La matadora matriarca

Si Lucha Fuentes no salvó nunca la bola con el pie como Elena Keldivecova en el premundial sudamericano de Brasil fue porque en sus tiempos de gloria las pataditas no estaban permitidas. “Era una falta. Sólo podíamos tocar el balón de la cintura para arriba. Si hubiese estado permitido, normal. Yo le entro a todo”.

Por Diario La Primera | 28 ago 2009 |    
La matadora matriarca
(1) Con las niñas puedo ver con mayor nitidez el resultado de mi trabajo, dice. (2) En 2000 fue nominada para la elección de la mejor jugadora del siglo XX.
Lucha Fuentes sigue siendo fuente de inspiración para las matadorcitas de hoy y será ejemplo de lucha y dedicación del deporte de la net del mañana.

Más datos

Impresionante trayectoria

1967  Subcampeón Panamericano
1967  Campeón Sudamericano Santos
1967  4to puesto Campeonato Mundial Japón
1968  4to puesto Olimpiadas de México
1969  Subcampeón Sudamericano Caracas
1970  14 puesto Campeonato Mundial Bulgaria
1971  Subcampeón Panamericano
1971  Campeón Sudamericano Montevideo
1973  Campeón Sudamericano Bucaramanga
1973  4to puesto Copa del Mundo Uruguay
1974  8vo puesto Campeonato Mundial México
1975  Subcampeón Panamericano
1975  Campeón Sudamericano Asunción
1976  7mo puesto Olimpiadas de Montreal
1977  Campeón Sudamericano Lima
1977  5to puesto Copa del Mundo Japón
1978  10mo puesto Campeonato Mundial URSS 78
1979  Campeón Sudamericano Santa Fe, Argentina (con lo que marcó su retiro definitivo de las canchas)

DETALLE
Nacida en Ica el 19 de agosto de 1954, Lucha Fuentes es actualmente entrenadora en las divisiones menores de la Federación Peruana de Vóley;  coordinadora de la escuela gratuita de vóley de la Municipalidad de La Molina; profesora en las academias deportivas escolares de la Fundación Telefónica, en las que participan 300 niñas, niños y jóvenes humildes de 9 a 14 años.

“Es una vida dura la del deportista. Akira nos decía siempre ‘en la cabeza solamente debe haber vóley y estudio y no otra cosa’”.

Es verdad. Lucha Fuentes es de aquellas deportistas que destacan en varias disciplinas. De niña, en Ica, mientras su padre hacía goles por la selección peruana de fútbol y por Alianza Lima, ella ganaba medallas en el colegio en salto largo, en salto alto. “Saltaba sin estilo, claro, pero saltaba. Siempre ganaba medallas. No he tenido un momento de sosiego, siempre he practicado algún deporte”, dice y luego ordena a una de sus pequeñas pupilas a quien se le escapa la pelota: “Ey, anda por la pelota, o crees que la pelota va a venir por ti. Anda, niña”. Seria y firme, Lucha mira a la niña y la niña apura el paso, coge el balón, y sigue el voleo constante del balón.

Lucha me mira ahora y me dice: “El deporte es disciplina. Aquí la niña que llega tarde no entrena, se va a su casa. Que hubiese sido de mí sin la disciplina”. Estamos en La Molina, en el complejo deportivo de Musa, al pie de un cerro donde vive gente muy pobre y donde Castañeda Lossio construyó escaleras que de lejos parecen trazos amarillos.

–¿Usted ahora es una cazatalentos?
–Algo. Hacemos lo que podemos. Aquí llega gente pobre y por ahí quizá salga alguien que dé que hablar. Si veo a una niña alta y con talento, al toque la llevo a la Videna para probarla con niñas de la selección.

–Pero llegarán a ser como usted cuando asombraba al mundo con sus mates en el 75, el 76, por ejemplo, o en los Juegos Olímpicos de 1968.
–Nunca (ríe). Siempre hay talentos, hay que buscarlos nomás.


El sueño de Akira
Uno de los sueños del japonés Akira Kato, aquel entrenador con el que conseguimos el cuarto puesto en las olimpiadas de México de 1968, el que trajo al país al coreano Man Bok Park, fue ver aquella niña iqueña morena y larguirucha convertida en una estrella del vóley.

“Se le cumplió el sueño. Gracias a Akira soy lo que soy. Yo vengo de Ica, vine muy chica, a los trece años de edad. Tuve que dejar a mi familia, mi colegio, mis hermanos, mis amigos para tentar suerte en Lima; porque Akira creyó que yo podía ser alguien en el vóley. Se interesó en mí sin haberme visto jugar al vóley. Le interesó mi biotipo. En ese tiempo yo hacía atletismo. Sufrí mucho porque Akira me exigía más que a las otras chicas. Yo tenía que quedarme a entrenar horas extras. Pero eso me valió mucho porque a los 14 ó 15 estaba ya jugando por el club del Colegio Divino Maestro”.

