Magaly Solier. Bella, fuerte, vital

Hace dos días, Magali Solier cumplió 23 años y no hizo una gran celebración. El país está de duelo y no estamos para festejar los años que pasan. La pasó en familia y entre amigos cercanos, y sintió una gran tristeza al darse cuenta de que estaba, de alguna manera, festejando cuando decenas de familias de amazónicos y policías lloraban a sus muertos. Sintió rabia e indignación por los caídos de uno y otro lado. También hubo lágrimas sinceras y apoyo a la protesta. “Ellos luchan por algo, por sus tierras, por la vida. Qué bueno que mucha gente los está apoyando”, comenta sobre la tragedia que horroriza al mundo.

| 12 junio 2009 12:06 AM | Gente como uno | 3.1k Lecturas
Magaly Solier Bella, fuerte, vital
Participó en la jornada nacional de lucha de ayer a favor de la protesta de los amazónicos y por la solución del conflicto en la selva. “El culpable (de la muerte de policías y nativos) es por quien votamos”, dijo.
La vida de la huantinita más famosa del mundo es un ejemplo de tenacidad digna de imitarse.

Más datos

Cuando tenía 10 años vino a Lima por primera vez a la casa de unos tíos. Tuvo que regresarse sola a Huanta, porque sus primas abusaban de ella. La hacían lavar, planchar. “Así estuve dos semanas, pero luego me fui, solita”, dice.
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“Yo estoy de parte de ellos. Tú también defenderías, si alguien llega a tu casa y quiere quitarte lo que es tuyo. Tú también defenderías, todos defenderíamos”, dice y por la ventana entra una luz que apunta a sus ojos claros, y en ellos puede verse el alma de una warmi huantina, que ama la vida y detesta la injusticia.

“No soporto los abusos. ¿Acaso el oro se come? ¿Acaso la plata se come? Para qué sirve el oro, ¿para lucirlo en el cuello?, ¿para lucirlo en los festivales? Un pedazo de oro no le llena el estómago a un niño que llora de hambre en la calle”, sentencia y uno empieza a querer más a esta “Madeinhuanta” que, con su triunfo en Berlín, de alguna manera acabó con eso que algunos académicos llaman “las culturas subordinadas en el Perú”.

Quería ser policía
Para sacarle la mugre a los abusivos, la niña Magaly soñaba con ser policía; pero el arte, la música, la capturó. Aprendió a cantar yaravíes, huainos (“Pirispispischa”, “Huamanga plazapi”, “Vicuñitajcha”) y su voz impresionó a los profesores y al jurado en varios concursos infantiles.

Ya entonces alzaba la voz contra la injusticia y los abusos. La niña valiente y rebelde le decía a los abusivos que no tenían castigo en su pueblo: “Te voy a matar, que crezca nada más. Por haberle hecho esto (violado) a mi amiga, te voy a pisar, espera que crezca nada más”.

Por esos tiempos idos, la niña Magali disfrutaba también del “Chavo del Ocho”, la telenovela “Velo de Novia” y las películas de Jackie Chang, que moría un domingo y volvía a la pantalla al siguiente domingo. Fue una niña sumamente inquieta, una esponjita que quería absorberlo todo, como ahora; como ahora era una bala cuyo disparo era siempre a favor de la vida. Se escapaba de casa, cantaba, bailaba, recitaba y luego caía dormida durante la clase de matemática. “Detestaba los números, ahora sólo sé contar lo que gano”

—O sea, sabes contar mucho.

—…

—Así que te escapabas de casa...

—Para jugar, pues. Hasta ahora me escapo, eh, pero de la prensa.

Al borde de la pobreza
Ha crecido sin luz eléctrica ni agua potable. Ha tenido que caminar media hora para conseguir agua de una poza. Sin embargo, Magaly no fue una jovencita campesina pobre que tuvo que vender comida en la calle para subsistir. “No era pobre, mis padres tenían, tienen sus chacras y sus animales. Mi abuelo fue un hacendado en Satipo, donde estudié y viví un tiempo con mi familia, que huyó hasta allá del terrorismo. Cuando Claudia Llosa y yo nos conocimos, yo estaba vendiendo comida en la plaza de Luricocha (Huanta) con mis amigas del colegio para juntar dinero para nuestro viaje de promoción al Cusco. Quería dinero ganado con mi esfuerzo. Nunca me ha gustado pedir plata a mi mamá. El dinero que te cuesta ganarlo lo valoras más. Yo siempre he sido independiente”, dice.

En el afán de conseguir un dinero propio, Magaly incluso cogía a escondidas cochinilla de su chacra. Iba a hurtar por la nochecita con la ayuda y complicidad de su perrita Canela, que le pasaba el talán con un ladrido cuando alguien estaba por descubrirlas. “Ay, Canelita. Mi perrita murió hace como ocho años. Yo había dejado a su alcance, sin querer, unos chocolates que me había regalado un fan por mi cumpleaños y ella se los había comido. Murió y esa muerte me marcó mucho. Desde entonces no quiero ya tener otro perrito. Ah, Fárroco”, dice.

—Qué

—Fárroco, un perro mío muy inteligente. Cuidaba nuestra casa de Huanta en tiempos duros del terrorismo. Ladraba mucho cuando sentía pasos de los terroristas y los militares. (Tiempos duros en los que los senderistas degollaron a su abuelita y ella tuvo que ver cadáveres en las carreteras). Varias veces le dispararon a matar a Fárroco, pero él era muy sapo y sabía sortear las balas.

