La señora Oquendo nunca está quieta

Aquella actriz que hacía de mala y a veces de maldita, la esposa de Rulito Pinasco, está ahora en el activo mundo de los negocios, como pez en el agua. Jamás descansa y siempre está viajando.

| 28 enero 2011 12:01 AM | Gente como uno |  10.3k 
La señora Oquendo nunca está quieta
Siempre preocupada, muestra un collage de fotos sobre los pasos en la vida de su esposo “Rulito” Pinasco.

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“Yo viajo muchísimo, sola o acompañada; con mi esposo no lo hago mucho debido a que a él no le gusta viajar y si lo hace no le agrada ir de un lugar a otro; en cambio a mí me gusta levantarme temprano, salir a conocer, hacer un tour por la ciudad, ir de tiendas a ver telas, diseños, probarme los vestidos, comparar las texturas; por eso he aprendido a saber lo que quiero y sé que combinaciones debo hacer y qué telas debo mezclar y así evitar que salgan huachaferías”.
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Viajar es una de las cosas que nunca dejaría hacer. Es posible que su afición de ir de un lugar a otro tenga que ver con su hiperactividad. No puede estar quieta por mucho tiempo en un mismo sitio y cuando le sale un viaje la dicha se le dibuja en el rostro.

Ella sabe que viajar es muy caro y que es un lujo aun para los que tienen un buen trabajo. Sin embargo, Sonia Oquendo, quizá instintivamente y sin saberlo, se las ha arreglado para recorrer el Perú y el mundo a punta de trabajo.

Cuando era jovencita, con los atributos que ahora mismo la aacompañan, con un peso con el cual sueñan todas mujeres, fue una de las aeromozas más bellas de la época que atraía miradas y causaba suspiros. Esa vena de viajera la ha heredado de su padre, cuando estaba volando, que era el hombre más feliz del mundo.

Decíamos que viajar es muy caro; pero eso no es problema para Sonia Oquendo porque ella, que no puede estar quieta, trabaja duro de sol a sol en mejorar cada día su boutique que se ha convertido en su obra más preciada y a la cual le dedica todas sus fuerzas, al punto de haberle dado nada menos que su nombre: Sonia Oquendo.

“Estoy cumpliendo 15 años en mi negocio de ropa en esta boutique y estoy muy feliz. Yo vendía al principio todo tipo de prendas y sentía que la gente me relacionaba con lo elegante, lo sofisticado y por eso ofrezco ahora ropa de fiestas y para novias. Mi nombre es ahora sinónimo de ropa elegante”, dice.

En su boutique, ella lo hace todo. Es una todoterreno de la moda, es una hormiguita del buen gusto, es una señora elegante y feliz que busca la felicidad de otros a través de la ropa. “Yo atiendo personalmente a mis clientes, yo las asesoro, pongo todo lo mío en mi trabajo; yo misma bordo los vestidos. Quiero que quien llega a mi boutique se vaya feliz. La boutique es mi creación, es mi obra, es mi pasión, es mi vida; aquí yo soy gerente, vendedora, secretaria, obrera, y todo lo hago con mucho gusto; esto es lo que a mí me permite tener el nivel de vida que tengo, poder viajar a donde quiera. Tengo una hija en España y la visito cuando quiero, la televisión no me daría los lujos que me doy, porque allí estás de paso. Hay un momento en que te buscan, te llaman pero luego te olvidan o simplemente te quieren dar papeles que no son interesantes; aunque creo que mi esposo y yo hemos sido de los pocos que hemos logrado mantenernos durante tantos años en la televisión.

Sonia Oquendo entró al mundo de las prendas de vestir después de regalarnos su belleza y su talento en las pasarelas, en los teatros y la televisión. “Llegué a crear mi boutique después de mucho tiempo de haber estado en varias actividades. Yo empecé en la televisión como modelo en aquellos tiempos tan bellos, llegué a la televisión gracias a que había ganado un concurso de pasarela. En aquella época pesaba 47 kilos y con mi talla estaba regia, luego hice de conductora de noticias, de actriz de teatro, actriz de telenovelas, cosas que el público sabe ya de mí”, dice.

—¿En aquel tiempo dejaste a un lado tu afición por viajar?

—No. Toda mi vida he viajado debido a que mi padre viajaba pues era gerente de una compañía de aviación. Podría decir que he viajado por todo el mundo y son pocos los países que no conozco. Siempre he sentido la necesidad de conocer diferentes culturas. Era muy curioso porque después de las visitas de turismo convencional iba yo a todas las tiendas de moda que había. Me encanta ver ropas desde hace muchísimo tiempo y es por eso quizá que me siento como pez en el agua en esta boutique que es como mi segunda casa.

Nunca descansa
Quien conoce a Sonia Oquendo sabe que ella puede hacer dos, tres o cuatro cosas a la vez sin quejarse del estrés. Siempre está acelerada, atenta para hacer una y otra cosa. No soporta la lentitud. Quiere hacerlo todo ya, ya, ya. Es súper ordenada, tanto que es posible que sepa cuantos alfileres hay en su boutique.

Sus amigos, sus hijos, y a veces su esposo, el famoso Rulito Pinasco, dicen con razón que ella es perfeccionista, maniática, ordenada, demasiado disciplinada y que por nada del mundo soporta el caos.

—¿Y qué hace usted para relajarse, porque supongo que todo el trajín de los días llegan a cansarla, no?

