El caos hecho éxito

Del 26 al 28 de setiembre pasado, Lima experimentó por primera vez la realización de la Feria Internacional de Gastronomía (FIL Perú Mucho Gusto), que congregó mucha gente así como a distintas vertientes de la culinaria nacional e internacional. Para muchos un éxito, para otros un caos total.

Por Diario La Primera | 03 oct 2008 |    
El caos hecho éxito
Matices, gusto, colores y sabores para todos.
Perú Mucho Gusto

Suele interpretarse que el desorden no es el mejor aliado del éxito; sin embargo, la FIL Perú Mucho Gusto, fue sin duda la excepción a la regla.

Queda claro que la I Feria Gastronómica Internacional de Lima, fue un certamen auspicioso, una propuesta necesaria en el país, una expresión que Lima se merecía desde hace muchos años y que los entendidos en culinaria la esperaban con ansias. Fue una idea alentadora y aparentemente plural para muchos de los asistentes y entendidos en el mundo de las especies, sabores, ollas y cucharones.

Disfrutar en medio de tanto desorden de las exquisiteces que a diario suelen ofrecer diversos exponentes de la culinaria popular, como la anticuchera de Barranco o la vendedora de butifarras de Miraflores, fue hasta cierto punto acertado, más allá de haber tenido visos de ser una careta de fingidos aromas populacheros; porque lejos de ello, permitió anteponer y mezclar lo casual y folclórico de nuestra gastronomía con el lado gourmet y glamoroso de contados chefs con bordados mandiles blancos.

Si hay un común denominador en el llamado “éxito” de la FIL, podemos decir en primer lugar que como una primera experiencia estuvo bien. En segundo lugar, que este certamen tiene que mejorar sustancialmente en términos de organización, tanto dentro como fuera del recinto, amén de que dicha exigencia se aplique antes, durante y después del evento.

Un tercer punto en común es recoger las diversas opiniones de todos los involucrados para definir si se quiere convertir a la FIL del próximo año en un certamen de alta cocina o que siga teniendo los elementos impropios de un mercado popular ideal para expendio de comida y desorden sin igual, como lo fue en esta primera versión.

Lejos de entender que la FIL fue fundamentalmente un certamen de inversionistas privados, lo cierto es que los organizadores debieron y deben mostrar mayor transparencia con los aportes del Estado, sobre todo en la participación que tuvo un ente como PromPerú, un organismo que hasta hoy no sabe como aprovechar un evento para cumplir aquella función para el cual fue creado.

Se rescata la grata coincidencia de apreciar que -más allá del preocupante figuretismo de Gastón Acurio- el sector gastronómico como tal se muestra unido bajo una sola consigna y la guía de un Acurio quien, valor al mérito, ha elevado los standares de nuestra culinaria nacional.

Un liderazgo que muchos esperan se convierta (más que en un constante tributo al yo de Gastón) en una escuela donde no solo estén los amigos del llamado “rey midas de la cocina peruana” sino otros exponentes no tan conocidos pero con igual talento, que permitan continuar con esta buena racha.

Ojalá que las interminables colas, los revendedores de entradas, interesantes charlas con presencia de cuatro gatos, la venta inadecuada de comida, la concurrencia de vendedores de electrodomésticos junto a verduleros, sea parte del cambio.


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