–¿No extraña el atletismo?
–Akira me dijo que eligiera entre el vóley y el atletismo. Me decidí por el vóley porque el atletismo es un deporte para solitarios y la soledad no me agrada tanto. Me gusta más ser parte de un todo, jugar para el grupo, en equipo.

–¿Y cómo están esas amigas de la selección de los setentas?
–(Ríe) La selección peruana de los setentas se reúne una vez al mes. No diré dónde. Nuestros esposos saben ya que una vez al mes, nosotras las pasamos solas. Es lindo. Hasta ahora nos quedan las enseñanzas de Akira. La selección de aquel tiempo no era sólo un grupo de compañeras sino de amigas.

–Fue gran consejero, Akira.
–Un gran hombre. Casi nos obligaba a estudiar. Decía que el vóley es una profesión corta. Todas las integrantes de mi promoción son profesionales. Yo estudié para profesora en San Marcos y gracias a Dios trabajo no me falta.


Todo a su tiempo

–Dejó muy joven el vóley, a los 25 años.
–Lo dejé cuando debí dejarlo. No me quejo. He jugado cuatro mundiales, dos olimpiadas, cuatro panamericanos, seis sudamericanos, dos copas del mundo. He viajado por casi todas las partes del mundo. Además necesito familia.

–¿Es verdad que usted es la más pequeña de la casa?
–SÑ Mi esposo Luis Sehiappa mide 1.96; mi hijo Giorgio, 1.90 y mi hija Romina, 1.80. Con mi 1.75 me quedo corta.

–Pero es la más alegre de la familia.
–(Ríe). Bailo salsa, canto. Pienso que Dios ha sido bueno conmigo. Me he realizado en casi todos los aspectos, como hija, esposa, madre, deportista. Tengo 23 años de casada, mis hijos son universitarios. ¿De qué me puedo quejar?

Las niñas, sus pupilas, se acercan a un lado de la cancha donde converso con Lucha. Quieren saber qué decimos y yo quiero saber qué dicen ellas. Wendy Chancas, de 10 años, dice que tener a Lucha Fuentes como profesora es un orgullo y que su mamá está feliz por ello; Fiorella Sobero, de 18, indica que con Lucha Fuentes ha aprendido a ordenarse y a jugar al vóley sin descuidar sus estudios; Lucía Jiménez, de 13, dice que quiere ser como Lucha y para eso entrena duro.


El gran premio

–Cuéntenos de ese gran premio que sus amigas tanto comentan.
–(Ríe). Fue en mi primer campeonato sudamericano, en 1967, en Brasil. Teníamos que ganarle a Brasil. El partido fue muy duro pero le ganamos con un esfuerzo bárbaro. Fue una alegría enorme. Fui elegida la mejor jugadora del campeonato y me dieron mi gran premio: un par de zapatillas. (Ríe). Pero, anécdotas aparte, fue importante ese campeonato porque marcó el inicio de una racha impresionante para el vóley peruano.

–¿Qué le parece la selección peruana de hoy?
–Yo estoy muy feliz con lo que le está pasando a la selección de mayores con las “matadorcitas”. Sólo espero que a las chicas no se les suban cosas a la cabeza y descuiden lo principal, que es darlo todo por el Perú. El Perú debe recuperar su sitial de antes y superarlo, y en eso tenemos que ver todos. Los entrenadores, la federación, todos; sobre todo las chicas.

Otra vez, las niñas. Llega una y otra más e indico a la fotógrafa que haga tomas de apoyo para que las niñas se distraigan con la cámara y nos dejen conversar. Todas siguen a la fotógrafa y se queda una y escucha atenta cuando Lucha cuenta que, cuando era adolescente, estudiaba por la mañana e iba a entrenar a las cinco de la tarde y volvía a su casa pasada la media noche. “Es una vida dura la del deportista. Akira nos decía “en la cabeza solamente debe haber vóley y estudio y no otra cosa”. La niña la mira y se va a la cancha.


Mi gran premio
A las chicas de mi generación, el vóley no nos ha dado mucho económicamente; pero no hay por qué quejarse tampoco. Para mí, la mayor satisfacción es haber jugado por el Perú. Por eso, ahora la gente me recuerda y me quiere y estoy muy agradecida por ello. Uno siente una satisfacción enorme cuando pasa por la calle y una madre le dice a su hija: mira ahí está Lucha Fuentes, anda pídele un autógrafo y se acercan las dos. Mi vida es el vóley y jugar este deporte maravilloso me da aún muchas satisfacciones: los señores, las señoras hasta me ceden su lugar en las colas y cosas así la hacen sentir importante a una.


La clave es empezar con las menores
Dice que el futuro del vóley está asegurado si se trabaja con las menores: “El trabajo con las menores debe ser constante y sistemático como en Brasil. Los fundamentos del vóley son difíciles, pesados, monótonos entonces hay que trabajar con niñas, con constancia y dedicación. Aprovechemos la buena racha de ahora para reforzar nuestro empeño en hacer más grande el vóley”.

Paco Moreno
Redacción

Jennifer Torrealva
Fotos

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