Me voy pa’l Manchester

Jheanfranco aspiraba llegar alguna vez al Alianza Lima o al Sport Boys, pero el destino, y más que eso su talento, le han dado la oportunidad de probarse en uno de los clubes más importantes de Inglaterra.

| 26 junio 2009 12:06 AM | Gente como uno | 1k Lecturas
Jheanfranco irá a demostrar cómo es que se hacen los goles de cabeza, los pases gol y los tiros libres.
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El futbolista chalaco Jheanfranco Jhoel Herrera Espinoza, de apenas 14 años de edad, alista maletas. Ha puesto en ellas, entre otras cosas, todas sus fuerzas y la ilusión de convertirse en una estrella mundial del fútbol. Uno de sus sueños es integrar, de aquí a unos años, nuestra selección de mayores; pero mejor no hablemos más del “equipo de todos”, porque ésta es una nota positiva.

Jheanfranco viajará este 18 de julio a probarse en el Manchester City de Inglaterra, uno de los clubes más importantes de ese país, tanto que, entre sus socios, está el mismísimo rey. Es un club que ayuda a la formación de decenas de talentos del mundo y uno de ellos es nuestro paisano.

La madrugada del miércoles en el programa “Enemigos Íntimos”, el “Puma” Carranza y el alcalde del Callao, Félix Moreno, le dieron a Jheanfranco el regalo de su vida, el viaje, pagado por el municipio chalaco, a Inglaterra, por ser el mejor entre más de mil niños de la escuela municipal de fútbol del Callao. “Gracias, estoy muy contento”, dijo apenas Jheanfranco. Es sumamente parco, como el “Puma”.

Aquella madrugada, Jheanfranco no podía creer la noticia. Él pensaba que en la televisión le iban a regalar una pelota, unos chimpunes, un buzo, o quizá, un contrato en Alianza Lima o el Sport Boys; pero nunca imaginó que le iban a obsequiar la oportunidad de hacer una prueba en el club donde juegan los astros brasileños Elano y Robinho. Aquella madrugada, Jheanfranco no pudo dormir de la emoción y empezó a soñar despierto: una gran ciudad, estrellas mundiales del fútbol, más fútbol. Cuando ese día fue al colegio, sin haber dormido pero más despierto que nunca, quería que sus amigos lo felicitasen; pero casi nadie había visto el programa.

Calladito
Ahora ríe. Está más suelto. No es un parlanchín pero suelta algunas cosas. Dice que es virgo y que en septiembre cumplirá 15 años; que se esforzará y aprovechará la oportunidad del viaje; que quiere jugar como el portugués Cristiano Ronaldo; que de su profesor el “Puma” ha aprendido a dejar todo en la cancha por defender la camiseta; y hasta revela que, hace poco, ha terminado con una novia suya. Su familia queda asombrada ante esta revelación.

“Jheanfranco, Jheanfranco, se la tenía guardadita”, “Uy, mírenlo ve, tenía novia”, murmuran sus familiares, quienes, quizá están más felices con el viaje que el mismo futbolista, porque es la familia la que hace al astro. Su mamá Hermelinda, su abuelo Félix, sus hermanas Jéssica y Jacqueline, son, entre otras personas, quienes han ayudado desde siempre a este jovencito talentoso. Fueron ellos quienes, dejando algunos deberes, lo llevaban a los partidos, a los entrenamientos, le compraban sus cosas y le aconsejaban que no haga lo que hacen los peloteros domésticos mediocres. Cierto día, don Félix casi se destroza las rodillas al caer al piso al tropezar con un murito cuando volvía apurado de la tienda para darle desayuno al futbolista que sólo pensaba en el partido de ese día. “Mira cómo quedaron mis pantalones”, dice don Félix, mostrando sus dos parches.

Jheanfranco escucha a su abuelo y calla. Entonces Jacqueline, una de sus hermanas mayores, rompe el hielo: “Nosotros lo ayudaremos para que cumpla su sueño. Le hemos enseñado que la humildad y la generosidad son valores que debe cultivar”.

