Artista todo terreno

Jesús Ruiz Durand es un hombre múltiple. Es científico, filósofo, políglota, artista plástico con pincel y con computadoras de última generación; toca instrumentos e incluso es cinturón negro en karate. “Duermo poco y soy perfeccionista”, dice.

| 10 setiembre 2010 12:09 AM | Gente como uno | 6.6k Lecturas
Artista todo terreno

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Hace 20 años y sin fallar conduce un programa (“Lo mejor del jazz”) todos los lunes y jueves a las 11 de la noche, en radio Filarmonía. Ah, también es hombre de prensa. Trabajó en El Comercio, La Crónica, La Prensa, Oiga, El Diario, también en el NY Times.
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Es posible que jóvenes que no hayan oído hablar del artista plástico Jesús Ruiz Durand. Lo que pasa es que lo conocen más en el extranjero que aquÑ Es un hombre extraño que ha decidido por voluntad propia alejarse un poco de todo y dedicarse de lleno a sus cosas. Es trabajador a tiempo completo, preocupado por sacar adelante demasiados proyectos, tantos que para concluirlos necesitaría unos 500 años de vida.

Es verdad eso de que el que mucho abarca poco aprieta; pero Ruiz Durand, a puro trabajo, está dejando mal parada aquella sentencia. Hace tantas cosas juntas y tan bien que a veces uno llega a creer que no lo hace solo. Pero lo cierto es que se da tiempo para todo desde siempre, desde cuando niños, salían a pintar acuarelas con su primo Ciro Guerra, otro pintor huancavelicano.

Cuando tenía 20 años de edad enseñaba matemáticas en el colegio militar Leoncio Prado en una plaza que había ganado en un concurso de profesores; estudiaba doctorado en educación en la Universidad Católica; enseña estética y diseño en la antigua Facultad de Letras, también de La Católica; aprendía los misterios del dibujo y la pintura en la Escuela de Bellas Artes; tocaba el contrabajo en el famoso Negro Negro.

“Pero colapsé a los 23 años. Me dio una terrible úlcera. Me internaron dos meses y pude leer todos los libros del canon occidental, esos imprescindibles, aquellos que mucha gente sólo los conoce por el título sin haberlos siquiera hojeado; desde Homero, Dante, Cervantes, Tolstoi, Lautreamont, Cernuda, Rilke, hasta Arguedas, Gadamer y Guamán Poma. Me llevaron de emergencia, pero ni bien me sentí mejor seguí para adelante”, recuerda.

Así es él y así se ha convertido en artista plástico reconocido, especialista en multimedia digital, profesor universitario en áreas de comunicación, curador de artes plásticas y populares y hasta músico. Fue uno de los entusiastas creadores de ese disco casi desaparecido ‘Arguedas, canto y herencia’, en el que puede oírse la voz del autor de “Los ríos profundos”.

“Volveremos a editarlo para celebrar los cien años del nacimiento de José María Arguedas el próximo año; José María era un tipo muy cálido, muchas veces jugábamos a los insultos en quechua, juego que exige mucha picardía, humor e imaginación”, dice. “Creo que el tiempo que tiene uno asignado es lo único que verdaderamente se tiene. Yo lo necesito y trato de no desperdiciarlo en lo que considero prescindible, las falsas amistades, la televisión y la gente impresentable, los corruptos y payasos”.

Trabajó para comisión de Bellas Artes con decreto supremo de por medio en el 2009, pero “sólo aguanté dos meses y hasta ahora no me terminan de pagar porque ‘no hay presupuesto’; una comisión con decreto supremo desfinanciada ¡qué raro!”, dice

El apego a sus convicciones lo empujó a alejarse de mucha gente. Ni siquiera ve televisión. “Es un festival de corruptos, morbosos, chismosos, vulgares y cínicos. Un campeonato sin freno por conseguir los puntos del RATING con los peores paradigmas del antivalor; sin duda existen algunos poquísimos programas y esfuerzos rescatables pero sumidos en un océano putrefacto” añade.

A México
“No pierdo el tiempo. Estoy en mis cosas. Te cuento que un afiche de Túpac Amaru que hice en la década del 60 ha sido elegido como imagen de un simposio internacional sobre estética y emancipación de las post colonias. Es un mega-evento organizado por la Universidad Nacional de México (la famosa UNAM), la Universidad de California y el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. Acudirán más de 20 académicos y artistas internacionales que desde su propia especialización en el tema discutirán una revisión de la condición colonial, las posibilidades de una crítica de la emancipación y de la violencia. Estarán presentes las mentes más críticas y referenciales de la estética contemporánea y de los estudios culturales relacionados al tema, claro, estará el infaltable Nestor García Canclini, entre muchos otros. Esto empieza el 27 de octubre.”

