Es un mate de risa

Quien no se ríe con Carlos Alcántara es porque es de otro planeta. Veamos algunas facetas de la vida de este gran comediante-actor-músico-bailarín. Quiso estudiar Zoología y ahora piensa formar su propio grupo de rock.

Por Diario La Primera | 08 may 2010 |    
Es un mate de risa
Chabela y Carlitos Alcántara en el bautizo de Fernando, hermano mayor de nuestro personaje.

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“CALLE 13”

El actor quiere formar un grupo similar a ese grupo rebelde Calle 13 para que a través de la música diga cosas con sentido. “Toco cajón o saxo de oído. No soy músico; pero sería fabuloso hacer un grupo como esos patas de Calle 13. Mi sueño es hacer canciones con sentido, con letras que hagan pensar o sentir”, dice

La asistenta de Carlos Alcántara tiene problemas para abrir la puerta principal del edificio donde conversarán el famoso “Machín” y este humilde escribano. Problemas. La señorita está desesperada porque su representado está a punto de llegar. Llama por teléfono, toca timbres indiscriminadamente. Intenta abrir la puerta una y otra vez y nada. “Es imposible”, dice y se da por rendida. De pronto, aparece nuestro personaje con un sombrero que le cubre su frente amplísima y, con esa sonrisa que todos ya le conocemos, pregunta: ¿y esas caras, qué pasa?

—Es la llave, Carlos.

—¿Qué tiene la llave?

—No puede abrir la puerta.

—A ver, déjame pulsear.

Carlos Alcántara coge la llave como si fuese Dragón en la Gran Sangre. Mira la puerta, la sacude un poco; luego introduce la llave y la abre en una. “No se preocupen es la experiencia. Es una puertita más, ¿cuántas habré abierto?, pregunta y el mismo se responde: “nadie sabe”. Sonríe.

Generales de ley
Elogio la elegancia de su oficina. Desde aquí pueden verse las primeras y únicas cuadras de la exclusiva avenida Miguel Dasso de San Isidro. “Gracias, pero la oficina es de la productora que me ayuda en mi trabajo. Antes yo lo hacía todo, ahora la productora organiza todo y yo hago sólo lo que sé hacer”, dice. No olvido la escena de la puerta, y recuerdo que Carlos Alcántara cierto día dijo: “En mi adolescencia de palomilla he robado, he matado gatos por diversión, …”.

—¿Qué eso de “déjame pulsear”?, ¿qué es pulsear? —me mira sorprendido y ensaya la respuesta.

—Tiene varias acepciones. Es, por ejemplo, “intentar”. Es “voy a ver si puedo hacerlo yo”. Es “cuando el choro en un micro con una de sus manos suavemente busca quien tiene la billetera más gorda”. Pulsear significa varias cosas.

—¿Usted ha caído detenido alguna vez? —pregunto y me sigue mirando raro, como si pensara: “Qué le pasa a este” y luego responde de manera seca:

—SÑ

—¿En qué circunstancias?

—Bueno, yo era muy palomilla de chico. Yo crecí en la Unidad Vecinal Mirones del Cercado de Lima y ésta tiene un parque gigante en el centro y a veces la Policía hacía batidas inopinadas. Los efectivos entraban por los corredores y nos rodeaban y nos llevaban a la comisaría. Al que corría le daban con palo. Yo me quedaba tranquilo nomás. Yo llegaba a la comisaría.

—En las dependencias policiales piden a los detenidos las generales de ley. Imaginemos que estamos en la comisaría.

—A ver —dice y ríe.

¿Nombre completo? “Carlos Alberto Alcántara Aguilar”. ¿Edad? “45, todavía”. ¿Signo? ¿Signo? ¡Sí, signo! “Escorpio”. ¿Profesión? “Actor”. Equipo. “Deportivo Municipal”. Partido Político. “Ninguno”.

Mi padre, no.
—Los que te seguimos sabemos mucho de tu madre, la famosísima “Chabela”; pero cuéntanos algo de tu padre.

—Es un tema del que nunca hablo.

—¿Es un tema doloroso, digamos?

—No es doloroso; pero es un tema que no lo toco. Mi padre está vivo y todo; pero no tengo ninguna comunicación con él, no hay nada. Hablar de él cuando no me provoca hablar bien,…

—Hablar de él, sería recordar cosas,…

—No necesito hablar de él para recordar cosas. No me gusta hablar de él, eso es todo.

—¿Al menos puedes decirme su nombre?

—Fernando.

Se ha puesto serio Carlos Alcántara. Quizá no debí hablarle sobre su padre. Lo siento un poco incómodo. Entonces entro en su tema preferido, su madre, la señora 4x4 que nos ha regalado a este gran actor y personaje de la comicidad.

Hijo de Chabela
La sonrisa vuelve a iluminar su rostro, porque para Carlos Alcántara su madre significa todo. “Una mujer con una capacidad de aguante increíble. Una mujer valiente. Querendona y generosísima cuando la situación lo amerita y dura también cuando la situación lo amerita. Ay, Chabela. Nunca le digo mamá. Chabela, chavelita. Le debo su chispa y su coraje. No sólo eso, le debo todo. Tiene una historia increíble. Crió a tres hijos varones bravos ella sola y después de trabajar 40 años perdió su dinero en Clae, pero esa historia te la cuento otro día”.