“Creemos que será un grande y que nunca le faltarán ofertas, pero eso depende ya de él”, dice Jéssica, su otra hermana, madre de Anhelo, otro niño prodigio.

El bravo
Anhelo, de 10 años de edad, entra en la conversación. El sí es un parlanchín.

“Yo le enseño mis jugadas a él”, dice y la gente ríe y Jheanfranco mira a su sobrino con la ternura de un hermano mayor. “Estos dos son…”, señala la mamá Hermelinda, desde un mueble muelle. Lo dice con orgullo, con un amor inmenso. “Para los dos la pelota es todo”, refiere don Félix. Los dos son dinamita. En la casa han roto tantas ventanas de vidrios, tanto que están pensando cambiarlas por otras de madera; las macetas de doña Hermelinda llegaron a su fin cuando los chicos las convirtieron en arcos. Estos dos son culpables de las manchas en las paredes de la cuadra; de que los adornos de porcelana hayan desaparecido como por arte de magia de sala y de que la vecina del frente haya perdido sus tejados nuevos. Son bravos estos chicos que han nacido con la vocación y la vida dedicada al fútbol.

Otras cosas
Jheanfranco escribe con la izquierda y juega con la derecha. Le encanta la matemática. Es quizá el único curso que le apasiona un poco. No quiere sólo ser futbolista, porque sabe que es una carrera muy corta. Dice que estudiará contabilidad. “Para contar su dinero”, bromea Anhelo, el bravo volante de la escuela municipal del Callao.

Nuestro personaje es delantero y casi siempre lleva el nueve o el ocho en la espalda. Es un ducho en los tiros libres y los penales (mejor que Nolberto Solano, dice). Empezó en el club Yurimaguas de Ventanilla, luego pasó al Cantolao y tuvo que dejar este emblemático club por los horarios. “Me convenía la escuela de la Municipalidad donde el “Puma” enseña porque entrenamos sólo los sábados y los domingos. Además es gratis”, dice.

“El fútbol es para mí una diversión y a veces no me interesa ganar porque de lo que se trata es de jugar”, asegura. “No, no, no,…”, rectifica don Félix, su abuelo. “Si pierde un partido, Jheanfranco se pone como un toro. Se enoja tanto que no tiene ganas ni de comer. Incluso lo he visto llorar tras alguna derrota”. Jheanfranco me mira avergonzado.

“Para algunas personas el fútbol es un deporte tonto en el que 22 tontos están atentos a lo que le ocurre a una tonta pelota”, digo. Él me mira y calla. Piensa y responde a mi provocación: “Es que esas personas le han quitado al fútbol la pasión”, dice. “Es un deporte hermoso. No dejaría el fútbol por nada, cuando entro en la cancha todo cambia para bien”.

Sus ídolos no están en el país ni son peruanos. Habla de nuestros jugadores domésticos con una dosis de indiferencia, quiere decir algo de ellos, pero no lo hace para no herir. “Son como creídos, como que se la creyeran mucho”, afirma pero no suelta nombres y uno imagina ya quienes son.

No se la cree
No cree ser un niño talento. Dice ser como cualquier “chibolo” con sueños, con ilusiones, con gustos domésticos. “Quiero comprarme esos chimpunes que usa Messi. Son unos Adidas, Adidas F50”, dice.

Es salsero porque no existe ningún futbolista bueno que no disfrute de la salsa y sólo esté metido en el ruido, digo, en el rock (Jackson corazón). Le encanta el seco con frejoles y los tallarines rojos con pollo. “Hay que comer bien y dormir bien si quieres ser bueno”, aconseja.

De otros deportes, casi nada. Lo suyo es el fútbol. Carece de pasatiempos distintos, porque todo el tiempo está con la pelota. Hasta cuando come, la pelota está junto a sus pies. “Sólo fútbol” es su lema. Aunque también le gustan las películas, las de acción.

Le lanzo una pregunta como una piedra: ¿Qué harías si tuvieses 100 dólares un día sábado en el que no tienes que ir a jugar ni a entrenar? Jheanfranco calla. Piensa un poco. Me mira a los ojos y dice: “Se los daría a mi mamá”.

Paco Moreno
Redacción

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