—No sé relajarme; pero me siento muy feliz cuando hago yoga, Tai Chi o natación.

Para la cocina está Rulito
Sonia Oquendo es de las mujeres que van a la cocina con el único propósito de comer algo. Es de las mujeres que consideran que estar en la cocina todos los días es una forma de perder el tiempo.

No es que no le agrade cocinar, solo que prefiere hacer otras cosas, dedicarse a su trabajo, y dejarle el trabajo doméstico de mandil y utensilios a su esposo Rulito que puede hacer, sin problemas, las compras en el supermercado, todos los días.

“Me disgusta la cocina. No sé hacer las compras. No las hago, no sé cuánto cuesta un kilo de arroz o de azúcar o una botella de aceite, y tampoco me interesa saberlo. El que se encarga de ir al súper es Luis Ángel (Rulito) y si alguien cocina es él y es sumamente desordenado, ensucia todo. Claro que tenemos alguien que nos ayuda en los quehaceres, pero a él le gusta la cocina y está ahÑ Una vez a las quinientas se me puede dar por cocinar y lo hago y el plato que prepare lo presento estupendo como en los mejores restaurantes. Pero de ahí a cocinar todos los días, no”, dice.

Preocupaciones
Sonia Oquendo se preocupa mucho por lo que puede pasar de aquí a un tiempo con su entorno, por eso está en una campaña constante de enseñar a la gente cómo debe ahorrarse el agua y ha empezado en casa. “No gastes más de lo debido, cierra el caño cuando lo estés usando, no se riega el jardín de esa manera, cuando te bañes y te estás enjabonando la ducha no tiene por qué estar abierta”.

“Cuidar el medio ambiente es una mis principales preocupaciones. Tengo una fijación por el agua porque soy conciente de que se va a acabar. Me preocupa Pastoruri, por ejemplo. Los hielos se derriten irreversiblemente. Todos debemos tomar conciencia de ello. Es una pena. Somos un país tercermundista que aún no toma conciencia que el agua se va a acabar. Imagínate, recién nos están enseñando a cruzar las pistas. El otro día en la avenida Javier Prado veía un tumulto de gente y pregunté ¿qué es esto? Y vi con asombro que le estaban enseñando a cruzar la pista a la gente”, dice.

—¿Es verdad que usted no ve televisión?

—Solo veo lo que me gusta, lo que no me hace daño. Por ejemplo, cuando hay violencia en los noticieros no lo veo, veo el Oscar, el Globo de Oro, veo el noticiero español. No veo nada vulgar, lo detesto. Tampoco veo nada de lo que yo no pueda sacar algún provecho.

—¿Se puede decir que usted creció como una charapita?

—Nací un 11 de enero en Lima y mi infancia la pasé en Tingo María. Crecí con mucho calor, riachuelos, naturaleza. Viajaba mucho a Juanjuí, Tarapoto, Yurimaguas, Pucallpa. Crecí viajando.

—¿Con qué soñaba cuando era niña?

—Soñaba con ser científica, médica, bióloga; por eso ahora me encanta ver en la televisión ese tipo de series, documentales y a Luis Ángel no le gusta mucho. El tiene su espacio y yo tengo mi espacio. Cada uno tiene inclusive su propio baño. Los dos nos respetamos mucho y somos felices asÑ

—A tu padre no le gustaba mucho que fueras modelo o actriz

—Es cierto. Mis padres no querían saber nada de eso, en absoluto, pese a que me invitaban a participar en Miss Perú y recibía muchas propuestas. Yo empecé en el ambiente artístico después de casarme a los 19 años.

—Casi siempre ha tenido papeles de villana o personajes de mucho carácter, ¿era muy difícil interpretarlos?

—No; no eran nada difíciles, porque soy enérgica, sé lo que quiero, tengo seguridad para manejarme, manejo situaciones, tomo decisiones y el papel de villana es el más agradecido. No tienen pierde, es el que gana la telenovela y todo el mundo recuerda a las villanas. En cambio de las buenas nadie se acuerda.

—¿Descarta la posibilidad de volver a la televisión?

—No; es cuestión de que el papel que te ofrezcan te guste, que esté de acuerdo a tu edad, a tu tipo, a tus intereses. No se trata de actuar por actuar, no valdría la pena. Tampoco aceptaría un papel por el que me paguen poco y por el cual tendría que dejar de trabajar en mi boutique. No tendría sentido. Tienen que ofrecerme algo que se acomode a mi trabajo, a mis viajes, que ya los tengo planificado. El 29 de junio me voy por 15 días y luego el 27 de julio por 45 días más. Tuve propuestas para actuar pero las rechacé porque se cruzaban con mis planes. Además no hay ya muchas ofertas en el mercado para mi tipo. Tampoco vivo esperando un papel. Ah, en febrero grabaré cinco capítulos de una nueva novela que saldrá por el Canal 9. Seré actriz invitada.

Los suyos, los míos y los nuestros
“Estoy casada con Luis Ángel Pinasco (Rulito) desde hace 34 años. Nuestra familia se compone de hijos suyos, hijos míos e hijos nuestros. Él tuvo a Luis Ángel, Aldo y Bruno en su primer matrimonio; yo tuve a Karina en mi primer matrimonio; y en nuestro matrimonio tuvimos a Johana y Kiara. Todos nos llevamos muy bien porque formamos una gran familia. Tengo además dos nietos hombres y acaba de nacer una nieta.


Paco Moreno
Redacción

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