El hombre que nos acercó a la radio

El periodista Miguel Humberto Aguirre demuestra que no todos los chilenos tienen esa concepción idiota de que nuestros países (Perú y Chile) siempre deben mirarse con odio. Don Miguel es uno de los hombres que supo colocar a Radio Programas del Perú en el lugar de privilegio donde se encuentra ahora. Es el periodista top, de la voz pausada, sosegada y tranquila, de la radio, que nunca se detiene. La innovación es su marca. Dicen que nunca, nunca, ha fumado; pero es un cafetero fanático. Don Miguel confiesa que hace unos años disfrutó en un solo día 41 tazas de café.

| 26 diciembre 2008 12:12 AM | Gente como uno | 3.9k Lecturas
El hombre que nos acercó a la radio

Más datos

(1) Su taza de café con inscripciones del equipo de sus amores es su compañera.

(2) Siempre señala el camino de la innovación en diversos campos de la radiodifusión.
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Los fotógrafos, generalmente cuando están con sus cámaras, creen que lo pueden conseguir todo. La mayoría de las veces lo logran, claro. Esta mañana sumamente calurosa, la fotógrafa que me acompaña ha convencido al periodista chileno Miguel Humberto Aguirre a dejar su ventilada y cómoda oficina en el cuarto piso de Radio Programas del Perú para posar en el puente Aramburú con el fondo de la antena del logo de RPP, emisora que gracias a él y un gran equipo se ubica hoy en un lugar privilegiado en el menú de medios de comunicación del país.

Miguel Humberto entonces posa y obedece una y otra vez a la fotógrafa. Está bien, está bien, dice ante los mandatos de la mujer de la cámara que no se cansa de hacer clic, clic, clic. De pronto, en plena sesión de fotos, llega al puente un negro pícaro y lanza unos gritos: “Empujen al chileno, empujen al chileno,…” y tras ese grito el negro estalla en una carcajada blanquísima. Miguel Humberto también ríe y festeja la gracia de su amigo Nicolás que se divierte, digo, que trabaja en la radio con él. Luego Nicolás se pone serio y se despide: “Hasta luego, don Miguel”, pero se acerca a mí y me aconseja en voz baja: “cuídate de ese chileno” y de nuevo revienta en una carcajada y termina de cruzar la Vía Expresa. Miguel Humberto se ha motivado por esa escena y posa y sigue posando hasta que la fotógrafa dice: listo, la tengo.

Don Miguel es un buen chileno. Ama al Perú tanto como ama a su patria. Los chilenos que odian al Perú y los peruanos que odian a Chile deberían aprender de él. Don Miguel es un ejemplo de que se puede formar una alianza de amistad entre estos países, tan iguales en varios sentidos. Pero están ahí los que no quieren respetar las normas y las leyes, los que amenazan con sus armas, con sus lenguas largas y sus malas intenciones; pero éste ya es tema para otras páginas. Entonces sigamos con nuestro personaje.

Cafetero y de la U

–No existe periodista ordenado– se disculpa. Su oficina ha quedado chica, ya deberían darle otra más amplia. Ya que no hay sitio para más libros y los estantes sufren el peso excesivo de los textos de todos los colores y todos los tamaños.

–¿Qué libro lee ahora, don Miguel?
–Acabo terminar la segunda edición de Cambio de Palabras de César Hildebrandt.

–Ajá.
–Buena lectura, una lección de periodismo.

Sobre su escritorio hay revistas, recortes de textos valiosos, anotaciones de horarios y fechas, unos libros, otros libros más, lápices y lapiceros, un calendario, anotaciones olvidadas y entre todas estas cosas de tinta y hojas resalta una enorme taza de café, que sirve de guarida de algunos sorbos olvidados. Me quedó mirando la taza y él ya sabe que le haré esta pregunta.

–¿Es verdad que usted ha llegado a tomar en un solo día 40 tazas de café?
–En realidad yo no las conté; pero las personas que estuvieron conmigo ese día sumaron 41 tazas.

–Es extraño que alguien que nunca ha fumado un solo cigarrillo en su vida pueda tomar tanto café.
–Así pasan las cosas. Yo nunca he fumado nada, es verdad, pero soy fanático del café, tanto como soy fanático del periodismo. Me gusta ese café maravilloso de Chanchamayo, único en el país y quizá en el mundo. Hay un misterio hermoso en el café que quizá da para una entrevista.

–Seguro, ¿y esta letra?– le pregunto mostrándole la taza en la cual hay varias inscripciones con la última vocal.
–Es la U.

