La risa bienhechora

Wendy Ramos, aquella clown de Pataclaun, sigue en el camino hermoso de enseñarle el lado amable de la vida a los enfermos, pobres, miserables, presos, prostitutas. Anuncia el retorno de Patch Adams.

| 24 julio 2009 12:07 AM | Gente como uno | 3.3k Lecturas
La risa bienhechora
“He encontrado nuevas formas de ser clown, que es el más humano de los humanos”, dice.
Retorno a Belén. También irá Patch Adams

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Callejón de la muerte

“La unión con Patch fue lo máximo y contagiada con su vitalidad y esa forma tan activa de ver la vida, llegué hasta el callejón de la muerte, en Managua (Nicaragua). Es el lugar donde llega toda la basura de ciudad, pero allí hay gente que vive. Hay drogadictos, ladrones, asesinos, prostitutas. Allí conocí a Katy, quien empezó a pedirme dinero y después de que hablamos y vio lo que hacía con ella, terminó regalándome el anillo que seguramente habían encontrado por ahÑ”

…se perdió un poquito la tradición y vinieron los problemas personales y al final nos fuimos todos y nos separamos de Julie, y ella se quedó con Pataclaun, se quedó con el nombre y abrió una escuela…

Cerca de 100 payasos, entre ellos, como treinta amigos de Patch Adams volverán a Belén el cuatro de agosto y se quedarán hasta el 15. ¿Qué es Belén? Es uno de los lugares más pobres de Iquitos donde la gente no tiene nada salvo pobreza. Desde el año 95, Bola Roja y los amigos de Patch Adams hacen un trabajo humanitario. Si usted quiere ayudar, visite: http://www.bolaroja.net/bolaroja.htm.
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Hacer reír es cosa seria. El clown no se hace. Nace con esa vocación hermosa de arrancarle una sonrisa al otro. Pero para llegar a ser un clown profesional el camino es largo y duro. El clown es como una llave. Abre todas las puertas y así Wendy Ramos, con su bola roja en la nariz, pudo matarnos de risa desde Pataclaun, y luego entrar en hospitales, colegios, cárceles y hasta en lugares miserables como “El callejón de la muerte”, que es un basurero en Managua (Nicaragua) donde hay gente que sobrevive en medio de la bazofia más repugnante. Wendy ha llegado hasta esos extremos porque sabe que aun en las peores condiciones, las personas tenemos siempre un lado hermoso donde puede prender la chispa. ¿Por qué hace estas cosas? ¿Quién es esta clown?

“Nací en una familia de clase media, mi papá es de la FAP, mi mamá era muy bonita, muy graciosa, muy viva y quería mucho a mí papá como él a ella. Era una familia linda que salía de la mano al parque. Yo nací después de trece años que naciera el último de mis tres hermanos. Me recibieron con mucho cariño y me convertí en la única niña de la casa. Nací en Barranco, de ahí nos mudamos a Lince y cuando yo tenía 4 años, murió mamá de cáncer al colon. Entonces, con más razón, todo el mundo tenía su atención puesta en mÑ Estudié en un colegio de monjas donde todos rezaban mucho por mí, porque, creo, yo era la única niña que no tenía madre en toda la escuela”

En casa, sus hermanos mayores le enseñaban a leer, escribir, sumar, restar y esas cosas, por lo que en el colegio la pequeña Wendy se aburría demasiado. Cuando volvía a casa, solitaria en un hogar de adultos, subía a la azotea y construía casas de cartones. Luego se hacía trenzas y bailaba oyendo las canciones de Yola Polastri.

“Era bien tranquila, me decían quédate acá y me quedaba quieta. Cuando empecé a crecer conseguí licencia para todo, cosa de la que mis hermanos no gozaron. Yo tenía libertad para hacer de todo, la única condición que me pedía mi padre era que mi libreta estuviera en azul y así fue”.

