signo, pero no confío nada en los horóscopos que se publican en los diarios”, sostiene y quiere salir de este tema y responde con una dosis de humildad sobre su relación con la música y los instrumentos.

“Pienso que soy músico no ejecutante. Desmenuzo las composiciones. Creo que a eso se le llama oído. Conociendo los patrones y los ritmos, es más fácil tocar, por lo menos, instrumentos de percusión. Digamos que escojo el cajón. La guitarra, lo básico colegial y un poco más. Adoro el piano, es una asignatura pendiente. Algún día tocaré alguno de ellos decentemente (…) He tenido el gusto de mezclarme en un par de jaranas donde todos tocan a la vez y pasé bien piola. Una memorable fue en La Habana, con Chano Domínguez (pianista andaluz) y sus músicos. Había tres toques, el cubano, el flamenco y el afro-peruano. Me sentí orgullosa, qué quieres que te diga”.

Me gustaría que me dijera todo; pero usted está muy ocupada esta tarde de miércoles, seguramente como todos los días, porque dicen que una deportista como usted (claro, deportista brava, ya lo veremos más adelante) siempre anda ocupada aunque no lo esté en realidad, digamos. Me gustaría que me contase qué se siente volar por un año y medio en un avión y vivir tantos años fuera del Perú en ciudades europeas rodeadas de hielo. Me gustaría que me dijera, aunque nadie lo sabe, qué hubiera sido si usted hubiese concluido sus estudios de arte en la Universidad Católica. Tal vez hubiese sido profesora, de aquellas que publican libros gordos, maestra de alumnos que más adelante también hubiesen sido maestros. Quiero que me diga todo, pero volvamos a la música. Música, maestra.

Salsera

—Cierto día usted dijo que le gustaba mucho Héctor Lavoe, como a casi todos, digamos. ¿Es usted salsera o para usted no existe en música la separación por géneros?
—Los rótulos sirven para explicar las cosas de forma más digestiva. No todos están en el lado estudioso de las cosas, en ese caso, entiendo que se distingan los géneros, que se discuta si Rubén Blades es o no salsero. Gracias a los eruditos y musicólogos es que entendemos mejor el mágico mundo de nuestra música latina, por ejemplo.

—¿Pero como bailarina?
—Poniéndome en el lado del público bailador, sí, soy salsera, pero con mis exigencias. Digamos que puedo darme cuenta de quién copia a quién, quien canta sólo por dinero y quien es un maestro de verdad. Me quedo con Papo Luca, con Larry Harlow, con Ray Barreto, con Tito Puente, con Rubén Blades, Willie Colón, Héctor Lavoe, con los Ismaeles (Miranda y Rivera), con los Palmieris, y la lista sigue por esa línea.

—¿Cuál es la canción o el sonido que le lleva a la infancia y por qué?
—Los Beatles, Carlos Santana. Yo tenía 10 años y mi hermana mayor, 15. Inevitable pegar el oído al tocadiscos, sobre todo cuando los tambores de Santana reventaban su cuarto. ¡Qué buen ritmo!

—¿Cuál es el sonido que detesta y le mandaría en un disco a su enemigo? ¿Tiene usted enemigos?
—Espero no tenerlos nunca, no tengo facilidad para hacerlos, por lo tanto no habría a quién mandarle la bomba. Más que un tipo de sonido, es lo que los humanos hacen con los sonidos. Detesto la estridencia, el volumen excesivo. Simplemente alucino cuando entro al Bembos o a Ripley y me revientan el tímpano con un caos sonoro.

—¿Qué es la música para usted?
—La banda sonora de nuestra vida.

—¿Cómo nace su pasión por la música? ¿Sus padres son músicos? ¿Sus tíos?
—Mis padres escuchaban mucha música en casa. Mi madre con los boleros y mi padre con Beethoven. Mis tíos venían a la casa a guitarrear y cantar.

—¿Qué satisfacciones le ha dado dedicarse de lleno a la música? ¿O hace alguna actividad más con la misma pasión como se dedica a la música?
—Siempre pensé que había algo más allá de trabajar de 9 a 5 en una oficina. Una vez que me liberé, pude dedicarme 100% a difundir la música en radio y TV. Ahora con la producción de conciertos se cierra el círculo y la realización de un gran sueño. Adoro mi chamba, no me cambio por nadie.

—¿Cuál es la canción que le gustaría escuchar en vivo y no lo hizo aun y por qué?
—“Adiós Nonino” de Astor Piazzolla (uno de los músicos de tango más importantes de la segunda mitad del siglo XX). Murió en 1992.

—¿Se ha puesto a pensar en que pueda existir una canción que resumira su vida?
—La vida es bastante más compleja que eso... Yo soy (dejémoslo ahí). Me contento con un buen rayo de sol por mi ventana, un beso de mi hija, atesoro mi relación de pareja. Valoro la familia sobre todo. Una chela heladita. Cocinar, inventar, viajar (a la sierra mejor), y la música para algunos de estos momentos. Deporte, deporte, deporte.

-Ya, deporte, vamos al recuadro.


Como pez en el agua
Mabela como deportista es de temer, es “bravaza”, y ya quisiera uno tener las ganas que ella posee para ejercitar el cuerpo. Fue una niña siempre relativamente alta para su edad y era lo suyo todo lo que significa moverse, correr y saltar. Era una bala sin freno y ha practicado squash, esquí sobre nieve, bicicleta de montaña, siempre disfrutando de la adrenalina. Ahora es una destacada nadadora y representa al Perú en campeonatos nacionales e internacionales. Pertenece al equipo de natación Perú Master. Practica este deporte desde hace seis años y está ya dando que hablar. Su especialidad es estilo pecho y espalda; pero se siente de lo más cómoda haciendo competencias de fondo, es decir, pelear en distancias de 200 metros hasta 800.

Paco Moreno
Redacción


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