–De la U. Católica.
–También, pero esta U es de Universitario de Deportes– dice y me muestra orgulloso su carné de socio del Club Universitario de Deportes número: 005503A. “Sólo el que aporta al club tiene derecho a reclamar que cambie, a reclamar que mejore”, dice y se ríe, y a mí que me gusta tanto el fútbol le cambio de tema.

El Neruda que conocí
Me acerco a un estante donde reposan sus textos y encuentro ese libro-homenaje al poeta Carlos Oquendo de Amat y me distraigo buscando aquella autobiografía que este poeta puneño escribió en “5 metros de poemas”. Lo encuentro. Leo en voz alta este texto que es brevísimo, casi una frase; mientras la fotógrafa lo hace posar con carné, lo hace posar con su taza gigantesca de la U, lo hace posar con la fotografía de uno de sus dos nietos: Marcelo. Vuelvo a leer aquella biografía de Amat: “Tengo 19 años y una mujer parecida a un canto”.

–Creo que el gran poeta Oquendo de Amat fue uno de los poetas peruanos más grandes y menos reconocido– dice. Le doy la razón y le pido que me hable sobre su paisano Pablo Neruda, el comunista cara de tortuga.
–Fue muy amigo mío. Trabajamos juntos en un programa de Radio Magallanes de Chile. Hacíamos cosas realmente buenas, aquellos tiempos ah, aquellos tiempos. Fue un tipo simpatiquísimo, como todos los grandes poetas.

Un silencio se prolonga en la oficina. Don Miguel medita, recuerda. Pienso que vuelve al pasado, a ese Chile glorioso que luchaba por un socialismo distinto, un socialismo mediante el voto, un socialismo… Me distrae mucho su cabello cano. Este chileno no tiene ningún pelo negro. Pienso que recuerda a sus amigos de esas épocas: Violeta Parra, Víctor Jara, Salvador Allende, el primer presidente marxista en el mundo que accedió democráticamente al poder.

–¿Dónde estuvo usted el día del golpe al presidente Allende (11 de septiembre de 1973)?
–Yo era el subdirector del diario La Nación, el medio oficial del gobierno de Allende de ese entonces, y antes del golpe tuve que viajar a Europa por unos asuntos. Fue terrible ese tiempo, eran tiempos duros y convulsos. Desaparecieron 11 amigos míos del diario ese día.

–Los mataron los esbirros de Pinochet– digo. Otra vez vuelve el silencio en busca de espacio. Lo miro, me mira.
–Los desaparecieron– dice y me clava sus ojos.

Después del golpe, don Miguel se quedó un tiempo breve en Europa y luego le dieron ganas de retornar. En este tiempo se enteraba de su país sólo por las noticias.

Iba para Chile
–Yo me quedé como exiliado por allá (Europa). Pasó el tiempo y pensé que era hora de volver a mi país y llegué aquí, al Perú, con esa intención, y no podía entrar a Chile de mis amores, y me fui quedando y quedando y ahora ya tengo más de 35 años en este país al cual estoy muy agradecido, por todas las cosas que me ha dado.

Fue de esta manera que don Miguel, y gracias a la confianza de los empresarios emprendedores Manuel Delgado Parker y Gregorio Tello, pudo ayudar a construir la gran radio que es RPP. Pudo innovar, pues antes del experimento de la radio que lanzara noticias del día minuto a minuto, la emisora era sólo transmisora de radionovelas y la voz de la letra impresa de los diarios.

–Antes de 1980, ya se hacía radionoticias en algunos países; pero aquí era novedoso. Hacia 1981, emprendemos esa locura. Gustó mucho a la gente y hasta ahora no paramos. Siempre he tenido la suerte de trabajar con un gran equipo de gente. Las locuras en periodismo no se pueden hacer solo. Se necesita amistad, compañerismo, profesionalismo, y, claro, empresarios que confíen en ti.

Así, don Miguel se ha convertido en uno de los pilares de RRP. Tanto que si esta emisora le pagara bien aún le seguiría debiendo.

–Muy significativo que a un periodista chileno le otorguen un premio Jorge Basadre en Tacna, ¿no?
–Son formas de buscar la amistad entre estos dos países. En el 2006, la presidenta de mi país le entregó el Premio Pablo Neruda al poeta Carlos Germán Belli.

–¿Son puente que deben seguir alimentándose?
–Claro– dice don Miguel con esa voz pausada, sosegada y tranquila que hace que millones de oyentes sientan que en realidad, la radio, está más cerca de ellos.

Paco Moreno
Redacción


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