El compromiso de Mónica

Miranda inicia la conversación. Muestra su libro y cuenta que el león está enojado; que el tiburón de dientes grandes, también; que algo le pasa al oso gordo grandote; que el dragón da miedo… Cuando Miranda habla pareciese que cantara; ríe, vuelve a hablar y de pronto grita. Tiene casi tres añitos. Sigue contándonos sus cuentos, que le asustó el caballo, que vio una vaca y un cerdito negrito y Mónica Sánchez, con esa sonrisa que todos le conocemos, le dice: Miranda, hijita, me viene a entrevistar a mÑ

| 23 enero 2009 12:01 AM | Gente como uno | 7.1k Lecturas
El compromiso de Mónica
Sigue en lo suyo. Cada vez le da más lustre a su carrera sin olvidarse nunca de ayudar a los demás.

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Al fondo hay sitio

Mónica Sánchez y un gran elenco de destacados actores nacionales preparan la serie de televisión “Al fondo hay sitio”, una comedia dirigida por Efraín Aguilar. Saldrá pronto por canal 4. “Siempre hice drama. Hacer esta serie, que es una comedia, me parece un reto grande. Estamos trabajando en ello y nos va saliendo muy bien”.
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Miranda se ríe y sigue hablando-cantando, y de pronto recuerda que se acerca el cumpleaños de Gonzalo, un buen mozo, amiguito suyo, que afuera en el parque, frente a este departamento, se pavonea abordo de su coche de cuatro ruedas. “Anda a jugar con Gonzalo, Miranda”. “Síiiiiiii” y se va con Bety, su nana.

–Esta niña es una bala. Todo el día es asÑ Es muy linda. Me ha pasado una cosa muy curiosa con ella. Cuando estaba embarazada, siempre la soñaba con su rostro pegado aquí, en mi cara, y nunca podía ver con claridad su carita. Es curioso, porque ahora Miranda en cualquier momento acerca sus pequeños labios a mis pestañas, y me recuerda a mis sueños de embarazada. Ahora vamos a la entrevista– dice Mónica Sánchez.

–¿A quién ha salido Miranda?

–Es igualita a su papá Fabián. Tiene su mismo genio y figura.

–Fabián no es padre de tu primera hija, ¿verdad?

–El papá de Mariel es Mario Sifuentes, con quien me llevo muy bien. Mariel también se parece a papá. Lee mucho y escribe muy bien. A sus doce añitos está leyendo Metamorfosis de Kafka.

¿Tímida?
Aunque locuaz, la niña Mónica Sánchez era tímida. Buscaba compañía en “Meteoro”, “El Chavo del 8”, “Los Picapiedras”. Cuando iba a las fiestas infantiles, se escondía en las faldas de doña Alicia, su madre, y se sonrojaba cuando los grandes hablaban mucho de ella. Mas el tiempo pasó a su favor y la timidez que ahora la adorna ya no es un problema.

–Tampoco era muy tímida que digamos, ah.

Es verdad. Cuando, a los 10 años de edad, entró en los talleres de verano para niños y adolescentes de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica, la timidez se había ido de viaje. En ese taller, Mónica empezó a destacar porque se había encontrado con su vocación. Mientras tanto, en casa, la pequeña Mónica asimilaba las conversaciones de don Fernando, de doña Alicia y sus seis hermanos mayores. La política, el arte, la cultura, la justicia, la solidaridad, eran temas que cruzaban sobre la mesa y que ella los cogía con seriedad.

—No te imaginas las cosas bellas que mi familia me ha enseñado. Mis hermanos, todos luchadores. Mi madre, la más consecuente de la mesa. Mi padre, que en paz descanse, fue el conciliador, el analítico.

A la izquierda
Así, por las causas justas, a los 12 ó 13 años de edad, Mónica Sánchez empezó a “militar” en el Comité Vecinal de Izquierda Unidad en San Borja. Toda una luchadora, salía por las noches junto al subcomité de propaganda a hacer pegatinas porque las elecciones se acercaban; y en las elecciones era una de las encargadas de llevar alimentos a los personeros que desde las primeras horas del día cuidaban los votos de la izquierda.

–Eran tiempos bellos. La izquierda era una gran fuerza a nivel nacional. Yo a esa edad ya estaba comprometida con mi país. Creo que desde ahí me viene eso de no quedarme callada cuando algo malo está pasando.

–Mucha gente quiso que fueses candidata al Congreso.

–Sí, pero a mí me interesa la política en tanto me importa lo que pasa con mi país; pero no es mi vocación hacer una carrera política. Creo que el país necesita que desde donde estemos y haciendo lo que sabemos hacer tengamos una mirada atenta y comprometida respecto a lo que pasa en nuestro entorno.