Quisiera ser maestra
“Mi padre me explicaba las cosas muy gráficamente. Cogía una manzana para decirme cómo era el mundo y de él aprendí a explicar las cosas de la mejor manera posible”. Wendy es apasionada. Cierto día, cuando estaba en segundo de media, como a los 12 años, tuvo que hacer un trabajo sobre la mitología griega y se aprendió de memoria todos los nombres de los dioses, sus poderes, ciudades, todo. En aquel tiempo soñaba con ser maestra.

“Bueno, acabé el colegio y quería entrar a la Unifé a estudiar Educación Especial, pero me hicieron un test vocacional y resulta que me inclinaba por Arqueología, cosa muy rara. Pasó el tiempo y tuve que hacerme otro test y me salió Comunicación. Entré a la Universidad de Lima. Yo no sabía bien que era el mundo de la comunicación, pero aprendí y me gustaba mucho. Me enseñaban de todo: filosofía, psicoanálisis, educación, antropología, sociología. Estudié unos años y me dieron una beca para Brasil. Era ya 1985. Me instalé con una familia allá y estuve un año y terminé en el 86. Ese año para mí también fue importantísimo porque me cambió la vida”

“Volví a la universidad y en la facultad de Comunicación había una ola de izquierda. Todo giraba mucho hacia la educación, hacia hacer cosas para el bienestar de la gente. Había mucha onda de enseñar a través los medios de comunicación. Se hacían programas de radio, de televisión y yo estaba muy cómoda con ello”

“Luego empecé a trabajar en un programa de videos musicales como asistente de producción y era aburrido porque al canal en el que trabajaba sólo le interesaba vender y poner potos y tetas. Entonces viene mi lamento y qué hago con toda esta cosa, y yo seguí trabajando ahí porque era mi trabajo. Y como hobbie empezamos a hacer teatro en la universidad, de ahí nos acercamos al clown y ahí conocí a Julie Natter, que había hecho un taller de clown en Argentina, y que había venido y quería comunicárselo a un grupo no profesional de teatro. Me pasé de vueltas con las posibilidades que tenia el clown. Ahí podías decir lo que tú querías”.

Pataclaun
“En el 97 en plena dictadura, el 80% de la gente que conocíamos nos decían que no iba a funcionar en televisión porque eso del clown es de teatro, cómo van a hacer si no hay público, la gente no lo va a entender, el tipo de humor que había era el de “Risas y Salsa”. De pronto me ví envuelta en los guiones y escribiendo el guión de Pataclaun”

“El programa fue un cambio importante; o sea, primero conocer el clown y luego el salir en la televisión y de pronto los autógrafos, ganábamos una cantidad absurda de dinero, le aumenté un cero a mi sueldo. Sí, o sea hemos grabado en el 97, 98, 99 hasta el 2000, y la gente estaba me decían qué gracioso cuando se molesta Machín o oye qué paja que están hablando del racismo, qué paja lo que dicen de Laura Bozo, o sea, cada uno decía lo que le daba la gana; en ese programa no había mucha lectura, había más libertad, y entonces yo me sentí en el cielo porque tenía una hora en televisión donde millones de personas estaban mirando y escuchando lo que yo escribía”.

“Empezamos a cambiar. Nos entregamos a lo que el público quería. Al público comenzó a gustarle parte de los insultos y entonces nos fuimos más a los insultos y se perdió un poquito la tradición y vinieron los problemas personales y al final nos fuimos todos y nos separamos de Julie, y ella se quedó con Pataclaun”

“Entonces fue una separación dolorosa, yo salí muy lastimada y muy herida. Pensé que iba a salir de ahí y que me iban a caer ochenta mil ofertas y cosas pero no fue asÑ Me quedé en el aire. Carlín volvió al teatro, Machín volvió al teatro, Johana volvió al teatro, cada uno se fue a lo suyo y yo no tenía nada”

Volver a empezar
“Decidí dar un pasito. Si no te quedas ahí metida en tu cama y menos mal que tenía dinero ahorrado y pude darme el lujo de pasar cinco meses sin trabajar, sin hacer nada, contemplando mi vida, pensando que hacer y pronto entré a la página “www.clownplanet.com”, que es una página española de clowns y para mí esa fue la solución porque me enganché allí y fue como una puerta gigantesca que se abrió y en donde encontré todo; había miles de clowns de todas partes del mundo proponiendo cosas totalmente distintas, mostrándome que el clown no era simplemente eso que yo sabía, que era lo que Julie nos enseñó lo aprendió en un taller de un mes”.