Hasta aquí apenas llega el ruido de la calle. El piso 15 es buen lugar para encerrase a pintar y jugar con imágenes. Linda vista de día y de noche, En los muros de su sala, grandes aristas exponen sus trabajos. Camilo Blas, Szyszlo, Apurímac. Un gran cuadro pintado al alimón con Víctor Humareda. Varios cuadros cinéticos del propio Jesús.

La Cantuta y Bellas Artes
Ruiz Durand era ese tipo de niños lectores y sensibles, sabelotodos, que querían conocerlo absolutamente todo, de curiosidad inagotable, interés por todo. Fue monaguillo que contestaba en latín las misas en la hermosa catedral barroca de Huancavelica con cuadros de Zurbarán y órgano del Siglo XVII incluídos. Nadador incansable en las piscinas termales, empleado infantil de un cine cuyo trabajo era revisar las películas y que llegó a hacer un filme propio con los recortes de tantas películas; fue niño ayudante de fotógrafo de estudio de esas máquinas antiquísimas; fue carpintero que más parecía un escultor fino; bordador y aprendiz de una famosa talabartería huancavelicana.

Cuando concluía la secundaría en un colegio de Huancavelica unos señores de la Universidad La Cantuta llegaron para ofrecer becas a los mejores estudiantes de la ciudad. Ruiz ganó una de las siete becas. Así tuvo la oportunidad de estudiar en la época gloriosa de Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta) con profesores como José María Arguedas, Washington Delgado, Emilio Romero, Javier Sologuren y tantos otros. El rector era nada menos que el filósofo y educador Walter Peñaloza.

“Era un paraíso académico La Cantuta. Como los profesores vivían en la ciudad universitaria y los becados también entonces por la noche podíamos charlar con ellos y eso para mí era una maravilla. Conocí a poetas, novelistas, actores, músicos, bailarines. Yo estudiaba para enseñar física y matemática y tres de mis profesores eran discípulos Albert Einstein. Todos nuestros libros estaban en inglés o francés y por suerte soy muy hábil para los idiomas. Yo he accedido al nivel de programar computadores con ceros y unos, a acceder al leguaje de la máquina. El apogeo de La Cantuta en la década del 50 solo duró unos siete años. Era tanta la presencia de este universidad a nivel académico en el país que los burócratas mediocres del Ministerio de Educación de entonces malograron todo. Intervinieron. Protestamos, marchamos, pero ahí quedó”, dice.

“Cuando estudié en Bellas Artes también tuve mucha suerte porque mis profesores eran connotadísimos y la escuela era un punto de encuentro para todo el que quería pasarla bien. Tuvimos uno de los primeros cine-club de Lima. Era hermosa aquella época y es una pena que Bellas Artes esté como está ahora con gente que lo único que quiere es sacar provecho, es una olla de grillos”, por la ventana ingresa un viento fresco. “Son muy frescos, sinvergüenzas, los que le están haciendo daño a Bellas Artes”, dice.

El ministerio
“Conozco al ministro de Cultura Juan Ossio. Hice las carátulas de algunos de sus libros. Es un intelectual simpático, afable, serio y agudo, aunque no comparta con sus enfoques. Lo que me preocupa es que García haya creada un ministerio poco antes de irse. Sabemos que carece de presupuesto; sin embargo, esperemos que se haga realidad eso de que el canon minero vaya a la cultura. Sería maravilloso, pero creo que el canon minero es otro mito o ya se lo han comido”, dice y me mira fijamente. Debemos terminar.

Tenemos una izquierda diluida

—¿Se considera un hombre de izquierda?
— En el fondo sí aunque no sé qué es eso ahora. En la década de los sesenta sí era más fácil orientarse, las estaban más definidas, en cambio, ahora la izquierda está como diluida en sus contradicciones. Los líderes han abandonado su perspectiva y no han sabido reciclar su estrategia en un mar de tiburones depredadores.

—Se habla ahora de la izquierda moderna.
—Sí, pues. Hay una cosa elemental. Yo jamás voy a estar al lado de los corruptos y de la mentira. De esta fiesta de la derechización y estupidización general. Estamos en un tiempo que lo único que importa es trepar, convertir los partidos en mafias blindadas, llenarse los bolsillos inflarse de poder y de dinero mal habido con toda la desfachatez e impunidad. No interesa ni la moral, la ética, los derechos humanos, ni la cultura, menos nuestro capital ancestral con sus comunidades andinas y amazónicas. Lo único que importa es vender, vender, rematarlo todo a pedacitos y pedazotes. ¡Qué faenón su santidad!

—¿Por qué no ha militado en ningún partido, pese a que varios le han propuesto?
—Es que un artista necesita un espacio de libertad. Un artista está obligado a tener una formación ética, política, social. Creo que necesitamos libertad para crear; pero tenemos siempre un compromiso con la vida, con el arte y la verdad.


Paco Moreno
Redacción

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