Como Delfín en el agua

Ese escultor que va a las marchas de protesta para gritar contra las injusticias ha cumplido, hace poco, 82 años de edad, pero pareciera ser un joven de veintitantos planificando la conquista del mundo desde su fortín en un acantilado de Barranco.

Por Diario La Primera | 06 febrero 2009 |  1.7k 
Como Delfín en el agua 1709  

—Buenos días, señora.

—Buenos días, joven.

—¿Con don Víctor, por favor?

—Cruce el patio; luego, el jardín y baje por donde indica el pico de la paloma. (La señora sonríe).

La paloma es una escultura enorme cuyo pico apunta al mar. Casi al pie de esta paloma, hay una escalera que te lleva a la casa-taller de Víctor Delfín y uno dentro de esta casa se siente tan solo. Desde aquí, puede verse el cuerpo exuberante del mar, las playas de Barranco y Miraflores, y saber a qué hora se ha acostado el sol anoche. Parece un mirador enorme esta casa, como un parque de diversiones, un zoológico: árboles y flores de todo tipo y de todos los tamaños, plantas que se enredan en los muros, escaleras de cemento que conducen a patios, que conducen a una piscina. Hay esculturas por todos lados como si estuvieran en venta: animales enormes de madera, de fierro, bestias. Hay erotismo, fuerza, agresividad.

—Buenos días, don Víctor.

—Hola. Pensé que ya no llegabas.

—Madrugar no es mi fuerte, por ahora, don Víctor.

—Yo me levanto muy temprano, a las cinco o las seis.

—¿Por qué tanto esfuerzo?

—Es que todo debe quedar limpio y ordenado. Yo no podría trabajar en medio del desorden.

Delfín, el obrero
Hacia 1945, el joven piurano Víctor Delfín ya estudia en la Escuela de Bellas Artes y está dispuesto a conquistar Lima. Aunque es becado, el dinero le falta, pero no importa, porque sabe que papá Ruperto y mamá Santos le han enseñado el valor del trabajo. “Eran tiempos duros. Me juntaba con otros becarios provincianos que la pasaban tan mal como yo. Recuerdo que hubo fechas en que tuve que huir sin pagar de los cuartos que alquilaba”, dice. “Pero esa era la forma de vivir, de salir de la adversidad, de conseguir en Lima lo que soñaste en tu tierra. Con esperanza, con fe”.

—En ese tiempo tuve que trabajar como obrero de construcción civil, por eso le tengo tanto cariño a esas personas. Me convertí en el joven engreído de ellos —dice Delfín. “Yo soy muy amigo de todos los obreros, porque son mi gente”, dice. Años después, su cariño por los obreros lo plasmó en un cuadro; el cual, en 1959, recibió el primer premio en el concurso municipal de pintura Ignacio Merino. Buen dinero y feliz momento, el premio sería luego el camino a la fama y al prestigio.

El último de siete
Delfín es el último de siete hermanos de una familia norteña muy formal. Desde niño se dio cuenta que era dotado para el dibujo. “Uno de mis hermanos fue sordomudo. Descubrí que mis otros hermanos no querían conversar con él (Ruperto) y eso para mí fue una ventaja, porque yo me la pasaba con él todo el tiempo, jugando con las señas y comunicándome con él gracias a los dibujos. Vaya qué dibujos. Conversar con él de esa manera fue una forma de aprender y practicar lo que me iba servir toda la vida”.

Su madre Santos fue un ama de casa muy querendona y su padre Ruperto fue un aprista, de aquellos hombres valerosos que lucharon a inicios del siglo pasado por la justicia y la solidaridad. “Yo he visto a mi padre trompearse por defender sus ideas”, dice. “Quizá yo he sacado algo de él. Quizá tengo ese carácter duro porque él era así, y quizá también la rebeldía mía se la debo a él. Fue un hombre que podía crear historias al momento que la estaba contando, festivo, alegre. Fue un gran conversador. Un hombre a quien daba gusto llamar padre”, dice.

¿Por qué callarnos?
Melena revuelta, mirada clara, voz fuerte, Delfín se ha identificado como el escultor que encabeza las protestas contra las injusticias, contra las tiranías. Lo vimos organizando al movimiento de resistencia contra la dictadura fujimontesinista en 1997; lo vimos en la Marcha de Los Cuatro Suyos enfrentando a mano alzada la represión del ex dictador; lo vimos ahí herido por una vil bomba lacrimógena que le cayó cerca del ojo; hace poco, lo vimos en las movidas solidarias por la injusta encarcelación de seis bolivarianos.