“Me enteré que había un taller en México y dije me voy a clases con Erick Bond que tiene una escuela en Ibiza y empezó. Ese taller me partió el cerebro. Me defendí mucho al principio porque el tipo me decía que lo que hacía no era clown yo le decía que sÑ Me decía que yo hacía un muñeco, un personaje, y que él no sentía nada al verme. Me decía: “Lo único que estás haciendo es tratar de hacerme reír, pero no siento nada, te veo, te entiendo pero no siento nada; porque tú no estás mostrando tu corazón, no estás mostrando que es lo que sientes y el clown no es eso, el clown muestra su corazón”.

“Fueron unos días de auxilio y llegando al final del periodo entendí lo que me estaba pidiendo... Yo le tenía miedo a los globos, no sé por qué; quizás porque se me reventó un globo en la cara cuando era chibola. Bueno tenía que salir a cantar una canción mientras me sentaba en el globo. De tan solo pensarlo se me ponía los pelos de punta y decía no quiero hacer esto; dije de repente ahí está mi tranquilidad y lloraba, sudaba de los nervios y era horrible, horrible atravesar una fobia delante de tanta gente y todos estaban tirados en el piso muriéndose de la risa de mi sufrimiento; porque yo seguía tratando de hacerlo bien, seguía tratando de cantar y estaba con el globo muriéndome y ahí entendí que el clown es el más humano de los humanos y tiene que ser capaz de mostrar esa parte débil y no sólo, que tal cague de risa que soy; sino, yo también tengo miedo como tú”

Bola Roja
“Volví al Perú y armé mi taller. Arrimé los muebles de mi casa y comencé con 12 personas. Fue maravilloso. Solamente enseñé eso que me habían enseñado, no metí nada de lo anterior. En el camino me enteré que habían los clown hospitalarios, me enteré que existía Patch Adams. Le mandé una carta y casi me muero cuando me respondió. Me envío sus libros y comenzamos a escribirnos. Nos hicimos amigos y yo empecé a darle más fuerte a mi grupo Bola Roja.”

“Patch Adams vino al Perú con un grupo de cinco personas en el 93 y nos hicimos más amigos todavía. Bola Roja, mi grupo, y el grupo de él, como que se enamoraron. Aquel año que vino, me dijo volveré el próximo año y así lo hizo. Me dijo que alquile un bus para irnos a dónde quisiéramosos, y nos fuimos a Arequipa, Cusco y Abancay por 15 días, vistamos colegios, plazas, cárceles, pueblitos pobres, callejones, todo, todo. Encontramos gente de todo tipo. Lo que te puedes imaginar, gente en última fase del Sida, todo”.

“Ya voy como ocho años haciendo eso y he viajado por mucho lugare. Estuve en misiones humanitarias en Chile en Rusia. No es tanto curar a través de la risa o que el niño simplemente se ría con lo que tú haces, sino es ayudar para la gente se vea como tal, que un niño enfermo se vea como un niño.”

Ahí va Wendy, hablando todo lo que puede, viajando todo lo que puede. A sus 42 años va como una doctora de la risa que se mete a tu alma para enseñarte tu vida. No tiene hijos, se ha casado dos veces, se ha separado dos veces, y ahora sale con un pata con quien todo indica que se quedará para siempre.

Paco Moreno
pmoreno@diariolaprimeraperu.com

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