La nativa rebelde

Activa, esbelta, indomable, Q’orianka Kilcher, la bella acuariana de 19 años de edad, viaja por el mundo para cumplir el sueño de darle voz a los sin voz. Es, en cierta forma, como nuestro Julio Ramón Ribeyro, el de “La palabra del mudo”, pero sin prosa fina ni libros publicados, y, al contrario de lo que era el buen Ribeyro, Q’orianka tiene muchas ganas de hacerse notar, hacer películas por montones y cantar ante un auditorio de miles de fanáticos.

Por Diario La Primera | 19 junio 2009 |  2.7k 
La nativa rebelde
(1) Q’orianka enseña a defender la vida con firmeza, pero sin dejar de sonreír. (2) Regaló 50 videocámaras en Bagua para que los jóvenes registren la verdad. Pidió ayuda para los heridos.
Alzó su voz a favor de los amazónicos y contra el presidente García, y cierta prensa reptante dijo: ay, cómo dice esas cosas. Prometió volver. Luciana León ti
2742  

—Si para algo me sirve la fama es para ayudar a mis hermanos (los nativos). Yo no puedo callarme cuando ellos están muriendo, cuando ellos están luchando —dice, claro y directo, sin ambages, y me clava sus ojazos de Pocahontas.

—¿Muriendo, luchando?

—Están sufriendo y han pagado con su vida la defensa de sus derechos, que son también nuestros derechos.

Fue una niña extrovertida, inconforme, de esas, inquietas y buenas, que siempre quieren salirse con la suya, porque suelen tener razón. En aquel tiempo, quitándole horas al sueño, para cumplir el sueño de mejorar las cosas, tocaba el piano horas y horas mientras sus amigas jugaban en el parque. Le gustaba subirse a la mesa del comedor de la casa para cantar y así arrancar los aplausos de la familia. Ser cantante fue, digamos, su primera vocación. Cierta noche, con menos de 10 años de edad, en un concierto de los Rolling Stone, lloró desconsoladamente de alegría y emoción al darse cuenta que sí es posible reunir a tanta gente en torno a un mismo mensaje, el de la música. Su madre le preguntó: ¿Por qué lloras? Es que me gustaría que a mí también me escuchara tanta gente ¿Pero para qué quieres que la gente te escuche? Para darle mi mensaje de amor y vida y así colaborar con el cambio de mundo. La niña Q’orianka soñaba ya con un mundo sin odios, sin discriminación, con un mundo donde gentes de diversas culturas puedan entenderse, ayudarse y vivir en armonía.

—No entiendo por qué, con tanta modernidad, los peruanos no hayan entendido aún que la gente no debe matarse para solucionar sus problemas.

Aprendí en los viajes

Nació en Schweingmatt, un pueblito de catorce casas en una montaña remota de Alemania y fue creciendo en los viajes constantes de su mamá Saskia Kilcher, una sonriente señora de trenzas rubias que no sabe eso de quedarse a vivir en una sola casa. Algunos dicen que su madre nació en el océano Atlántico en un barco de exportación y que es tan viajera que su pasaporte siempre está a la mano. Fue ella quien le hizo conocer el mundo a Q’orianka. La trajo al Cusco cuando la Pocahontas tenía cinco meses de nacida, con la ilusión de encontrar un lugar tranquilo para vivir. Pero eran tiempos del terrorismo y un bombazo a doscientos metros de la casa donde vivían obligó a partir a Saskia, de la mano con su hija. Después de recorrer pueblitos de la sierra y la selva del Perú, países y ciudades de Europa, anclaron en Hawai, donde Q’orianka estudió todo lo que pudo: actuación, música, danza, teatro.

—Nos quedamos en Hawai, con mucho aloha y tranquilidad, porque es un lugar hermoso para que los niños crezcan —dice su madre y aclara que ahora viven en Los Ángeles.

A Q’orianka no hay que decirle que está mal algo que ella hace, porque no parará hasta lograr que ese algo le salga bien. Fue lo que pasó con la actuación y por eso ahora hace todo lo posible para convertirse (lo está logrando) en esa actriz que todo el mundo quiere ver. “Quiero tener voz para ayudar a la gente a ser mejor”, dice. Aguerrida y valiente, le entra a la lucha sin freno, si de defender a los que no tienen voz se trata y si éstos son nativos con mayor razón, porque dentro de ella fluye sangre nativa. Su padre es un nativo quechua-huachipaeri.

Debo viajar
Hace unos días, cuando estaba muy tranquila en su casa de Los Ángeles, esperando respuestas de directores para nuevas filmaciones, la televisión empezó a informar que en la selva de un país sudamericano había ocurrido una matanza de nativos y que las cifras oficiales sostenían que en un enfrentamiento entre policías y nativos, había dejado un saldo de 34 muertos. “La noticia me llenó de gran tristeza e impotencia y quise saber que había ocurrido en realidad, por eso, me presté dinero y vine a la tierra de mi padre”, dice.

Llegó casi una semana después del trágico viernes cinco de junio, cuando el líder nativo Alberto Pizango estaba ya refugiado en la Embajada de Nicaragua, porque la policía le pisaba los talones. Para librarse de culpa, el presidente García había dicho que el responsable de matanza de policías y civiles era Pizango. El mismo día que llegó a Lima participó en la jornada nacional de apoyo a los amazónicos, junto a estudiantes universitarios y artistas. En la Plaza Francia (Cercado de Lima) cubrió sus labios con una cinta adhesiva con la inscripción: “Escuchen al pueblo”.