Cuando era ya una actriz reconocida, Mónica Sánchez participó en la lucha por la democracia y con otros artistas luchó contra la dictadura fujimontesinista que había convertido el país en una chacra. “Eso de lavar la bandera en la Plaza de Armas fue una idea genial. Fue un grupo de artistas plásticos los que nos convocaron a Vanessa Robbiano y a mÑ Mucha gente apoyó. Recuerdo que mi mamá Alicia, que ahora tiene 84 años de edad, nunca faltó un viernes para lavar la bandera en la plaza. Fue muy hermoso. Luego fue replicado en 20 ciudades de todo el país. Cosas así podemos hacer las personas públicas para ayudar a que las cosas mejoren. Somos un puente para transmitir lo que la gente piensa”, dice.

Consecuente
–¿A qué se dedica ahora, aparte del trabajo?

–Sin descuidar a mi familia, por ahora estudio couching ontológico. La naturaleza humana me parece fascinante. Creo que tiene un gran potencial y me interesa explorar todas las posibilidades de acción que tenemos los seres humanos. He leído un libro muy interesante sobre este tema: “Ontología de Lenguaje”, de Carlos Echeverría.

Libros, música, poesía, valores, buenos amigos, gran familia, sensibilidad, emoción social, muchas cosas han hecho de esta actriz un referente de cómo debe actuar una artista ante su gente, ante su país. “Estoy ahora en un proceso de reaprender nuevas maneras de usar el lenguaje, mis pensamientos y emociones. Creo que siempre podemos crecer como seres humanos”.

–Hay que ser consecuentes.

–Sí, doña Alicia, nos enseñó eso. Todo se aprende en la familia. Ah, te cuento que, después de que cayó la dictadura, me ofrecieron un contrato anual en el canal cuatro para participar en una telenovela. Yo, creyendo que las cosas habían cambiado en ese canal, que era financiado por la mafia, firmé el contrato. Pero tuve que dejar ese contrato anual cuando Nicolás Lúcar quiso difamar al entonces presidente de la República Valentín Paniagua…

La Perricholi
Aquella jovencita veinteañera, recién egresada de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica, ascendió rápidamente la dura cuesta de convertirse en una actriz destacada. Actuó en “La Ronda”, una obra de unos jóvenes directores. Luego trabajó en “Eclipse Total” de Roberto Ángeles, con Diego Bertie y con José Enrique Mavila. Fue en esa época que salió un casting. Buscaban a La Perricholi.

–Era 1992 y yo tenía 22 años. Yo, que era actriz de teatro y que decía que nunca iba a contaminarme en la TV de ese entonces, fui al casting. Curiosamente, cosa que no se estila, Michael Gómez me entregó todo el guión de la serie y me dijo: hay escenas fuertes, evalúalas y si te decides, empezamos a trabajar. Acepté el papel de la serie, entre otras cosas, porque el virrey Amat (Alfonso Santistevan), era mi profesor.

Luego llegó lo que se esperaba: éxito y fama. Mónica se convirtió en Gloria de “Los de arriba y los abajo”; en María, la pescadora en “La Carnada”; en Pochita, esposa de don Panta, en “Pantaleón y las Visitadoras”. Llegó “Nino”, “María Emilia”, “Eva del edén”, “Sally, la muñequita del pueblo”: Cine, teatro y televisión.

–Cierto día, cuando estaba haciendo Bodas de Sangre, con Diego Bertie, salté al escenario y entré en pánico. Me quedé sin habla. No me salía nada, nada. Tenía un parlamento como de 12 minutos y sólo pude estar 12 segundos en el escenario. Diego se dio cuenta e hizo una maña y me sacó de ahÑ Supongo que el público se dio cuenta. Después tenía miedo cada vez que debía hacer ese papel– cuenta.

Siempre Miranda
Actriz y modelo, Mónica Sánchez quiere seguir actuando incluso cuando esté ancianita. “Actuar es prestarle tus emociones, tu estómago y tu corazón a una lógica que no es la tuya sino del personaje”. Por ahora, además del trabajo, colabora con niños trabajadores que están luchando, por ejemplo, para terminar con el castigo físico y humillante; también le da vueltas en la cabeza ayudar a las mujeres presas y alfabetizar. “Pienso que la educación es la clave de la liberación”, dice.

Miranda está fuera y hay que recogerla. “Vamos y aprovechemos para hacer las fotos”, aconseja. Perfecto.

Paco Moreno

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