Cuando Carlos Alcántara habla Chabela nadie lo para y lo hace tan bien que la gente paga por oírlo hablar de ella; pero aquí no estamos en un unipersonal. Hay seguir escuchándolo de gratis. “Se levantaba tempranísimo para alistarnos y llevarnos al colegio y alistarse ella para que fuera a su trabajo. Nunca marcaba su tarjeta a tiempo en la Compañía Peruana de Teléfonos; siempre llegaba tarde por ayudar a su familia. Pobrecita Chabela. Todo lo hacía por nosotros. Por eso digo, ella regresaba al medio día a casa para darnos de almorzar y a despertar a mi viejo”.

“Ella me dio todo, me puso la estrellita en la frente. Me motivaba para bailar, cantar, recitar, declamar, soñar con ser grande y famoso. Estaba siempre en la tribuna haciendo barra y sacándome fotos cuando jugaba al fútbol en cuyo deporte soy tan bueno que los no me conocen se sorprenderían al verme jugar. Si yo corría cien metros planos en el colegio, ella era capaz de correr conmigo para darme un abrazo en la meta. Era madre hasta de mis amigos, porque todos nos subíamos, la mancha y yo a su escarabajo para ir a cualquier lado a divertirnos. Hablaba lisuras para apurarnos (carajo, carajo), pero aquel rigor es hoy un recuerdo bellísimo. Ay, Chabela”.

Su otro gran amor
Esta feliz “Machín” al recordar a su madre y se enternece al hablar de su hijo autista. “Sabemos que Lorenzo es una bendición para nuestra familia. Mi hijo mayor Gianfranco y mi esposa lo sentimos asÑ Es un gran niño con habilidades diferentes. Es el cetro de la familia que nos hace ver al mundo de una manera distinta. Me ha hecho madurar y hacerme fuerte”, dice.

—¿Cómo es ahora Carlos Alcántara después de haber sido uno de los bravos palomillas de Mirones?

—Ahora soy indestructible. Me he vuelto muy fuerte, digamos que me he fortalecido. Mi familia me ha ayudado en esto. No soy fuerte físicamente como podrá notarse; pero sí anímicamente. Me ha tocado seguir los pasos de mi madre. Luchar, luchar, luchar. A mí no me ha caído nada del cielo.

Es rara su trayectoria. Dice que es actor, porque quizá esta profesión exige muchos requisitos que “Machín” los cumple. Carlos Alcántara sabe un poco de todo. De niño, después de jugar al fútbol se encerraba en su cuarto a bailar ballet y lo hacía encerrado para evitar que los llamen “mariquita”. Canta bien, toca el saxo y el cajón, y gracias, ya sabemos a quien, sabe tejer, lavar, planchar, cocinar, arreglar las tuberías, todo, incluso teñir el pelo y hacer la permanente.

“Cuando Chabela se arreglaba para ir al trabajo yo la observaba y de tanto observarla aprendí sus secretos en el maquillaje. Ahora les arreglo el cabello a mi esposa y mis hijos y creo algún día debo poner mi salón o algo asÑ Creo que la observación es uno de mis grandes méritos. Recuerdo que de niño veía a un gasfitero o un electricista hacer su trabajo, me acercaba para observar horas de horas y al fin sin pensarlo terminaba ayudándolo. Podía ver sin cansarme a un albañil armar una pared ladrillo por ladrillo”.

Sueños

Uno de sus sueños de niño era convertirse en zoólogo y practicaba esa especialidad coleccionando arañas e insectos en pomos gigantes, mientras descuidaba sus tareas de su colegio parroquial primario “Santísima Trinidad”. Sin embargo, su ilusión más fuerte de niño era convertirse en un artista famoso, con plata y con chicas bellas.

Chabela, a su vez, quería ver a su segundo hijo trabajando de ingeniero industrial, porque el esposo de una amiga suya que ostentaba esa profesión podía comprarse sin problemas un Mercedes Benz del año, por ejemplo. Pero al jovencito Alcántara le rebotaban las clases de matemáticas, de física, química.

“Salí del colegio y postulé a varias universidades a ingeniería industrial. No ingresé a esa carrera. Entré a sociología y al poco tiempo me cambié a Administración, porque mis amigos estaban ahÑ Definitivamente nada de eso era lo mío, sino actuar; pero no tenía aún la oportunidad de mostrarme. Fue duro el hacer actor. Empecé como extra en los programas de televisión por largo tiempo y no veía clara mi carrera como actor hasta que cierto día ingresé a un taller de claun y las cosas empezaron a mejorar en todo sentido y yo crecí mucho como persona y poco a poco fui avanzado. Ahora soy feliz trabajando en lo que me gusta, y estoy muy agradecido de no haber caído en los brazos del mal. Estuve cerca. Ahora siento que estoy cumpliendo mis sueños infantiles de ser un artista famoso, con plata y chicas bellas”, dice y ríe.

El consenso es claro. El palomilla clasemediero y bacán de Mirones seguirá conquistado todo el público que quiera no sólo contando, como la cuenta, la historia maravillosa de Chabela. Su vida es una como anécdota larga y vital. Ya lo veremos pronto seguro contándonos como el palomilla mataba gatos de día y soñaba por las noches que le mordían lo perros. Es un mate de risa.

Asu mare
Carlos Alcántara hará mañana una presentación especial por el día de la madre en el Schatmo de Miraflores. Estuvo de gira por Arequipa y Trujillo. “No fue un lleno total, porque estamos empezando; pero confío en que me vaya mejor. En Lima, en cambio, siempre he hecho llenos totales”.

—¿Qué es el público para usted?

—Yo me debo a mi público. Te cuento que en Trujillo, por ejemplo, estuve en cama muy enfermo; pero tuve que hacer de tripacorazón y hacer mi espectáculo que, curiosamente, salió mejor que cuando estoy sano (ríe).


Paco Moreno
Redacción


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