Mamá seria
“En la adolescencia no tuve suerte. Justo cuando mi mamá, altísima (1.80 de estatura) y muy seria, estaba en esa edad que las señoras dicen que es la edad crítica, a mí me alborotaba la adolescencia, y chocaba contra ella. Si la gallina cacareaba, ella la agarraba y la dejaba lista para el caldo y nosotros queríamos que más gallinas cacarearan (ríe). Ahora mamá ha cambiado y está más tranquila, en Huanta al lado de su chacra y sus animales”

“A mí me pueden decir de todo, como esos frustrados (Aldo M y compañía); pero si se meten con mi mamá (Gregoria) o mi papá (Gregorio), yo salto y no sé que pasa”, dice y muestra sus puños grandes y fuertes, que hasta el fotógrafo retrocede. “Son grandes y fuertes porque cada vez que vuelvo a Huanta trabajo con pico y pala en la chacra. Antes tenía callos. Ahora trabajo con guantes”, dice con convicción.

“Extraño Huanta, extraño a mamá. Era muy difícil hacerla reír a mi madre. Pero no me rendía. Hacía strip tease, me ponía bigotes, brincaba como loca hasta que ella cambiara su rostro adusto. Hay que persistir. No podemos quedarnos. No hay que rendirnos nunca.”

“Era bien loca”
Cierta vez, una vaca mía estaba a punto de morirse porque había comido demasiada penca.

—¿Panca? ¿Lo que envuelve al choclo?

—No, no, no, penca. Penca es lo que tienes en la cabeza.

—¿Yo? ¿En la cabeza?

—Espinas, pues (ríe)

—…

—Había tragado tanta penca que la panza de la vaca estaba a punto de reventarse. Hacía um, um, um. Entonces yo agarré un palo gigante y le golpeaba bam, bam, bam, y el palo me botaba, y yo la seguí golpeando como dos horas hasta que por fin la vaca empezó a botar sus gases (ríe). Esa vaca fue para mÑ

—Para ti.

—Es que yo la salvé, pues.

Tiene alma de empresaria. Cuando le llega una idea, la medita sola en la mesa hasta tenerlo todo planificado y luego emprende la tarea. Cuando necesitaba dinero convencía a su mamá para que fueran a los pueblos lejanos de Huanta llevando frutas para cambiarlas por productos que esos pueblitos producían y que ella vendía en Huanta a buen precio.

“Qué no hice yo. Era bien loca. Cuando tenía 14 o 15, con mis primas y mis hermanas mayores que yo, teníamos la costumbre de bañarnos totalmente desnudas en una poza cerca de la casa, como a las seis de la tarde, porque si íbamos antes de esa hora corríamos el riesgo de que nos robaran las ropas. Cierta tarde, después de bañarnos en la poza como patos, nos dimos con la sorpresa de que nos habían robado. Tuvimos que caminar desnudas hasta nuestras casas y un señor de esos muy respetados del pueblo nos vio y al día siguiente hizo un alboroto, porque creía que había descubierto una orgía de lesbianas. ¿Acaso en este pueblo no hay hombres?, decía”, recuerda sonriente y yo veo a Fausta.

Fama y pan
“Lo bueno de ser famosa es que no te cobran cuando vas a comprar pan”, dice y aclara que no sale mucho. No me gusta salir a la calle porque me deprime ver a los niños que piden limosna. Me da pena. Cierta vez casi me pongo a llorar porque vi en Miraflores a un niñita vendiendo bombones como a la una de la mañana. Tenemos que hacer algo. No podemos permitir que esas cosas pasen”, dice.

—Has conversado alguna vez con el presidente García.

—No quiero, no tendría nada que hablar con él.

—De algo podría servir.

—Si converso con él, le pediría que funde una universidad en Huanta, que ayude a los ancianos que no tienen a nadie, a los niños que están abandonados en las calles.

Enamoradísima
La “Maga” habla siempre de la vida con un amor intenso. Dice que quiere llegar a los cincuentas años de edad con todos los sueños cumplidos, para descansar bajo el árbol de palta de su chacra y desde ahí enamorarse más de la vida. Está enamorada de un metalero (por eso su polito Iron Maiden) y seguramente hacen una combinación perfecta porque ella hace música huaino fusión, algo muy curioso. La huantinita de oro tiene a su lado a alguien que hace harto ruido, digo, harta música. Es la unión de los sonidos la que mantiene ese amor.

—Cuéntanos algo de él.

—Eso no vende.

—Yo no quiero vender

—Es mi vida privada

—Está bien.

Buen cambio
—Creo que la discriminación afecta menos. Las cosas están cambiando para bien.

—¿Eres conciente de que tú ayudas a ese cambio?

—Yo creo que estoy ayudando a revalorar el idioma quechua. Muchas mujeres se acercan a mí para decirme: qué bueno que no tienes miedo de hablar en quechua, porque nosotros siempre hemos tenido temor de hacerlo. Cuando te escuchamos cantar en quechua, me dicen, nos sentimos orgullosas. Eso me da ganas de seguir y seguiré hasta el final, independiente y terca.

Paco Moreno
Redacción


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