Lima es nuestra y hay que recuperarla

Desde que supo que la arquitectura era lo suyo, el joven Juan, alto, ojos azules, de ascendencia alemana, empezó a comprometerse con Lima como quien se compromete con una mujer. Desde sus primeros años en la Universidad Nacional de Ingeniería, empezó a conocer a esta ciudad poco a poco; al principio con celo; luego con cuidado; después con dedicación y esfuerzo. De noche o de día, recorrió libros y calles; plazas y parques. Aprendió del presente conociendo el pasado y se enamoró de esta ciudad hermosa, como se enamora uno de una mujer. “No es difícil enamorarse de Lima, pero me enamoré también de Nueva York, París”, dice.

| 16 enero 2009 12:01 AM | Gente como uno | 1.9k Lecturas
Lima es nuestra y hay que recuperarla
(1) Para conocer Lima hay que conocer el Perú. Señala un mapa del Perú que consiguió en uno de sus viajes a Ayacucho. (2) Juan Günther hace el mismo gesto que el cuadro hecho por su esposa Lily Cerpa. (3) Muestra las fotos de sus amores.
Faltan pocas horas para el cumpleaños 474 de nuestra Lima y el arquitecto trujillano Juan Günther nos enseña cosas que nos hacen querer más a esta ciudad.
1948

—¿Qué le gusta de Lima? —pregunto.

—Su historia es fascinante. Es quizá el resumen de la historia de las ciudades latinoamericanas.

—¿Qué representa Lima para el Perú, para usted?

—Creo que es un crisol que unifica nuestro país. Para mí, Lima es mi casa. Me han ofrecido vivir en París, Nueva York, Madrid; pero en esos lugares no se hacen los cebiches como los que se hacen aquÑ

Lima entre el mar y la cordillera, entre el Pacífico y los Andes; Lima escabrosa y accidentada, con cerros, ríos y valles; Lima del canto y la poesía; Lima de las iglesias, los patios y los balcones. Lima de abobe, de quincha, de esteras, de cemento; Lima, la capital, antigua capital del Virreinato del Perú; Lima con más de 2500 kilómetros cuadrados de superficie; Lima ahora con más de siete millones de habitantes. Lima, una de las 30 ciudades más grandes del planeta.

No es tan desordenada
—Tiene solución esta ciudad que para muchos es desordenada e inviable.

—Claro que sÑ No es tan cierto de que sea desordenada. Si le quitamos el caos vehicular la cosa cambia ostensiblemente.

—¿Es cuestión de reordenamiento vehicular?

—Sí, claro. Lima está bien organizada. Tiene su Carretera Central, su Panamericana Norte, su Panamericana Sur, sus plazas, sus calles, sus jardines. Está mejor organizada que Buenos Aires, por ejemplo, hablando de distribución arquitectónica; a pesar de que Buenos Aires es una llanura.

—Es curioso.

—Es que el peruano, no sólo el limeño, tiene la conciencia del orden (aunque no parezca) En un pueblo joven o en una invasión los pobladores siempre dejan un terreno para la iglesia, para el centro médico, para la comisaría, el colegio, el local comunal. Esto no sucede en pueblos jóvenes de Argentina, por ejemplo.

—¿El crecimiento de Lima hasta dónde nos va a llevar?

—No creo que el futuro de Lima deba ser una ciudad que enlace Huacho con Ica, alargada y chata. Creo que debemos centrarnos y aprovechar los que tenemos, aquí cerca. Aprovechar los cerros donde, con una verdadera planificación a largo plazo, pueden construirse miles y miles de departamentos; aprovechar los barrancos frente al mar, donde pueden vivir más de dos millones de personas; aprovechar la isla San Lorenzo, donde puede hacerse un gran puerto y aeropuerto internacional y viviendas y tantas cosas. Hay proyectos y planes, pero no se usan, no hay decisión. No hay visión. Ojalá alguien esté trabajando en estas cosas ahora.

La pasión hace al maestro
Es envidiable el optimismo de este hombre y sus consejos deberían tomarse en cuenta. Entre otras cosas, porque este artista y erudito, es arquitecto desde la adolescencia. Su primer trabajo, a los 13 ó 14 años de edad, fue el diseño y la construcción de la torre de la iglesia Chocope en Trujillo, cuando trabajaba en una empresa de diseños de repuestos para fábricas. Un sacerdote llegó a su trabajo y le dijo a su jefe: Se cayó la torre de la iglesia, y el jefe respondió: “Aquí hacemos diseños de otro tipo, pero está ahí, Juan, que le gusta dibujar esas cosas”. El jovencito Juan diseñó y construyó aquella torre.

Eran tiempos en no había más de seis arquitectos en todo Lima. Sin embargo, en Trujillo un prodigio estaba haciendo sus pinitos. “Me hice a pulso y trabajo”, mi padre, un loco aventurero que merece una biografía, me dejó muy jovencito. Desde entonces tuve que trabajar y estudiar. Cuando vine a Lima a estudiar a la Universidad Nacional de Ingeniería ya sabía mucho de arquitectura. “La práctica, la pasión y el talento hacen al maestro”, dice.