—Sus detractores dicen que usted quiere ganar cámara con sus apariciones.

—Es que ellos no me conocen. Yo salgo a las calles, porque hay que decir lo que sentimos. Uno no tiene por qué callarse, callarse es participar como borreguito de algo que está mal. Me jode que se burlen de los damnificados por el terrorismo, que maltraten a los deudos de las víctimas de La Cantuta y por eso salgo a la calle a expresarme.

—Lo obliga la circunstancia.

—Vivimos en un país muy conflictivo, si viviera en Suiza o en Suecia, donde las cosas están más o menos arregladas, sería ridículo hacer una cosa asÑ

Yo mismo soy
La exuberancia es un adjetivo que le cae a pelo a Delfín. A él le gustan las cosas que impacten, que cautiven, le gustan las cosas grandiosas que se vean de lejos, desde el mar hasta su casa, por ejemplo. Él no se esconde y está ahí al frente, con su pincel, su voz o su puño en alto. No se hace el humilde y se muestra tal cual es. Está quizá ahí la explicación de sus trabajos monumentales. El mural en el frontis del Canal 2 en defensa de la libertad de expresión en el 2007; la escultura El Beso en el Parque del Amor en Miraflores, en 1992; El Bestiario, una colección de animales medio raros y en todas las poses y formas que cautivó Lima y el mundo. “Soy un individuo muy exuberante, por mi manera de ser, de pintar, de hablar, de expresarme, me encantan las flores (puede parecer una mariconada) pero es así, me encantan las plantas y las cosas inmensamente bellas. Me gusta el orden, la limpieza”.

“Yo salgo a la calle y si veo papeles tirados, yo los recojo con mis propias manos. Los echo a la basura. Yo he sembrado los árboles en mi calle. Los vecinos me aplaudían cuando los sembraba, pero no me ayudaban. No me quejo, porque cada uno tiene su forma de vida. A mí me gustaría vivir como viven los millonarios en varios países del mundo, en un lugar amplio, limpio y ordenado, rodeado de árboles, de belleza”, dice.

Conciliador
Hombre de pocos enemigos, Delfín ha sabido cultivar amistades de todo tipo. Un hombre conciliador, amigo del ex presidente Alejandro Toledo, con quien esbozó lo que sería el futuro Ministerio de Cultura, y cercano al presidente Alan García, con quien tiene algunos proyectos que darán pronto buenas noticias. “Mi amistad con Toledo o con García no significa que yo pierda mi libertad y deje de pensar. Yo soy libre, libertario, rebelde. Mis actos, creo, que pueden decir algo de eso. Yo me siento a conversar y hacer proyectos para mi país”.

—He tenido suerte en la vida. Tuve grandes padres, hermanos buenos, y en mi trabajo siempre me ha ido bien. Tengo mercado en Nueva York, en Europa. Yo he vivido como rico muchas veces, pero nunca me he olvidado de mi gente. Uno tiene compromiso con su tierra, me siento identificado con ella, por eso hago mis exposiciones en la calle. En Villa El Salvador hice una; ahora tengo una exposición en los pasajes Los Escribanos y Santa Rosa del Centro de Lima. Yo no creo en eso de que el arte debe quedar en el salón.

Delfín es un escultor muy ocupado. La conversación debe terminar. Lo han venido a buscar unos amigos artistas, entre ellos Herbert Rodríguez, ese destacado hombre de los colores que ha cubierto con su obra algunos muros del jirón Quilca. Delfín dice que deben realizar algunas coordinaciones para ayudar a unos estudiantes suizos que han llegado a Lima y les falta algunas cosas. “Ayudar para mí no es otra cosa que el pago por toda la ayuda que yo he recibido”, dice.

Los caminos de la vida
Víctor Delfín nace en Lobitos (Piura) el 20 de diciembre de 1927. Llega a Lima en 1943 con las “locas ilusiones” de triunfar y ser famoso. Lo logra con esfuerzo y dedicación exclusiva y excluyente al arte. En 1959, gana el prestigioso premio de pintura Ignacio Merino con el cuadro “Homenaje al Obrero de Construcción Civil”. Desde entonces la fama lo persigue aunque intente esconderse, como Delfín en el agua, en su fortín de Barranco.

Paco Moreno

Referencia
Propia



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