Fue García
Un día después, en las oficinas de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), organización que la nombró mensajera de los amazónicos, Q’orianka le saltó al cuello al presidente García, ante el asombro de los periodistas acostumbrados de que al señor de la banda (presidencial) no se le debe tocar ni con el pétalo de una rosa. Dijo que el principal responsable de las muertes de policías y nativos es García por haber dado la orden de despejar la carretera Fernando Belaunde Terry en Bagua sin medir las consecuencias y que Pizango es un líder que los jóvenes debían seguir. “Si Alan García está vendiendo la selva es porque no tiene la capacidad de ver a futuro”, dijo.

La portátil de la prensa alanista comenzó entonces a hostigarla con preguntas agresivas que jamás le harían a un político aprista y hasta la “compañera” Luciana León metió su cuchara, tal vez creyendo que esta vez sí la hacía, que con una actriz jovencita sí podría lucirse, que podría hacer un faenón, pero apenas le salió una faenita. Dijo que la actriz estaba manipulada y que había venido financiada con dinero de una ONG ecologista. Pobrecita Luciana, recibió un vuelto que le bajó la moral hasta el subsuelo. “A mí no me manipula nadie. Yo hago lo que hago porque lo siento. A mí no me paga nadie. Yo he venido para prestarles mi voz a mis hermanos. En vez de criticarme, la congresista debería enfocar mejor su trabajo que para eso le pagan todos los peruanos. Yo que vivo en Estados Unidos estoy aquí para ver qué sucede con mis hermanos; en cambio, ella huye tras un amor a Nueva York cuando debe estar aquí, que es su deber. Dice que no sé nada; pero estoy enterada de que su padre está preso por corrupto”, le replicó Q’orianka, ante lo cual la rubia se batió en retirada con el clásico “yo no me voy a rebajar…”

Vamos a Bagua
“No podía quedarme sentada, tenía que hacer algo, por eso fui a Bagua”, dice la actriz, mientras prepara su viaje a Iquitos.

Q’orianka estuvo en Bagua, palestra de una batalla absurda; lugar donde los amazónicos gritaron por la vida y pusieron el pecho por sus tierras y murieron cruelmente; espacio donde los policías intentaron poner orden pero balas malditas acabaron con sus vidas; Bagua, símbolo de que el Perú está aún está partido, como en tiempos en que el invasor barbón hacía lo que quería en estas tierras del nuevo mundo; Bagua, pedazo del Perú donde el sello de la barbarie y la crueldad estremeció al mundo.

Allí regaló cincuenta cámaras de video a los jóvenes de la zona para que registren la verdad; visitó hospitales y calles, plazas y casas humildes; encontró jóvenes inocentes con balas en los pulmones que le pedían ayuda; niños con hambre y sed; nativos refugiados; madres desoladas; vio un lugar con ganas de volver a ver el sol de la misma manera que antes de los muertos.

“Vi a un chico quejándose en una cama humilde del hospital de Bagua Chica porque tenía una bala en los pulmones. Pido al presidente García que envíe un helicóptero para trasladar a los heridos del hospital de Bagua Chica hasta un nosocomio más equipado. Nunca es tarde para hacer una buena acción. Si yo tuviese plata, alquilaría un helicóptero y ayudaría a los enfermos”, dice y siente que un nudo quiere desatarse en su garganta, pero no llora.

“Lloré cuando me enteré de las muertes; pero ahora hay que ser valientes. Hay que ser valientes para hacer una cruzada en el país, en el mundo, para que la gente entienda que no podemos matarnos entre hermanos”, refiere.

En Iquitos
Sin ningún momento de sosiego, Q’orianka también viajó a Iquitos. Ahí participó en un acto de solidaridad con los habitantes amazónicos maltratados por el olvido; fue la estrella en el concierto “Por la vida, territorios y dignidad amazónica”. Luego de ello, cuando vio el bello cielo de Iquitos pensó que no había hecho lo suficiente por sus hermanos, que pudo hacer más, y sintió una gran tristeza al imaginar que más muertes pueden ocurrir en este país donde la democracia es sólo un concepto guardado en los libros. Pensó, sin embargo, que su regresó al país valió la pena, que de algo sirve ser un actriz que la prensa toma en cuenta. “Ella siempre quiso ser famosa, para ayudar a la gente, a sus hermanos”, dice su madre-compañera-amiga-manager.

Volveré
El miércoles retornó a Estados Unidos para hablar con unos productores de cine; pero prometió volver pronto para quedarse hasta agosto por lo menos. Su paso fugaz por el Perú fue una lección de valentía y coraje, que nuestras actrices de casa deberían imitar. Q’orianka es una voz bizarra, casi temeraria, altamente recomendable para los jóvenes y adultos acomodaticios con el poder y el sistema. Q’orianka es un ejemplo de disidencia juvenil por la defensa de las grandes minorías.

Paco Moreno
Redacción
Referencia
Propia

Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital
Diario La Primera comparte 119378 artículos. Únete a nosotros y comparte el tuyo.
Loading...

Deje un comentario