Habla de manera pausada, como para que entiendas las cosas y hasta se pone de pie para explicarte sus ideas, se apoya en su moderna y enorme computadora, muestra libros, mapas, revistas, etc. Ahora está en su biblioteca. Se levanta y explica cómo puede solucionarse el caos vehicular, que tanto afea a Lima, la hermosa. Salga a caminar de noche y dígame que no es bella esta ciudad.

Falta decisión
—Hace algún tiempo hablé por televisión y frente al alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio dije que el desorden de Lima puede solucionarse construyendo túneles subterráneos para vehículos de 30 metros bajo el suelo, sin que moleste a nadie.

—¿Qué dijo el alcalde?

—Bueno que mi propuesta era muy costosa y otras cosas. Pero esto no es cierto, porque en ciudades como Singapur en este momento se está haciendo túneles de 65 kilómetros de extensión y debajo de un cerro, con maquinarias relativamente baratas. La cuestión es conocer. No es cosa de otro mundo. Yo sé que en algunas minas del país se usan estas máquinas para hacer túneles. Yo creo que falta decisión; además, el suelo de Lima es propicio para los túneles.

—Es más caro que el tren eléctrico o el Metropolitano, supongo.

—No es más caro. El tren eléctrico es mucho más costoso. El futuro, digo, el presente son túneles.

Este arquitecto tiene don de profesor. Ha enseñado 22 años en la UNI y ha cumplido ocho años en la San Martín de Porres. Sabe explicar y hace que lo importante se convierta en interesante. Continúa: “Lima de hoy no se puede comparar con la prehispánica ni la virreinal, tampoco con la republicana del siglo XIX, ni siquiera con la Lima de los primeros 50 años del siglo XX. Ahora esta ciudad es otra, desde inicios de la década del 50, cuando empezó su crecimiento explosivo, el desorden por el tránsito es uno de sus principales propuestas”, dice.

Günther sabe lo que dice. Ha trabajado en Francia, Argelia y Estados Unidos. En Venezuela hizo dos clubes de esparcimiento enormes; en Brasil ha construido una miniciudad para 4000 personas; en Santiago ha hecho obras monumentales. Es considerado entre los 40 mejores ingenieros del siglo XX, de modo que lo que dice Günther hay que tomarse en cuenta.

“El trabajo del arquitecto consiste básicamente en diseñar y construir edificios. No es tan fácil como parece. Por ejemplo, para hacer una posta médica en Argelia, uno tiene que saber la historia de Argelia, cómo piensa la gente ahí, qué necesitan los médicos, etc, etc.”, dice

Como Lima es su casa, este gran artista la conoce más que la palma de su mano. Ha escrito libros y un sinnúmero artículos sobre la ciudad en revistas importantes de aquí y afuera. Ahora prepara dos tomos de una obra monumental sobre Lima, con fotos, planos, historia, etc.

Necesitamos recuperarla
Hay gente que cree que para amar Lima hay que ser limeño. Günther aclara: “Un limeño que viva en Bogotá, Madrid, La Paz o París, acaso va a decir, después de un tiempo: ensucio esta ciudad porque no nací aquí”, refiere.

—¿Cómo debemos proteger la Lima antigua?

— Hay que terminar de recuperarla y luego protegerla. Nuestras casas con sus patios, con sus balcones, son increíbles. Lima es la ciudad madre de América Latina y debe recuperar esa posición.

Hacía 1989, Günther, junto con otros urbanistas, historiadores y artistas, fundaron el Patronato de Lima, con el fin de salvar el centro histórico de la ciudad. Empezaron los cambios. Uno de los primeros logros fue inscribir el Centro de Lima en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. “Llamé al alcalde de entonces Ricardo Belmot para contarle esta noticia y el alcalde salió a los medios a dar la noticia como propia y ni siquiera agradeció al Patronato. (Ríe). Bueno, no me quejo, uno no trabaja para que lo aplaudan. Nosotros trabajamos por amor a nuestra patria. Ayudamos a reorganizar los ambulantes en Lima, por ejemplo, que fue una ardua labor. Espero que haya gente motivada para dar a esta ciudad el amor que merece. Lima es nuestra casa y hay que cuidarla y quererla como tal”, dice.

Mis cuatro mujeres
Günther tiene tres hijas con la pintora Lily Cerpa y esto para él es el logro más grande de su vida. Su primera hija: Paula, fue una periodista aguerrida del Canal 9 de hace unos años, y actualmente trabaja en Italia en el mundo de la moda, en Marangoni; le sigue Ana, dedicada a la música, especialmente a la flauta, es una gran artista que vive en Suiza; su última hija es Daniela, quien ha escrito libros valiosos sobre la guerra con Chile, y está a punto de ser nombrada embajadora. “Mi familia es lo mejor que pude conseguir”, dice Günther y en su rostro se dibuja la ternura de un padre querendón. “Soy abuelo”, aclara. “En Italia, Antonio, el hijo de Paula, sigue mis pasos”, dice y sonríe. “La arquitectura es el camino”.

Paco Moreno
Redacción

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